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ENTRE TU Y YO

Una hora más… ¿para qué?

Maria Jose Bataller Miércoles, 16 de Noviembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

Desde 1996 (*), cuando se acerca el último domingo de octubre los medios de comunicación nos informan que ese fin de semana vamos a dormir una hora más. Hay otros que debaten si realmente supone un ahorro de energía, incluso algunos se atreven a cuantificar ese ahorro. Aunque recuerdo que esta medida de cambio de hora coincide en el tiempo con la crisis del petróleo de los años setenta, parece ser que está muy cuestionada. Hoy no voy por estos derroteros, todavía muchos de vosotros tenéis pendiente la lectura las 73 medidas del Plan Energético del Gobierno. El protagonista de mi reflexión va a ser el sueño, el que tanto anhelamos los insomnes.

 

Hablando con familiares, amigos y saludables que no duermen ni cuatro horas seguidas ni el mejor de sus sueños, he llegado a una conclusión:  todos ellos se enfurecen cuando les recuerdan que van a dormir una hora más. Esos sesenta minutos, que nos venden como descanso y plácido sueño, se convierten en una pesadilla. Imagina por un momento lo que supone para un insomne cuando ve como las 3.00 am son de nuevo las 2.00 am.

 

Para ser justa tengo que decirte que este año he conseguido disfrutar de esa hora extra. ¡Por fin mis medidas para combatir el insomnio están dando resultados! Comparto las que me han funcionado.

 

He estado pensando en diferenciar las medidas preventivas de las correcticas, pero sé que tú eres perspicaz y sabrás distinguirlas. Por lo dicho, empiezo a escribirlas ya:

 

Todos los expertos que hablan de una buena higiene del sueño recomiendan en no recibir mucha luz de noche (**). Ahora bien, hay que exponerse a ella de día:

 

  • Estoy al aire libre sin luz artificial, al menos dos horas al día.

 

  • Mimo el contraste entre la luz del día y la oscuridad de la noche con el objetivo de sintetizar la melatonina.

 

  • Hago ejercicio físico. Un par de veces por semana juego al tenis por la mañana y el resto cruzo Murcia en bici o andando.

 

  • Cumplo el objetivo de pasos que me marca mi podómetro.

 

  • Desde al menos una hora antes de acostarme no estoy conectada a ninguna pantalla: televisor, móvil, portátil, etc. Atenúo la luz de mi salón, dejo tan solo la necesaria para jugar una partida de cartas con mi marido.

 

Los expertos hablan de crear un ritual antes de irte a dormir. A riesgo de parecer ególatra seguiré con mi experiencia. Además de lo que he dicho sobre apagar pantallas y jugar a las cartas:

 

  • Me cepillo los dientes con tiempo. He comprobado que lavarme los dientes me desvela.

 

  • Compruebo que la temperatura del dormitorio sea la adecuada:
    • Si hace calor, abro ventanas cinco minutos.
    • Si creo que van a bajar las temperaturas, dejo una manta cerca de la cama.

 

  • Dejo preparado en mi cocina todo lo que necesito para una infusión sin hacerla.

 

  • Rezo y agradezco todo lo que el día me ha ofrecido.

 

  • Leo un ratito, máximo cinco páginas.

 

  • Apago la luz y me deseo felices sueños.

 

Si intuyo que me va a costar conciliar el sueño, imagino una novela. Una que me voy inventando, pero que nunca pienso escribir. Hasta el momento no he conseguido “escribir” ni un capítulo en una noche, caigo rápidamente en manos de Morfeo.  Al llegar la noche, en las cabezas los problemas sin resolver y tareas pendientes se mueven en bucle; con este ejercicio de imaginación las desplazo.

 

Si el despertador de mi marido va a sonar muy temprano, me cambio de habitación ¡Es una de las ventajas de tener el nido vacío!

 

Cuando he dormido varias horas y me despierto:

 

  • Me reinicio al igual que un ordenador:
    • ​voy al baño
    • me preparo una infusión
    • leo un rato

 

Como me suelo cambiar de habitación, en algunas ocasiones escucho algún audio de un conferenciante que hable en un tono suave y pausado. Es mi particular nana. Y es que todos los “ruidos” monótonos me tranquilizan.

 

 

Si no puedo ir a otra habitación (estamos en un hotel), cambio del lado de la cama con el permiso de mi pareja.

 

Si me despierto tras haber dormido unas cinco horas:

 

agradezco haber dormido esas horas.

 

le digo a mi cerebro que ya son suficientes. Si al cerebro no le exiges dormir, este por llevarte la contraria ordena que nos volvamos a dormir.

 

Acabo de releer lo escrito y me ha faltado decir: cenar poco pero suficiente, intentar ir a dormir más o menos a la misma hora y nunca estar más de veinte minutos en la cama intentando conciliar el sueño.

 

 Acerca de los asteriscos:

 

(*) En los sesenta era en el mes de septiembre:

 

(**) También tu bolsillo te lo agradecerá, recortarás la factura de luz.

 

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