Por un puñado de petrodólares
Al final la existencia de los seres humanos, aún zarandeada por inescrutables designios, es enormemente sencilla: se trabaja para vivir y se vive para trabajar; hoy en día ambas facetas se han mutado en diminutas utopías de porcelana, por las que suspiran tantos españoles, no pocos murcianos. La viabilidad de un país, de una región o de una familia son semejantes en grado sumo; lo que grandilocuentemente conocemos como macroeconomía se parece en demasía a la simple microeconomía, esta evidencia la obviamos con demasiada frecuencia: no podemos gastar lo que no tenemos; y donde no hay harina todo es mohína. Así de simple, así de tajante.
Pero, ¿dónde está el dinero, en qué lóbregos rincones se refugia…? Medio mundo debe al otro medio, y se da la paradoja de que uno de los que más debe (Estados Unidos) es el más poderoso. El escalofriante hecho de tener deudas mayúsculas no debe ser tan frustrante, si la mayor potencia se ahoga en números rojos, y no perece… será porque de deudas ya no se muere. Un consuelo más que tenemos los endeudados hasta las cejas, que por estas tierras somos legión.
Detengámonos por un instante en el monstruo estadounidense, un King Kong de pies de barro. El laberinto americano se resume en los siguientes datos: el paro, un 9% (para nosotros lo quisiéramos; mas dadas sus elefantiásicas proporciones, todo un lastre); el déficit es ya del 11%, y la deuda -ay, la deuda- cercana a los 14,3 billones de dólares, cifra inextricable para las mentes comunes de los mortales. Si la comparamos con la de nuestra Murcia, unos dos mil millones de euros, podríamos incluso sentir cierto alivio... Y su déficit deja en una nimiedad al que soporta estoicamente la Región. Sin embargo, la locomotora americana marcha desbocada, aun a riesgo de descarrilar, mientras en nuestros lares nos atemoriza hasta el zumbido del aire acondicionado, todo gasto parece un despilfarro, y nos tiembla el esqueleto cuando hay que afrontar el cierre de cada mes.
Empero, ¿qué ocurriría si en un aciago día los Estados Unidos se dieran de bruces con la realidad y no pudieran pagar? ¿Cómo se estremecería este fantástico parque de atracciones en el que se ha convertido nuestra sociedad global de globalizada economía de colores...? Entonces, sólo se podría asegurar a ciencia cierta que todavía seguiría siendo la hora de los petrodólares… hasta que el maná negro vierta su última gota.
En nuestra Región, cada mañana se nos agria la leche de nuestro café con el déficit, la deuda y el paro. Y necesitamos urgentemente financiación para engrasar la pesada maquinaria que debe sacarnos del atolladero. Dinero llama a dinero...Y para temor de incrédulos cristianos resulta que’ la harina’ en el terrible ahora de un siglo XXI incierto suele venir en sacos árabes. También en Murcia, reclamamos como agua de mayo (aunque sea en junio) el rico nutriente arábigo, que procede de excelsas autocracias que nadie osa poner en tela de juicio. Loor al petrodólar... Y nos hincamos de hinojos y bajamos humildemente la mirada ante el fiero turbante perlado de diamantes. Se trata de que los jeques inviertan, ganen opíparas cantidades y generen más riqueza, especialmente para ellos, que no regalan su valioso oropel sin grandes dividendos.
Como ya no hay míster Marshall que valga, con plan o sin él, los dueños de los petrodólares son los más socorridos, a ellos se recurre con una fe que no entiende de credos.
Desde la semana pasada no se habla de otra cosa en Murcia; Torre Pacheco se disponía a acoger este junio la primera reunión del Arab Investment Forum que se celebra en nuestro continente, aunque ahora se retrasa a octubre. En el transcurso de este evento, sea en una fecha o en otra, la Región intentará vender sus proyectos más emblemáticos ante un centenar de inversores de países como Dubai, Líbano, Catar, Jordania, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Siria, todas ejemplares democracias de irreprochable conducta. Ya han confirmado su presencia representantes gubernamentales, bancos de inversión, fondos soberanos, 'family offices', fondos de inversión, banca comercial y altos empresarios de más altos vuelos todavía. Petrodólares en su máxima expresión. ¿Éste puede ser el inicio de una hermosa amistad... O será la clásica pompa de jabón que se esfuma en el aire?
Si con semejantes apoyos no se ponen en marcha los proyectos estrella de los que están sembradas nuestras azuladas noches (Paramount, la Ciudad de la Industria Alimentaria-MedFood, Marina de Cope, la dársena de El Gorguel, la primera Central Solar Fotovoltaica de Europa, Contentpolis y el Recinto Ferial de Murcia), ya me dirán ustedes con quién... Estamos hablando de una inversión de más de ocho mil millones de euros, cuatro veces nuestra deuda. Ay, nuestra deuda. Menos mal, que a nosotros no nos faltan proyectos estrellas que brillen en el cielo de la más negra crisis; confiemos en que los magos de oriente sepan seguir su fulgor, y arriben con sus lujosos camellos, cargados de oscuros petrodólares y claras intenciones.
