
¿Has sido capaz de terminar la frase nada más leer el título? He colocado los puntos suspensivos tras Cenar a la luz de las velas es romántico si, para dar un poco de emoción y magia. En una película hubiese recurrido a un efecto de cámara lenta con una banda sonora ad hoc, pero en un escrito solo puedo echar mano de estos tres puntos, ni uno más ni uno menos.
Puesto que empiezas a leer el segundo párrafo te mereces el final del título: Cenar a la luz de las velas es romántico si no es obligatorio. Así pues, haz el favor de abrir todos los cajones de tu casa, esos donde en su día guardaste las velas que te regalaron en un amigo invisible o por asistir a una boda, compraste en un viaje, por capricho o por cualquier motivo.
Por suerte, mi recomendación no aparece en el plan de contingencias del Gobierno español. No figura en ninguna de las 73 medidas. Tranquilo, no voy a repasar dichas medidas, solo te facilito el enlace por si te quieres informar. Hoy mi reflexión no es sobre la calidad de las medidas sino la cantidad. Desde que escuché la noticia me he preguntado por qué 73 y no 65, 70, 75… Para mí este número tiene mucho de mágico. Se trata de un número primo, pero no cualquier número primo, es el vigésimo primero, por si te mueves mejor con los números cardinales: 21. ¿Y? Sospecho que en más de una cabeza está flotando esta conjunción custodiada por dos signos de interrogación. Si coges las dos cifras del 73 y las multiplicas qué te da. Sí, sí, 7x3=21. Además, en el sistema binario es un número capicúa 1001001. ¡Y ya sabes la buena fama que tienen los números capicúa! Por todo lo dicho, no creo que la elección del número de medidas haya sido una simple casualidad.
Mientras algunos encienden una vela para un propósito o una intención, ponen una vela para dar luz a una oración, puede que algún asesor ha insistido en que fuesen exactamente 73 medidas por… ¡Hay que aliarse incluso con la magia de los números para salir airosos de esta crisis energética!
Tras este paréntesis de dos párrafos vuelvo al título de este artículo. Primero de todo quiero aclarar por qué hablo de suerte al decir que no aparece mi recomendación en los consejos del Gobierno para el ahorro energético. Todavía estamos a tiempo de no romper la magia del romanticismo. El binomio romanticismo y obligatoriedad, no casa bien. En mi modesta, a veces molesta, opinión no van de la mano. Cuando algo se convierte en obligatoriedad pierde su encanto. No obstante, en fechas señaladas, como por ejemplo san Valentín, nos quieren convencer de lo contrario. Si eres de mi opinión, haz el favor de empezar a pensar en crear un momento romántico. No hace falta que recurras a la cena con velas (no me apetece escribir un artículo sobre cómo quitar las manchas de cera), seguro que se te ocurren un montón de ideas originales, divertidas y que entran en tu presupuesto (echa mano de lo que tienes en casa al más puro estilo economía circular). El elemento sorpresa es fundamental.
Observa y escucha a tu pareja, recuerda sus preferencias y necesidades. ¿Qué sentido le despierta más emociones? Por ejemplo, si es el oído, elige esa canción que tan buenos recuerdos os traen. Ya sé que expresar el amor tiene su complejidad. No basta con decir “te quiero” a veces necesita materialidad. Por eso, lánzate a crear ese momento mágico que tanto necesitamos. A pesar de usar el imperativo no se trata de una orden porque ella llevaría implícita obligatoriedad, ni siquiera un consejo tan solo una sugerencia. Espero que mi franqueza genuina y me entusiasmo te contagie.
El enlace prometido:
https://www.lamoncloa.gob.es/consejodeministros/resumenes/paginas/2022/111022-rp-cministros.aspx

