
-Ya lo he hecho mal otra vez. Todo lo hago mal, soy un desastre. Así nadie me va a querer.
-Ya lo he hecho mal otra vez. Todo lo hago mal, soy un desastre. Así nadie me va a querer.
-Ya lo he hecho mal otra vez. Todo lo hago mal, soy un desastre. Así nadie me va a querer.
Te presento a Alicia.
Alicia tiene un diálogo interno con una narrativa llena de escasez. Ese diálogo denota que Alicia no tiene una relación sana con ella misma.
-No sé porque todo me sale mal.
-Tal vez si fuera más guapa, o si tuviera pareja, todo me iría mejor. Porque así no soy feliz.
- Pero ¿quién me va a querer así?
Lo que Alicia desconoce es que este diálogo interno tiene su raíz principal en la infancia y es un mecanismo de defensa y de protección ante lo que vivió en su infancia y le causó dolor.
¿Y si tuviera la respuesta en mi infancia, en mi niña interior?
Lo que le ocurre a Alicia es algo muy común que en cada persona se da en según qué circunstancias y con un tipo de diálogo interno.
El diálogo interno herido, con una narrativa de escasez nos habla de esas partes no atendidas, de las necesidades no cubiertas y por tanto de las heridas que vivimos en la infancia. Y del tipo de apego que generamos.
El diálogo interno tiene memoria. En él podemos encontrar todo un mapa ante nuestros ojos que nos guiará hacia esas partes que necesitan ser atendidas y miradas con amor.
El diálogo interno de Alicia es crítico, pues como podemos observar su diálogo se vuelve en su contra, no se siente merecedora, piensa que es un desastre y se maltrata a sí misma.
Este diálogo tuvo su función en la infancia pues nos sirvió para adaptarnos a la situación, sobrellevar las heridas y sobrevivir a esa situación. La manera en la que lo hizo fue creando ese diálogo interno como mecanismo de defensa y protección para justificar lo que estaba pasando a través de un diálogo carente.
Como adultos tenemos la posibilidad de atender esas partes que no fueron vistas y atendidas en nuestra infancia y generaron un desajuste emocional.
El diálogo interno se muestra de forma verbal (pensamientos y creencias) y de forma no verbal (estado del sistema nervioso, capacidad energética, respuesta o reacción, postura corporal etc.).
El diálogo interior se puede trabajar y por tanto se puede transformar hacía uno amoroso y expansivo.
Cierra los ojos por un momento. Presta atención a tu mente. ¿Qué estás pensando sobre ti? ¿Qué piensas de ti tras una situación donde consideras que has fracasado?
Alicia es una mujer con un diálogo interno que a más de una y uno, nos resulta familiar en algún momento de nuestra vida.
Alicia, piensa que en ella está todo mal. Cada vez que algo ocurre su diálogo interno actúa como mecanismo de defensa y protección aprendido y activado en su infancia como forma de sobrevivir y empieza a lanzar sobre ella pensamientos carentes e hirientes. En su caso, su diálogo es de crítica.
➡️ Trabajar sobre nuestro diálogo interno es vital. Pues este deja de ser funcional en nuestra adultez desde esa narrativa y se convierte en limitante.

