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Opinión | La revolución de felpa
Viernes, 14 de Octubre de 2022
Pepe Ferrer

El retraso de Sánchez y Revilla complacido, complaciente

 

Para mí, el peor pecado -digamos la peor torpeza- es la soberbia. De hecho, todas las torpezas humanas se reducen a la soberbia que, eso sí, adquiere miles de formas. Y todas nos hacen más ignorantes, más patosos. El soberbio se cree más listo, más sagaz. Por encima del bien y del mal, y no precisamente en el sentido nietzscheano del término. En su desprecio de todo, todos, todas, se revuelca en su medio natural y se siente superior. Por soberbia se roba, se mata, se maltrata…


El soberbio es descarado porque su presuntuosa superioridad le hace digno de todo. Bajo ese vestido del emperador, inexistente como en el cuento de Andersen, no le falta su cohorte de aduladores y pisaverdes. Y no digamos si el soberbio se encuentra en una situación de poder, si la vida o la suerte, le ha dotado de posibilidades. Eso le hace más engreído y el séquito de monitos saltarines, más nutrido a su alrededor. Porque, no olvidemos, no hay quien le tosa. Unos por prudencia, otros por conveniencia, otros el interés. Casi todos por miedo y nunca por respeto, nadie osa contradecirle, no vaya a ser que…Porque el soberbio es vengativo, más que taimado y sagaz. De un soberbio cabreado ni se sabe lo que se puede esperar, pero nada bueno.


El recientísimo 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional, pasaron muchas cosas predecibles. Aunque se haya dado alguna que otra explicación al plante del que todo el mundo habla,  media España lo sabía con, al menos, un día de antelación. En román paladino: estaba cantado. Las razones del retraso, también: hacer coincidir los vítores y aplausos a SS.MM con los pitidos e insultos al presidente del gobierno, para acallarlos. Las principales cadenas de televisión ya estaban ‘advertidas’ para ahogar, a su vez, y con la técnica a su alcance, las muestras digamos que poco amigables de apego al mandatario. Lo demás es sobradamente conocido. Lo resumo, si se me permite, con una imagen: todo lo que pasó, a raíz del anunciado retraso, estaba tan milimétricamente medido y sopesado, como el salto del paracaídista que portaba la enseña nacional para caer donde tenía que caer y cayó.


Por la noche tocaba Revilla en El Hormiguero, como es habitual de cuando en cuando, aprovechando su desplazamiento a la capital para asistir a los actos del Día de la Hispanidad, como presidente que es de una comunidad autónoma, supongo. Preguntado por Pablo Motos por la pitada al presidente, el cántabro se despachó a placer. Que si todos los asistentes al desfile representan lo más rancio, que si ninguno vive en piso de protección oficial, que si había entre éllos mucho general cargado de medallas… Nunca he visto argumentos más torpes y llenos de prejuicios.  Vamos, que todos los que estaban allí eran unos pijos de remate, como si les hubieran organizado la muestra militar no para celebrar una fiesta de todos, sino un Día del Orgullo Pijo. Motos no solo no le repreguntó sobre el agravio manifiesto al Jefe del Estado, que era el origen de todo, sino que rieron la chanza. Llegando, incluso, el de Cantabria a trivializar con los respaldos que tiene el presidente en Bildu, que tiene su pasado…como si este fuese el de unos niños traviesos sin más, que para él son el origen de la tradicional pitada a los presidentes del gobierno socialista. 


De verdad que no daba crédito a lo que oía y cómo lo jaleaba el presentador. La cosa fue a más, con su particular visión de la política nacional que, en su boca parece un puro compadreo del embajador de las riquísimas anchoas de Santoña. Con los de antes, menos, con los de ahora más, con El Hormiguero, siempre. En ese compadreo remarcó que todas las deudas con el Estado ya se las ha cobrado porque sino iría a este programa a contarlo. Lo dicho, puro compadreo del único presidente autonómico que tiene su parcela recurrente en el cuarto poder.


No es de extrañar este lavado del traje del emperador que hizo con la anuencia de Motos. Ha sido agraciada Cantabria con la mayor aportación de los presupuestos del Estado por habitante este año. Y eso hay que agradecerlo complacidamente. Que se nos mosquea el soberbio.

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