
¿Te han hecho alguna vez un diagnóstico de piel?
Se me viene a la mente muchos casos de diagnósticos. Unos son objetivos y otros no tanto.
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Nadie mejor que cada uno para conocer su cuerpo. Sentimos que estamos regular tirando a mal muchas veces a lo largo de nuestra existencia como buenos seres humanos y más o menos racionales que somos. Hablando de mí, no generalizando al sexo masculino, cuando tengo décimas de fiebre parece que me ha pasado un cortacésped por encima o sería la misma sensación de tirarte una mañana en Ikea con un dolor de cabeza importante. Malísimos de la muerte, recurrimos como decía mi abuelo Antonio, al doctor cataplasma. Fase de lamento, arrastra pies, cara de pena y automedicación sin saber muy bien qué pasa, pero algo pasa.
De ahí vamos a la fase de cordura dentro del delirio y según escuchamos a nuestro cuerpo, lo mismo pasamos de un termómetro a una cita de médico para que nos diagnostiquen desde una gripe A, hasta una infección cualquiera.
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¿Y si viene la típica madre/padre, amig@, pareja y nos dice? - ¡Eso no es nada, a mí me duele más! Eso es muy de gente muy mayor.
Sigamos con la piel que es de lo que se trata, aunque seguro que te ha venido a la mente esa persona que hace todo lo anterior.
Ah, no se me olvida los que hacen juicios de valor y en vez de preguntar cómo estás, cómo te encuentras, te dice eso de: —¡Te veo más flaco/gordo (o flaca/gorda)!
Pues en la piel hay también lo suyo. — ¡Estás envejecido (o envejecida)! Y demás lindezas. Como ya sabemos, el órgano de la piel es el más extenso y está muy vivo. En algún proceso, como en las malas hierbas, cuando arreglamos una zona va la otra y hay que empezar a meterle mano. La vida misma es así.
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Sucede que cuando nos hacen un examen de piel, hay que tener en cuenta algunos requisitos básicos para obtener un buen resultado. Algo muy básico y que se nos pasa por alto, sobre todo a las féminas, es no llevar nada en la piel para tal menester. Por favor, cuando vamos una tarde cualquiera, a pasear por algún centro comercial, perfumería y demás, decidme ¿quién de aquí va a cara lavada? Me imagino la respuesta. En nuestro argot y siempre desde el cariño y respeto, decimos que “vas más pintada que una puerta/loro”. Con normalidad no sales a pasear así. Pues si esto pasa, no nos fiemos del típico diagnóstico rápido visual donde las suposiciones sobrevuelan por nuestros pensamientos y creencias. Para que nos digan que tenemos la piel seca porque le has dicho que te tira un poco la frente. A ver, infinidad de veces me decís que tal producto no os va bien porque te lo recomendaron en x sitio porque estaba de oferta, llevaba un neceser de regalo o el packaging es muy sugerente y atractivo. Lo mismo si me hacen un buen diagnóstico, descubren que la tirantez de la frente es de una piel grasa o mixta que está deshidratada por utilizar algún cosmético muy astringente y nos encontramos que nos llevamos nuestra crema a casa con toda la ilusión con una textura muy untuosa y cuando nos sale el primer chivato que es un granito, decimos ¡qué crema más mala! ¿Cómo se atreve a provocarme un grano si resulta que los de adolescente ya los pasé en su día?
Mal diagnóstico y decimos que la marca esa no es buena. Se lo contamos a los amigos y hacemos una bola de nieve de algo de lo que influyen muchos factores.
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Seamos más sensatos y como dije al principio, si estamos mal, antes de automedicar vamos a ver sabe de esto.
La cosmética es salud de piel, pero también salud para nuestros sentimientos. Queremos vernos bien, saludables y sentirnos con una juventud acorde con nuestra edad.
Recomiendo que cuando vayáis a vuestra esteticista habitual le comentéis que os haga un chequeo de piel. No que nos hagamos esto y lo otro por el mero hecho de estar en promoción o de moda.
De siempre se ha hecho un diagnóstico visual a cara lavada, pero la tecnología está para acompañarnos, sobre todo desde que una lámpara con luz ultravioleta se descubrió allá por el 1903 el señor Wood y que hasta el 1925 no se utilizó a nivel dermatológico. Esta luz penetra hasta la dermis que es la capa más profunda de la piel y así podemos detectar diferentes afecciones.
Es un método más objetivo, pero la persona que lo realiza debe tener un gran conocimiento cutáneo para interpretarlo.
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Los últimos avances lo que hacen es aprovechar la era de la tecnología y son la evolución a cámaras de diagnóstico, que como una gran lupa y conectadas a un ordenador, te ves un poro como si fuera de la película de “cariño he encogido a los niños”.
Pues como diría el chiste, de los creadores de … Llegan los analizadores futuristas que, con meter la cara en una especie de huevo del futuro, te hace tantas fotos de diferentes capas de la piel que no te reconoces. Desde medir las arrugas, poros, metabolismo, daños solares, sensibilidad y demás información, no nos escapamos de tener un chequeo superpuntual y preciso de nuestro rostro. Hasta con los niveles que te analiza, te recomienda qué tipo de productos/servicios podemos hacer para mejorar nuestro aspecto. Pasado un tiempo y volviendo a hacer otro análisis, hacemos una comparativa y vemos la evolución.
Disfrutemos nuestra piel, nuestra lozanía y belleza, pero con los cosméticos que necesitamos y no por efecto de masas, porque cada uno somos único.
¡Feliz piel!

