
Los economistas han valorado tradicionalmente que la demanda de energía es “poco sensible” al alza de los precios, al menos a corto plazo. Esto ha ocurrido también los últimos trimestres en España: el consumo de carburantes y de electricidad no solo no ha descendido, sino que incluso ha aumentado, según se refleja en un ‘Análisis preliminar de la sensibilidad del consumo de energía en España al aumento de su precio’, realizado por Aitor Lacuesta, David López Rodríguez y María de los Llanos Matea, economistas del Banco de España.
Comenzando con los carburantes, afirman los economistas, a pesar de que en el primer trimestre del año 2022 los precios de la gasolina y del gasóleo se situaron un 30,9% y un 33,5% por encima, respectivamente, de los niveles registrados durante el mismo período en 2019, el consumo de gasolina en el primer semestre de 2022 fue un 6,7% superior al observado en 2019 -el año previo a la pandemia- mientras que el consumo de gasóleo se redujo un 6,5%, debido principalmente al menor número de vehículos que consumen este combustible.
Los autores del estudio concluyen que aplicando modelos económicos sobre “elasticidad de los precios”, el consumo debería haberse reducido en aproximadamente un 8,3%.
En el caso de la electricidad, las dinámicas de su precio y consumo desde el año pasado también apuntan a una menor sensibilidad precio de su demanda que la estimada históricamente. Así, mientras que el precio medio de la electricidad para empresas y hogares ha aumentado muy sensiblemente desde principios de 2021, el consumo de electricidad apenas se ha reducido.
En particular, durante el primer semestre de 2022, en comparación con el mismo período de 2019, el consumo de electricidad solo habría sido un 3,7% menor que el que sugiere un modelo que estima el consumo de este input a partir de un amplio abanico de factores, distintos del precio, que son fundamentales para entender el comportamiento de su demanda -entre otros, la temperatura, los días festivos y la estacionalidad habitual asociada a cada mes, semana y día-.
El hecho de que el consumo de electricidad, al igual que el de los carburantes, se haya reducido durante el período de análisis en menor cuantía que lo que apuntarían las “elasticidades precio estimadas por la literatura económica", el consumo eléctrico debería haber caído un 6,7% en el corto plazo. En el caso de la electricidad, también podrían haber ayudado a mantener los niveles de consumo una mayor optimización del gasto en función de la tarificación horaria o la mayor demanda de electricidad en el hogar como consecuencia del teletrabajo.



