
Hace más de una década, viví una situación, cómo poco, ridícula y pensé: “esta será la primera de muchas por este temita”.
Por mi trabajo, tuve que acudir a visitar una empresa, cosa que hacía con frecuencia sin incidencias. Se me recibió de forma educada y al anuncio de “ahora viene el CEO y te explica todo”. Yo entendí FEO y me quedé atónita. Lo más discreta que supe, pregunté: “¿sabe que se le llama así?” A lo que se me respondió: “¡Pos claro! Está súper orgulloso, no cabe en sí de gozo desde que se lo han comunicado”
Asombrada, y siguiendo el consejo de una antigua jefa, callé sin insistir, aunque teniendo claro que cuando se presentara ante mí, quién fuera, no le iba a decir: “Buenos días, señor feo, encantada”.
Ver, oír, reflexionar y luego hablar, evita que te pongas colorada la mayoría de las veces. Te puedes poner “colorá” por dentro, pero el silencio y la paciencia ayudan a salir del paso con mucha elegancia.
El premio por mantener la boca cerrada vino en forma de tarjeta de visita. Debajo del nombre de aquel señor, leí “CEO, jefe de administración”. ¡Toma! ¡Así, a las bravas! Menos mal que las siglas venían con una “pseudoaclaración”.
Desde entonces, al CEO se le han ido agregando palabras y siglas que han “nutrido” nuestra lengua de tal forma que (a mí que me perdonen) no entiendo ni la mitad de las cosas que oigo en una conversación o leo en un texto. Da igual el tema, las personas a las que esté oyendo, el sitio donde esté escuchando o lo que esté leyendo. Como no lleve a mano el móvil, me quedo sin poder decir ni mú.
Porque, vamos a ver, ¿qué se responde cuando te dicen que te van a dar unos tips para que tu outfit sea must? Si tiro de los consejos maternos, me sale responder: ¡Sí! Por aquello de “pa la casa, aunque sea una piedra”.
Si me agarro a la duda, respondería: ¿Sí? No vaya a ser que lo que meta en casa sea una aeronave no tripulada (dron) y el comienzo de efectos fantasmales en las noches de invierno.
Lo que suelo hacer es solicitar algunos minutos, darme con estilo la vuelta e intentar escribir como loca todos esos términos (o lo que mis oídos han entendido) en el buscador del móvil a ver qué sale. Y me quedo reventando por no tener el valor de decir: “no he entendido nada de lo que me has preguntado ¿Existen palabras en español que nos permitan seguir esta conversación?”
Cada generación, en tiempos de adolescencia, acuña vocablos que los identifica como grupo a la vez que (en mi época así era) cabrean a unos padres que no entienden nada. Yo soy de la generación de “movida” y “guay”, al “mola mazo” ya no llegué. Son palabras que vas abandonando y solo recuerdas en esas cenas de aniversario con las compañeras de colegio o de universidad.
Es evidente que siempre ha existido una jerga generacional como forma de aunarse a través del lenguaje. Lo que también parece evidente es que, en este momento, son demasiadas las “nuevas palabras” utilizadas por todas las generaciones vivas (de hecho, estas out si no lo haces) de forma exagerada y en todos los contextos; un hecho que, desde mi punto de vista, lo único que hace es descomunicar y aislar.
La lengua es un ente vivo que debe y tiene que avanzar, transformarse, llegar a ser román paladino, pero lo que yo observo no va por ahí. Entre siglas y neologismos ando perdida.
La primera vez que vi (escribo vi porque no sabía leerlo) FYI en un correo electrónico no sabía lo que era. Y, como ya tenía una edad en la que me permitía ciertas veleidades y pocas vergüenzas, lo pregunté, y cuando escuché “para tu información en siglas, para ahorrar tiempo de escritura”, el asombro llegó a máximos, y dije con seguridad: “eso, en siglas, es PTI”. La respuesta fue en lenguaje no verbal expresado mediante un encogimiento de hombros. Se ve que en inglés queda más “visual”.
Por todo esto, me extraña leer y escuchar con demasiada frecuencia, por parte de algunos sectores, que pretender o fomentar el lenguaje inclusivo es un sacrilegio a la lengua española y a sus normas gramaticales; además, de una ridiculez, algo que dicen en tono petulante. El rechazo se fundamenta en el argumento simplista del “es así, y está bien porque está asentado en la lengua”. No voy a entrar, de momento, en otros aspectos tremendos que están también asentados, aunque nada tengan de positivos, éticos y justos.
Nada de sacrilegio y destrucción del idioma les parece, sin embargo, a esos sectores el uso de ramdon en vez de aleatorio, fortuito o casual; de reel por video corto; de outfit en vez de atuendo, modelo, vestimenta, indumentaria, conjunto, atavío, ropaje, etc. Estos nuevos conceptos se definen como neologismos y/o extranjerismos, fin de la conversación.
En una lengua tan profusa como la nuestra, no entiendo por qué nos cuesta tanto esforzarnos en construir frases carentes de discriminación; por qué se castiga el uso de estrategias y mecanismos válidos para expresarnos y entendernos sin crear conflicto. Yo busco estrategias, no artimañas de mesnaderos.
P.D: Esto sí que es de toda la vida. Vamos, que está asentado
“MDs: FYI bro, LOL con cover en reel, estoy random y hype, perreo por ser tu crush y voy a stalkear a mi coach a ver si me bufeo”
Claro, simple, conciso, sin adornos. En román paladino.
A ver si soy trending topic o me dicen: “adiós bonita”

