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ENTRE TÚ Y YO

Las tres miradas felinas de la Navidad

PATRICIA LÓPEZ HAAS Miércoles, 28 de Diciembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

"¡Feliz Navidad! ¡Conque feliz Navidad! ¿Qué es la Navidad para ti sino la época de pagar facturas sin tener dinero; la época de ver que eres un año más viejo y ni una hora más rico, la época de cuadrar las cuentas y comprobar que hasta la última entrada te ha sido desfavorable a lo largo de todo el año? Si me pudiera salir con la mía, a cada idiota que va por ahí diciendo feliz Navidad lo herviría en su propio budín navideño, y lo enterraría con una estaca de acebo clavada en el corazón".

 

Este es uno de los párrafos con los que empieza la Canción de Navidad, (diciembre de 1843) de Charles Dickens. Ebezener Scrooge era "un viejo pecador agarrado, aprovechado, ahorrativo, cicatero y codicioso. Y más solo que la una". Así lo describe Dickens.

 

Esta maravillosa obra es un canto a la humildad, a la esperanza, a la grandeza de corazón y a la generosidad que encierra el espíritu navideño. Scrooge hay más de uno. Y no es cuestión de pasar lista. Aquí la Inglaterra victoriana se cuela por nuestras ventanas demostrando la parte más huraña del ser humano, y que el egoísmo no conoce ni de nacionalidad ni de siglos. Pero estamos en Navidad, época en la que la “Mirada felina” pasea sus armoniosas patitas por los tejados de las ciudades. Y como si de un espíritu se tratara nos lleva de la mano hasta un hogar en el que reina la delicadeza, la paz y la contención. Es la 'mirada felina del presente'

 

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A través de la ventana vemos a un joven escritor de pelo cobrizo que teclea sin descanso un ordenador. Trabaja con ahínco para un pequeño diario local mientras escribe una novela histórica de corte gastronómico. Apenas tiene para sí mismo, y lo poco que le queda después de pagar deudas es para mantener a su único hijo. Ambos viven en una buhardilla de una preciosa ciudad centroeuropea. Su casa consta de dos habitaciones y un salón decorados de manera confortable. Un escritorio de madera de nogal preside el dormitorio principal, donde una cómoda de estilo biedermeier y una silla francesa tapizada en terciopelo crema completan la estancia. El salón tiene una gran alfombra oriental y una preciosa biblioteca. La ventana, que sobresale sobre la pendiente del tejado, ilumina el espacio desde el que se ve una preciosa fuente medieval con una colorida escultura en el centro. Fuente que se helaba en invierno, pero que en los días cálidos alegraba con su suave chapoteo. Todas las mañanas un gorrión se acercaba a la buhardilla a picar un poco de pan, algo que hacía las delicias del niño. Nuestro joven escritor se entrega con pasión a su hijo y a la escritura. Y a la gastronomía. Para la cena de Nochebuena elabora un menú a base de recetas de su madre: pato con salsa de frambuesas, pan de especias y crema de manzana. 

 

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La 'mirada felina del presente' nos explica que el padre había optado por continuar en esa fría ciudad debido a las oportunidades que el propio país podría ofrecerle al niño. Con el devenir del tiempo había perdido gran parte de las amistades que había forjado durante su infancia y juventud. Pero él no tenía rencor, a pesar de que su carácter sociable y bondadoso no había sido recompensado, ya que la vida cada día le sorprendía con nuevas facturas e inconvenientes de carácter personal. Pero trataba de ser feliz y de disfrutar de las pequeñas cosas que cada amanecer le traía a él y a su hijo. Hijo que crecía feliz, centrado y estudioso y que, además, adoraba a su padre. Nuestro escritor es generoso, humilde y trabajador. Muy trabajador. El padre con sus limitados recursos procuraba que tuviera ropa y algún juguete nuevo por Navidad, época que le encantaba logrando transmitir su alegría al niño. Decoraba su hogar con bayas, ramitas de acebo y un abeto poblado de luces. El más grande al que pudiera acceder. La “Mirada felina del presente” nos muestra una casa que está un piso más abajo, donde una anciana cocina roast beef con patatas y puré de castañas asadas para nuestro joven escritor y su hijo, que cenan con ella en Nochebuena. Los tres comparten risas y algún regalo. 

 

'La mirada' nos lleva brevemente a su pasado y nos muestra a un niño que juega con sus coches teledirigidos por el salón. Está siempre en movimiento. En otra escena, en la que cuenta con 10 años, aparece llevando golosinas a su hermana pequeña que está enferma en la cama. O recaudando dinero entre sus hermanos para hacer un regalo a su madre. Si alguno no tiene, él pone del suyo y cuenta como del otro. 'La mirada felina del pasado' nos pasea también por su elegante colegio en el que un atractivo adolescente habla con todas las chicas. Su pelo cobrizo, inteligencia y simpatía natural no pasaban desapercibidos. Él que había gozado de grandes recursos en su infancia y juventud, ahora se veía atrapado en una vida que no es la que había soñado. Pero no se quejaba nunca.

 

Con un chasquido de dedos 'la mirada' nos traslada al futuro. Una Nochebuena, cuando padre e hijo se disponen a comer el pollo al limón junto con un poco de verdura, el ring-ring del teléfono les interrumpe. Su anciana vecina había fallecido dejándole su colección de cámaras fotográficas y algo de dinero. Había sido fotógrafa de profesión. A él le gustaba pasar por su casa cuando tenía un rato libre, momento que ella aprovechaba para enseñarle sus Leica, Canon o Nikon. Él, que era observador por naturaleza había aprendido algunos de sus trucos. En 2022, nuestro escritor publica con gran éxito un libro de recetas de cocina acompañado por sus propias fotos. La “mirada felina del futuro” nos lo muestra en la noche del 24 de diciembre rodeado de toda su familia en su país de origen. Su hijo al que había criado con tanto esmero ya es médico. Mientras hornea pata de cordero con patatas, brinda con ilusión por la vida junto a un gran árbol de Navidad. La misma ilusión con la que él había vivido la suya, incluso cuando pasaba hambre y la incertidumbre le llenaba de inquietud. Nadie oyó nunca un lamento suyo ni supo de sus desvelos. 

 

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Ahora que es un hombre de fortuna sigue felicitando la Navidad a todo el que sale a su encuentro. Aquí 'La Mirada felina' solo ha actuado como observadora. Scrooge le hubiera mirado mal. Pero es que Scrooge estaba solo. Y a nuestro escritor “idiota” que felicitaba las fiestas en sus momentos más duros, ahora le cuadran las cuentas. Fue, es y será siempre feliz. Por la Navidad.
 

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