
El Banco de España mantiene su previsión de crecimiento de la economía española de un 4,5% para este año; y un frenazo para 2023 con aumento del PIB del 1,4%, siete décimas menos que los previsto por el Gobierno (2,1%). De esta forma, la recuperación del dinamismo económico no se produciría hasta 2024 con un crecimiento del 2,9%.
En este momento, el PIB de España se encuentra 2,2 puntos por debajo de la situación de antes de la pandemia.
Con esta previsión para los próximos meses, el Banco de España cuestiona los presupuestos del Estado aprobados este martes por el Consejo de Mininistros y que aún deberá pasar el trámite parlamentario.
En el informe trimestral también se ha revisado al alza el ritmo de avance de los precios, con unas tasas de inflación significativamente más elevadas y persistentes que las anticipadas unos meses atrás. En particular, se prevé una inflación media en 2022 del 8,7%, que se moderará gradualmente hasta el 5,6% y el 1,9% en 2023 y 2024, respectivamente.
La entidad advierte de que estas perspectivas acerca de la evolución de la inflación en España también están sometidas a una extraordinaria incertidumbre y dependerán, entre otros aspectos, de la trayectoria de los precios de las materias primas y de la reacción de los salarios y de los márgenes empresariales ante el aumento de los precios de consumo y de los costes de producción.
Los autores del informe señalan que la actividad económica global ha perdido dinamismo en los meses de verano. Ello sería consecuencia del repunte de la inflación mundial, que se ha intensificado hasta niveles inéditos en varias décadas, lo que está motivando una reacción contundente de los bancos centrales, que, a su vez, está dando lugar a un tensionamiento de las condiciones financieras.
Además, una porción muy elevada de la aceleración de los precios de consumo está viniendo determinada por el incremento del coste de materias primas importadas, lo que está comprimiendo el poder de compra de las rentas de hogares y de empresas no financieras. A su vez, el encarecimiento de numerosas materias primas se ha visto acrecentado por las consecuencias de la guerra en Ucrania, que, adicionalmente, ha alimentado la incertidumbre acerca de la seguridad del suministro energético en Europa, e incluso acerca de la posibilidad de que se produzca una escalada significativa de las tensiones geopolíticas globales.



