
Me encanta el paralelismo de vivir y bailar, porque estoy completamente convencido de que nuestro paso por el mundo debería ser como un baile. Vivir es como bailar, ya que cuando bailas lo haces por el mero gusto de hacerlo, no por llegar a ningún lado, puesto que llegar al final de la canción no es importante, sino para disfrutar de cada paso dado por el camino.
Cuando bailas, tan solo estas bailando, sin estar preocupado mientras lo haces por los problemas cotidianos del día a día. Algunos estudios indican que una hora de baile equivale a dos horas de ejercicios aeróbicos, y que puedes quemar hasta quinientas calorías por cada sesenta minutos. Como todo ejercicio, el baile contribuye a liberar endorfinas, a canalizar la adrenalina y a reducir el estrés. Esto es así, que en 2005 hasta la revista International Journal of Neuroscience evidenció que un grupo de adolescentes con depresión leve mejoró significativamente su condición emocional gracias al baile. Pues cuando el cuerpo baila, la mente olvida. Practicar esta actividad les permitió reducir los niveles de dopamina y aumentar los de serotonina, lo que al final mejoró su estado de ánimo. Además, bailar nos exige adaptarnos al cuerpo y a los movimientos de otra persona por lo que, sin darnos cuenta, incrementamos la empatía y la sociabilidad. Cuando bailas con otra persona no te importa le edad, ni los recursos que posee ni su condición social. Tan sólo bailas. Pues bailas con tu alma y tan solo necesitas tu cuerpo y las ganas de soñar con los pies.
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Por si fuera poco, es un excelente antídoto contra la timidez, no solo en la adolescencia, sino en cualquier etapa de nuestra vida. Bailar es otra forma de relacionarnos con los demás, como también hacemos con otras personas cuando vamos a comprar, al monte o trabajamos. Como dijo Hans Bos, “cuando bailo no puedo juzgar, no puedo odiar, no puedo separarme de la vida. Solo puedo estar alegre y pletórico, y es por eso que bailo”.
Y mi reflexión sobre este tema no puede ser más que absolutamente positiva. Porque en definitiva, la vida es para bailarla.
Francisco González