Pero, ¿dónde está el dinero, en qué lóbregos rincones se refugia…? Medio mundo debe al otro medio, y se da la paradoja de que uno de los que más debe (Estados Unidos) es el más poderoso. El escalofriante hecho de tener deudas mayúsculas no debe ser tan frustrante, si la mayor potencia se ahoga en números rojos, y no perece… será porque de deudas ya no se muere. Un consuelo más que tenemos los endeudados hasta las cejas, que por estas tierras somos legión.
Detengámonos por un instante en el monstruo estadounidense, un King Kong de pies de barro. El laberinto americano se resume en los siguientes datos: el paro, un 9% (para nosotros lo quisiéramos; mas dadas sus elefantiásicas proporciones, todo un lastre); el déficit es ya del 11%, y la deuda -ay, la deuda- cercana a los 14,3 billones de dólares, cifra inextricable para las mentes comunes de los mortales. Si la comparamos con la de nuestra Murcia, unos dos mil millones de euros, podríamos incluso sentir cierto alivio... Y su déficit deja en una nimiedad al que soporta estoicamente la Región. Sin embargo, la locomotora americana marcha desbocada, aun a riesgo de descarrilar, mientras en nuestros lares nos atemoriza hasta el zumbido del aire acondicionado, todo gasto parece un despilfarro, y nos tiembla el esqueleto cuando hay que afrontar el cierre de cada mes.
Empero, ¿qué ocurriría si en un aciago día los Estados Unidos se dieran de bruces con la realidad y no pudieran pagar? ¿Cómo se estremecería este fantástico parque de atracciones en el que se ha convertido nuestra sociedad global de globalizada economía de colores...? Entonces, sólo se podría asegurar a ciencia cierta que todavía seguiría siendo la hora de los petrodólares… hasta que el maná negro vierta su última gota.
En nuestra Región, cada mañana se nos agria la leche de nuestro café con el déficit, la deuda y el paro. Y necesitamos urgentemente financiación para engrasar la pesada maquinaria que debe sacarnos del atolladero. Dinero llama a dinero...Y para temor de incrédulos cristianos resulta que’ la harina’ en el terrible ahora de un siglo XXI incierto suele venir en sacos árabes. También en Murcia, reclamamos como agua de mayo (aunque sea en junio) el rico nutriente arábigo, que procede de excelsas autocracias que nadie osa poner en tela de juicio. Loor al petrodólar... Y nos hincamos de hinojos y bajamos humildemente la mirada ante el fiero turbante perlado de diamantes. Se trata de que los jeques inviertan, ganen opíparas cantidades y generen más riqueza, especialmente para ellos, que no regalan su valioso oropel sin grandes dividendos.
Como ya no hay míster Marshall que valga, con plan o sin él, los dueños de los petrodólares son los más socorridos, a ellos se recurre con una fe que no entiende de credos.
Desde la semana pasada no se habla de otra cosa en Murcia; Torre Pacheco se disponía a acoger este junio la primera reunión del Arab Investment Forum que se celebra en nuestro continente, aunque ahora se retrasa a octubre. En el transcurso de este evento, sea en una fecha o en otra, la Región intentará vender sus proyectos más emblemáticos ante un centenar de inversores de países como Dubai, Líbano, Catar, Jordania, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Siria, todas ejemplares democracias de irreprochable conducta. Ya han confirmado su presencia representantes gubernamentales, bancos de inversión, fondos soberanos, 'family offices', fondos de inversión, banca comercial y altos empresarios de más altos vuelos todavía. Petrodólares en su máxima expresión. ¿Éste puede ser el inicio de una hermosa amistad... O será la clásica pompa de jabón que se esfuma en el aire?
Si con semejantes apoyos no se ponen en marcha los proyectos estrella de los que están sembradas nuestras azuladas noches (Paramount, la Ciudad de la Industria Alimentaria-MedFood, Marina de Cope, la dársena de El Gorguel, la primera Central Solar Fotovoltaica de Europa, Contentpolis y el Recinto Ferial de Murcia), ya me dirán ustedes con quién... Estamos hablando de una inversión de más de ocho mil millones de euros, cuatro veces nuestra deuda. Ay, nuestra deuda. Menos mal, que a nosotros no nos faltan proyectos estrellas que brillen en el cielo de la más negra crisis; confiemos en que los magos de oriente sepan seguir su fulgor, y arriben con sus lujosos camellos, cargados de oscuros petrodólares y claras intenciones.





















