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ENTRE TÚ Y YO

El pobre Krampus

Gabriel Vivancos Martes, 22 de Noviembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

Pocos en España conocen la figura de Krampus. Sin embargo, Krampus es muy conocido en los países del este de Europa, Alemania, Francia o Austria. Este personaje ha sido descrito como una mezcla de cabra y demonio, tiene un cuerpo muy peludo, unos cuernos imponentes y unas grandes patas de cabra. Lleva colgada a la espalda una gran canasta donde, cuenta la leyenda, coloca a los niños malos para llevárselos al infierno y comérselos. Su momento es la noche del 5 al 6 de diciembre. Se pasea por las oscuras y gélidas noches europeas de invierno haciendo sonar cencerros mientras arrastra pesadas cadenas para recordar a los niños que si no han sido buenos se los llevará. 


El origen de esta figura no está claro, pero hay quién la relaciona con la mitología nórdica muy anterior a la cultura cristiana, en cualquier caso, es un personaje que se contrapone al amable San Nicolás que regala caramelos y obsequios a los niños. 


Pero hoy día el pobre Krampus ya no asusta a nadie. La sociedad lo ha castigado tanto que lo ha llevado al anonimato o incluso peor, a la burla en carnavales y fiestas. La idea es que los niños no lo teman, que se olviden de él y que sólo conozcan la versión amable: San Nicolás, Papá Noel o nuestros queridos Reyes Magos; y es que no vaya a ser que el impacto de pensar en Krampus, les arruine su infancia y les traumatice para el resto de sus vidas. 


En realidad, arrinconar a Krampus es un reflejo más de nuestro modelo de sociedad, donde ignoramos lo que no nos gusta y exaltamos hasta el infinito lo agradable o banal olvidándonos de que tan real es una cosa como la otra.


La humanidad se ha llenado de Declaraciones Universales de Derechos, encontramos un rosario de declaraciones en todas las constituciones del mundo, así como una regulación minuciosa y a veces superflua de los mismos, se nos llena la boca de proclamar a los cuatro vientos que tengo derecho a esto o a lo otro, de exigir “mis legítimos derechos” por encima de cualquier otra consideración… pero de obligaciones nada de nada. 


La propia Constitución Española regula prolíficamente los derechos de los españoles, pero le dedica muy poco esfuerzo a regular los deberes: en la Sección 2ª del capítulo Segundo del Título I tan solo aparecen el deber de defender a España, la obligación de contribuir a los gastos públicos y el derecho/deber de trabajar. Por el contrario, el resto del Título viene dedicado a recoger derechos y libertades públicas.


No es que yo esté en desacuerdo con los derechos y libertades de la humanidad, por supuesto que no, simplemente que cada vez echo más en falta la referencia a las obligaciones. Los periódicos, los documentales, los noticieros nos inundan de derechos de primera generación (abstención del Estado), derechos de segunda generación (derechos sociales) y de la tercera generación (derechos de la sociedad tecnológica), hasta hay una Declaración de los derechos de los animales, pero es difícil encontrar reportajes sobre obligaciones y deberes. Quizá porque este es un tema poco amable o simplemente porque no interesa.


Lo cierto es que el deber es la otra cara del derecho, ambos van indisolublemente unidos, puesto que, sin uno, se descompensa el otro, es más sin la obligación de algunos no existen los derechos de los otros.


En las sociedades actuales, se nos llena la boca de exigir derechos y responsabilidades al prójimo y por supuesto a las Administraciones Públicas, pero en modo alguno reconocemos nuestras propias obligaciones.


¿Para cuándo una Declaración Universal de los Deberes del Hombre…y la Mujer? Me temo que hoy día se les teme más a las obligaciones que al pobre Krampus al que ya nadie respeta, allí ha quedado en el infierno (que ahora tampoco existe) solo y desconsolado, aunque eso sí, calentito que también tiene derecho.   

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