Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

Cuéntame un cuento

Consuelo Aguayo Miércoles, 14 de Diciembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

Llega la Navidad y yo con estos pelos. No se crean que no he puesto de mi parte, no, pedí cita en la peluquería (ahora hay que pedir cita hasta para que te den tu dinero en el banco) y me dijeron que hasta el 40 de enero nada de nada, así que me despedí  con un ´hasta luego Lucas´ y pasaré las fiestas con gorro siberiano, o con gorro de Papá Noel que estos días se lleva más. Yo no sé quién inventó esto de la Navidad, pero la verdad es que es un sin vivir. Son tres o cuatro semanas en las que parece que se acaba el mundo, en las tiendas, en las calles, en los restaurantes, en los supermercados y en las casas. Bombillas por un tubo, luces (¡qué más da si la luz es cara!), conciertos, villancicos, recitales, y más villancicos y más conciertos y más niños cantores con sus sonidos estridentes y sus ruidosas y repetidas panderetas. Decididamente me estoy volviendo mayor. 


En algún lugar he leído que al pobre Dickens le atribuyen haber creado el espíritu de la Navidad con su famoso A Christmas Carol o lo que es lo mismo el “Cuento de Navidad”. Vale que le atribuyamos una pequeña singladura por la generosidad,  vale que le atribuyamos la genialidad de  aportar una visión secular y humanista a una festividad eminentemente religiosa. Pero lo que sí que es cuento es atribuirle semejante travesía de un mes de duración por bares, restaurantes, tacones, cenas, amigos invisibles y ´peces en el río´ eso sí que es un cuento chino. Me niego a pensar que fue él.


Y si las cuentas no me fallan creo que todo comenzó con los romanos (¡cómo no!), ellos que siempre han sido muy alegres dijeron de marcarse una ´fiestuky´ en honor al nacimiento de Saturno, dios de las cosechas y del sol que las fortalecía, al que más tarde se le apellidó invictus (esto no casa bien con la sequía que llevamos, pero en fin, sigamos),  y  total que decidieron organizar un festival  (la Saturnalia, sí, algo así como el Starlite de Marbella) que llegó a durar hasta 7 días, en el que se incluía el solsticio de invierno, el que marca el cambio de las estaciones, y en el que la noche es la más larga del año.


Los romanos se ve que disfrutaban a lo grande en esta fiesta. Fíjense que posponían todos los negocios, aparcaban las guerras, le otorgaban privilegios a algunos esclavos, hacían intercambio de regalos (yo no sé si las romanas irían o no a la peluquería, de esto no estoy segura), en definitiva, un buen jolgorio. Y todo eso ocurría al final de diciembre, así que como por Navidad los romanos ya tenían su propia fiesta montada.


Hasta ahí todo perfecto. Pero cuando tuvieron que convivir los dioses romanos con el de la religión cristiana todo se complicó. Si los romanos hablaban del Sol Invicto, los cristianos nombraban al Dios de Justicia (sí, algo que suele decirse también cuando hace mucho calor) que de algún modo también lo asimilamos con el sol que fertiliza las cosechas, y en lugar de Saturno y la Saturnalia se celebra el nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre, pese a que en algunos lugares también he podido leer que no se tiene certeza absoluta del día exacto, y ciertas conjeturas podrían cifrarlo incluso hasta en el mes de abril. Pero yo en esto no me pronuncio, para eso ´doctores tiene la iglesia´ y que sean ellos los que determinen su veracidad. 


Lo cierto es que allá por los años 400, Teodosio, el último emperador que gobernó la mitad Oriental y la mitad Occidental del Imperio Romano, promulgó el Edicto de Tesalónica por el que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio.


 Y ya en 527 el emperador Justiniano  dedujo que la unidad del imperio presuponía la unidad de fe  y reguló absolutamente todo lo relacionado con la religión imperial y declaró la Navidad como unas fiestas cívicas supongo que en un intento de coordinadar en parte la costumbre pagana con la cristiana a fin de crear sinergias y evitar enfrentamientos (yo creo que también quiso darle un toque de atención para que no se desmadradara la fiesta y que algunos romanos no terminaran cantando aquello del quizás, quizás, quizás, pero no me hagan caso, pueden ser figuraciones mías).


De todas formas las Saturnalias sólo duraban 7 días, ahora  en el cuento chino en el que se ha convertido la Navidad ya saben ustedes lo que dura… y lo que aligera el bolsillo (que no sé qué es peor).


Pero si tienen la suerte de que los Reyes Magos le regalen un viaje a Roma (por dar ideas que no quede), no dejen de ver en los Foros Imperiales el Templo de Saturno, nunca defrauda, porque lo que es mi humilde persona desde mi humilde ordenador sólo les puedo ofrecer este humilde ¡Felices fiestas!
 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.