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ENTRE TÚ Y YO

Mi perra tiene una piometra: ¿Qué significa?

Pepa Fernández Jueves, 03 de Noviembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

Alberto Acosta, Xiomara Lucas

Servicio de Reproducción y Obstetricia

Hospital Veterinario Universidad de Murcia

 

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En la actualidad se considera la piometra como la patología del útero mas frecuente y conocida en esta especie.  Se trata de una endometritis (inflamación de la pared del útero o endometrio) que se caracteriza por la acumulación de liquido purulento (en ocasiones en gran cantidad) en el interior del útero de las perras no castradas. Su incidencia se cifra en un 20% en perras enteras con edad media-avanzada (³ 5-6 años), aunque también pueden ocurrir en hembras jóvenes, incluso, tras su primer celo. En cuanto a porqué es tan frecuente en la perra, tenemos que señalar varios factores. En primer lugar, la acción de las hormonas sexuales (principalmente la progesterona) sobre el útero en cada ciclo sexual que predisponen, por las particularidades de este ciclo en esta especie, y por su efecto acumulativo con la edad, a padecer una hiperplasia o sobrecrecimiento de las glándulas existentes en el endometrio, hecho que comúnmente desencadena la piometra. Por este motivo, la administración de progestágenos sintéticos como inyecciones anti-celo predisponen a este proceso, así como la presencia de alteraciones ováricas (quistes ováricos y/o tumores), entre otros. Actualmente, también se señala la predisposición genética a sufrir esta patología, por lo que perras de ciertas razas estarían mas predispuestas que otras. Por otra parte, junto con la acción de las hormonas, generalmente es necesario la presencia y sobrecrecimiento de ciertas bacterias en el útero, destacando la Escherichia coli, ya que son sus endotoxinas las encargadas de provocar la mayor parte de los signos clínicos asociados a esta patología.

 

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¿Cómo podemos saber si mi perra puede tener esta patología?  De forma general se consideran dos tipos de piometra, abierta o cerrada, dependiendo de si existe o no descarga vulvar evidente (hemorrágica, pulurenta y maloliente) habitualmente 1-1’5 meses tras el celo. Otros signos frecuentes son vómitos, dolor abdominal, apatía o anorexia progresiva, así como poliuria/polidipsia dada las posibles complicaciones renales que suelen acompañar a este proceso. Ante la presencia de uno o mas de estos signos, se debe acudir al veterinario inmediatamente, quien, mediante ciertas pruebas como análisis sanguíneos y ecografía abdominal, entre otras, diagnosticará este proceso. Si el diagnostico es precoz, el pronostico de esta patología es bueno, pero, si es tardío o no se trata correctamente, puede conllevar riesgo de muerte para el animal.

 

En cuanto al tratamiento, este puede ser médico o quirúrgico, en función de los signos presentes y del valor reproductivo del animal. La toma de decisión siempre debe ser asesorada por un veterinario siendo obligatoria la administración de antibióticos.  En la mayoría de los casos se suele optar por la cirugía, realizándose la extirpación del útero y de los ovarios, evitando así la aparición de futuras recidivas. En el caso de hembras jóvenes, con valor reproductivo y con signos clínicos leves, actualmente es posible tratar medicamente con éxito este proceso, gracias a la administración de productos que permiten la evacuación del contenido purulento con seguridad.

 

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