
Van Gogh tenía los dientes llenos de caries y parece que usaba una dentadura de madera. Y, a propósito de dentaduras, hace una semana la “Mirada felina” se concentraba en las estrellas de Van Gogh para huir de la angustiosa cirugía dental a la que estaba siendo sometida, y que la ha dejado en estado de shock durante cinco días. Con los ojos bien abiertos y la mente fija en La noche estrellada a modo de mantra, el impulso casi “felino” que me instaba a salir corriendo con el maxilar abierto cesó. La “razón”, o necesidad, se impuso gracias a la archiconocida obra del pintor posimpresionista holandés, este vibrante lienzo brilla en la quinta planta del MoMA de Nueva York. Por cierto, Van Gogh lo pintó en 1889 estando interno en un manicomio de Saint-Rémy, en la Provenza. Su mala alimentación a base de pan y leche junto con su afición por la absenta y el vino malo hicieron que su salud mental se viera todavía más perjudicada de lo que ya estaba.
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Pero, ¿hay algo más bonito y seductor que un cielo nocturno plagado de estrellas? Ya desde pequeños, aprendemos a observarlas y a pedir deseos cuando vemos que pasa una de manera fugaz. La observación de la luna, los planetas y los cuerpos celestes que brillan en la noche con luz propia fascinan a cualquiera. En el caso de Van Gogh parece que su motivación pudo ser religiosa, así, en La noche estrellada se puede ver un ciprés que une al cielo con la tierra. Además, en este lienzo se ven dos secciones claramente diferenciadas: la cúpula celeste y la terrenal. La luna, que está a la derecha, y Venus en el centro-izquierda destacan por su luz y grandiosidad. La pincelada es ágil y está llena de movimiento. La escena fue pintada durante varias sesiones diurnas, y es la que él contemplaba por la noche desde su habitación del psiquiátrico de Saint-Rémy. El pueblo es imaginario ya que no coincide con la realidad. Se podría decir que el paisaje está más cerca del estilo expresionista que de cualquier acepción impresionista. Aquí Van Gogh dibuja una emoción, un estado de ánimo plagado de alucinaciones y próximo a la muerte. Dos años después el genial artista holandés fallecería. Muchos son los expresionistas alemanes que se han visto influenciados por la obra de su última etapa.
Mi concentración en La noche estrellada durante la intervención quirúrgica fue por una cuestión de luz, color y atracción por este tipo de vistas nocturnas. La luna atrapaba mi mente como un imán. La luna es tan poderosa que no podía dejar de pensar en ella. Este cuadro es impactante y una de las obras de arte más conocidas e imitadas a nivel mundial, pero hay otras de temática similar que me gustan también mucho como La noche estrellada sobre el Ródano (1888) y Terraza del café de la Place du Forum, en Arlés, por la noche (1888). Son previas a La noche estrellada. El Ródano era uno de esos sitios por los que él paseaba dada la cercanía con su casa. Pintar de noche con luz artificial y al aire libre fue toda una innovación de Van Gogh. El resultado es una atmósfera natural en un ambiente nocturno con un punto de fantasía. La terrace del café de la Place du Forum es una obra alegre de Van Gogh en la que muestra su ilusión por la próxima llegada de Gauguin. Visita que acabó con la célebre disputa y con la oreja de Van Gogh. Estos son los dos primeros lienzos en los que utiliza fondos estrellados, y todos tienen dos denominadores comunes: el azul y el amarillo. El verano de 1888 fue el de las noches iluminadas.
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Después de hablar de algo tan sugerente como las estrellas en el arte, ¿por qué no seguir pero en versión repostería? A continuación, muestro mi particular “noche estrellada” con unas galletas que forman parte de las recetas de mi infancia. Son de limón hechas a base de huevo, azúcar, vainilla, un poco de levadura, almendras molidas y zumo de limón. Las redondas con agujero llevan nueces, mantequilla, harina, cardamomo, ron y confitura de naranja o frambuesa. Así olía mi casa durante los meses previos a la Navidad, porque son galletitas navideñas, que es la época de las estrellas y de la ilusión por excelencia.
Sigamos un poco más con el horno puesto. Como he comentado más arriba, Van Gogh fue el precursor del expresionismo, movimiento que se caracteriza por captar las emociones y los sentimientos. Y en él, el color es la clave. Como en esta lujosa y exquisita tarta horneada de cítricos con queso crema y arándanos. En el corte se aprecia un precioso colorido al más puro estilo expresionista. Sabe muchísimo a limón gracias al potente glaseado y a la ralladura con la que se termina la presentación. Su intensidad es fantástica. Esto es arte comestible.
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Ya para terminar lanzo una reflexión sobre lo curioso que es, que un cuadro hecho por Van Gogh en pleno internamiento en el sanatorio de Saint-Paul-de-Mausole, en Saint-Rémy, con la esperanza de encontrar alivio a unos síncopes y crisis, pueda en un momento dado ofrecer confort a alguien que necesita abstraerse de la realidad. Es decir, a mí. La noche estrellada es como ya he dicho antes una interpretación de la realidad, de hecho, la luna y los astros están sobredimensionados en comparación con el pueblo, por lo que parece lógico que la mente, la mía para ser más exactos, recuerde ese cielo en movimiento, expresivo y lleno de color como un mantra con el que meditar. Y si el arte en cualquiera de sus manifestaciones relaja y alegra el espíritu, los dulces también, por eso los he colado entre los lienzos impagables del genio holandés. Gracias Vincent por tu poderosa Noche estrellada.

