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Opinión | Pte. Consejo Editorial de MurciaEconomía
Viernes, 23 de Diciembre de 2022
Antonio Fuentes Segura

El Poder del Derecho

 

"Es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder tiende a abusar. Llega hasta que encuentra límites… ¡Quién lo diría!…Para que no se pueda abusar del poder, es necesario que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder…" (Montesquieu 1689-1755) 


Si acaso ha sido ésta la frase más célebre de uno de los pensadores más importantes de la Ilustración que sentó las bases de lo que llamamos, sin saber, Estado de Derecho, pues los pilares de la democracia moderna se basan precisamente en la separación de poderes, esto es, ejecutivo, legislativo y poder judicial, y cada uno de ellos ha de tener funciones muy definidas.


De otro modo, esto es, si el ejecutivo y el legislativo coinciden en imponer su criterio, como suele ser, no existirían límites para el poder, pues que hayan sido votados en democracia no implica que puedan adoptar resoluciones injustas o contrarias a Derecho, especialmente en este momento histórico en el que la renovación del poder judicial, en su más alta instancia, puede ser el atajo para tomar decisiones futuras que afectan a la soberanía nacional, bajo la excusa de la paz social, buscando la garantía de un resultado que permita modificar la Constitución, aunque sea tan evidente que, en realidad, se busque el mantenimiento del poder como único fin notable. 


Las reformas interesadas de los delitos de sedición, malversación y, ahora, la propuesta de no retirar el acta a diputados investigados, pueden ser ejemplo de la imposición de un pensamiento único al resto de los ciudadanos, incluso contra la opinión de muchos de los que han prestado su voto y afinidad a quienes nos gobiernan y así lo han buscado. Un pensamiento único intolerante que discrimina al que piensa de modo diferente, a quienes llaman despectivamente 'de derechas' o 'fachas', como si pensar de otro modo fuera una especie de crimen. De ahí la importancia del control judicial contra las injerencias de los gobiernos en cada momento.


Por eso, en contra de lo que ha dicho la presidenta del Congreso y el presidente del Senado, con evidentes injerencias personales y partidistas, haciendo indebido uso de un cargo institucional y representativo de todos los españoles, en contra de lo manifestado por el portavoz del Ejecutivo, cuya trascendencia es interesada e irrelevante y, por supuesto, en contra de lo manifestado por el presidente del Gobierno, con su sempiterna 'teoría del complot', lo sucedido en el Tribunal Constitucional, adoptando como medida cautelarísima la suspensión de su propia composición mediante una enmienda en una norma ajena a su fin, no es un atentado contra la democracia sino un ejemplo más, pese a quien pese, de nuestros monumentos intelectuales, una decisión espectacular que debe justificar la admiración de quienes debemos usar y conocer los mecanismos garantistas de nuestro ordenamiento jurídico, pues es el único que sustenta nuestro Estado de Derecho. 


No debe condicionar al ciudadano atento que las mayorías sean ahora de un color o de otro, que es lo que se pretende destacar, sino que ese sistema aparentemente “tan torpe” ha servido para, de momento, abordar con prudencia decisiones del legislativo que pueden afectar al futuro de todos los españoles. Es la prueba patente y célebre de que el sistema funciona.


No caigamos en ese discurso propagandístico de estigma contra los presuntos 'jueces de la derecha' pues, por poner un simple ejemplo, los miembros del Tribunal Constitucional americano, aunque elegidos por las Cámaras, son electos de forma vitalicia y, con ello, terminan por ser independientes en cada momento del Gobierno elegido coyunturalmente por los votantes. Así sus magistrados pueden coincidir o no políticamente con su pensamiento al cabo de mandato y permite que el control sea más férreo y menos complaciente con el Gobierno.  


Aparte de nuestro sistema de designación, que posiblemente haya que modificar, debemos confiar en la imparcialidad y conocimiento del Derecho de los miembros, salvo que la alternativa sea hacerlo en designaciones tan significadas como la actual propuesta de un magistrado que fue ministro del Gobierno que ahora lo impone. No parece que este sea el camino. 


Pero, claro, en este pensamiento único en el que vivimos este magistrado debe parecer de mejor condición que el resto. 

 

¡A ver que nos cuenta el Rey en su saludo de Navidad. Felices Pascuas!
 

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