
Todos vivimos momentos duros a lo largo del camino, aunque es cierto que algunos se convierten en un punto de inflexión que te obligan a variar el rumbo previo de tu vida. Como suele ocurrir en estos casos, tratas de analizar con detalle los acontecimientos del día, los de la última semana, los del último mes, los del último año... En algunos casos, la carga se va volviendo cada vez más pesada y temes quedar en la estacada. Pero si te aferras a la idea de reaccionar y no quieres soltarla, no deseas que nada te separa de ella. Te tambaleas hacia atrás con los ojos cansados. Miras a tu alrededor y comienzas a pensar. Las ideas fluyen, hay demasiadas en tu cabeza. Están por doquier.
Si tú eres una de esas personas que le ha ganado la batalla a los pensamientos limitantes que te hacen sentir estancado en la misma situación, si estás dispuesto a concederte la oportunidad de cambiar tu vida radicalmente, o si solo te planteas la cuestión, estás de enhorabuena. El deseo de querer empezar de nuevo y la dura tarea que supone el desapego al pasado, a lo conocido, la incansable lucha emocional y el emprendimiento que en esta situación se suele dar, representa uno de los mayores momentos de crecimiento personal.
En mi caso, poco menos de una semana había pasado desde la ilusionante buena nueva que supone llegar a entender que tenía que dar un giro a mi vida. Sea porque solamente vivimos una, o porque no me gusta esta, hay que dar los pasos necesarios para no regresar al mismo punto de partida. Ciertos acontecimientos, comentarios, hechos y caras tristes o preocupadas son sin duda un presagio de que tu causa se impacienta. De que la melancolía te invade, imaginas recuerdos no vividos de algo mejor, algo placentario, avivado por una correlación de circunstancias que te haga desear nuevamente vivir cada segundo como si fuera el último. Más como la tan necesaria ternura escasea en estos tiempos, debes aprovechar cada ocasión oportuna para salir de tus zozobras.
Y aquí la edad no importa. Eso de pensar que solo es posible confiar en tus sueños cuando eres joven, de que debes resignarte a vivir una y otra vez la misma situación porque te resulta difícil llevar a cabo ese cambio revelador o considerar que la mala suerte te ha condenado, son los típicos errores que cometemos para convencernos a nosotros mismos de dejarlo estar sin luchar. Si quieres cambiar tu vida radicalmente comienza por cambiar tu mentalidad, pues ese es sin duda, el punto más importante.
Las últimas voces de la calle enmudecen mientras escribo estos párrafos en este extraño domingo caluroso, y sentado en mi silla, no parezco ya dominado por el abatimiento que tanto me ha enternecido. La idea de libertad se impone a la tristeza que siempre se acerca a nosotros con pasos silenciosos. Con su corta sombra salpicada de desasosiegos; esa que no vemos reflejada en el azul del cielo pues se oculta tras su seno. No bajes nunca la guardia y ten una filosofía de vida basada en la libertad como motor de ese gran cambio. Alimenta tu propia convicción interior y sé consciente de que la experiencia de vivir es un verdadero regalo y tienes todo el derecho a llegar al lugar que anhelas.
Hace una semana me habría parecido imposible decir esto. Pero ahora ya no me importa. No me importa lo externo, solo yo mismo. Apártate de aquellos que te desaniman con sus comentarios pesimistas. Mantén las distancias. No dejes que nada ni nadie contamine tu forma de observar la realidad. Las únicas palabras que deben rondar en tu mente son: «Esta vez es la buena, la definitiva».
Al darte cuenta de tus anteriores fracasos, de que tu mundo interior es caótico, al despertar del sueño, tardas un rato en recordar dónde te encontrabas y dónde estás ahora. Comienza a creer en el cambio creando una mentalidad de empoderamiento personal.
Pon tus ideas en orden, organízalas, concrétalas. Elabora una lista de cosas que te gustaría llevar a cabo para cambiar el presente. Establece un orden de prioridades seleccionando aquellas que son las adecuadas según tu estado de motivación. Elige bien cuál va a ser el primer paso en este cambio. Lo prioritario es comenzar por un objetivo de baja o media dificultad para continuar después con retos mayores. Si de verdad lo deseas, tienes que trabajar duro. Por suerte, vivimos en un momento histórico con espectaculares avances de todo tipo. Es un factor muy importante a tener en cuenta en tus posibilidades reales de crear nuevas oportunidades. Y ten siempre a mano un buen libro.
Sin darte cuenta comienzas a caminar. Al instante sales de la inopia, colocas en la papelera la infructuosa vida que ya no resulta agradable. En retrospectiva quizá hubieras podido evitar antes el desastre, más no te martirices por ello. La negativa del destino a nuestras humildes peticiones es un misterio inapelable, que ahora, quieres y puedes desentrañar. Para ti, vivir una vida plena es un sueño que debes cumplir y, al mismo tiempo, una huida hacia adelante. Toma decisiones en tu vida laboral. Arriésgate. La única pega que puedes encontrar es la inquietante presencia de un futuro incierto que, aunque se empeñe, ya no amenaza con derribar todas las barreras que tanto te ha costado erigir a tu alrededor…
Olvídate del pasado y descarta la extravagante fatalidad, anhela vivir una aventura. Alza mucho la cabeza y mira los ojos de los que están a tu lado. Concéntrate en llegar a la meta y no evites una carcajada; ironías de la vida, pues el duelo se lleva mejor con algo de ingenio. Incluso regodéate con el humor ácido de aquellos que disfrutan trabajando en tu contra. A nadie le satisfacen los retos fáciles. El destino es en ocasiones un tanto severo, pero casi siempre justo, obtendrás tu recompensa.
La enorme espada de Damocles se inclina, esa que ya le ha hecho temblar las rodillas a más de uno con su fría mirada. Cambias tu lugar de residencia, adoptas un nuevo estilo de vida, pierdes a un ser querido, o puede que el trabajo, te separas de tu pareja. Todas ellas situaciones complejas que fragilizan tu vida. Esas que debes afrontar sin parpadear en pleno duelo de lo vivido hasta el momento, manteniendo siempre la fortaleza interior para emprender y consolidar tu nuevo proyecto de vida. Es solo cuestión de actitud; seguro que más de una vez has tenido que hacer frente a guerras tremendamente duras y, a esas alturas, no vas a perder un minuto con lo que no lo merezca.
Conduce tu vida por esta primitiva carretera embarrada. Aprendiendo de cada error, de cada piedra en el camino. En este momento, con el cuerpo repleto de cicatrices ocultas, sientes algo más de confianza. Puede que mis palabras te ayuden, aunque no soy ningún experto. Pero así es la vida. Un viaje que transcurre perturbado por problemas aquí y allá. Un abrir y cerrar puertas que carecen de salida. Sea como fuere, no nos queda otra..., seguir adelante, reinventarse y como no, empezar de nuevo. Las veces que haga falta.

