Los perros también tienen ombligo
Chucho, ratero, saco de pulgas o perro rabioso son solo algunos de los calificativos usados por humanos con déficit de sentimientos, para referirse al mejor amigo que podamos tener.
Hoy les hablaré, no tanto de “hijos de perra”, que los hay y muchos, sino de perros. De nuestros compañeros. De nuestros amigos de cuatro patas, lengua larga, dentadura a prueba de huesos, cola de movimiento inagotable y ojos cargados de amor infinito.
Poco importa que te llenen la casa de pelos, que los muebles y las patas de tus sillas tengan recuerdos imborrables de sus uñas y colmillos, que hayan devorado varios pares de zapatillas y calcetines o que de vez en cuando tengas que recoger algún 'regalito' sin envolver en un rincón de tu hogar.
Los queremos, y ellos a nosotros. No hace falta más. Los hay grandes, pequeños, de pura raza, sin 'marca', pachones, hiperactivos, ruidosos, babosos….pero todos ellos son leales. Son los primeros en recibirte cuando llegas a casa, nunca un mal gesto, siempre con alegría, como si hubieran pasado años desde nuestro último encuentro. A cambio solo precisan comida, caricias, paseos, alguna que otra siesta compartida y mucha compañía.
No hay conversaciones, aunque les hablamos y ellos nos entienden. Mucha gente dice que solo les falta el habla, quizás sea eso lo que les hace especiales y de lo que precisamente abusamos los humanos. Hablar menos, hacer más y escuchar, aunque solo sea para que el silencio nos transmita su mensaje.
Les voy a contar algo que he aprendido tras convivir con ellos. Los perros no quieren ser personas, ni que les tratamos como humanos. Ellos quieren seguir siendo perros, quieren olfatear, roer, correr sin ataduras, comer cosas que a nosotros nos harían vomitar, revolcarse sobre la tierra, mancharse las patas, fatigarse hasta que su lengua casi roce el suelo que pisan y ladrar o aullar cuando les apetezca. Esto no me lo han dicho a mí, ni falta que hace. Nosotros necesitamos dormir sobre un colchón, llevar ropa, complementos, ir de restaurantes, disfrutar del ocio y tener vida social. Los perros solo necesitan un suelo, un techo o caseta que los proteja de las inclemencias del tiempo, comida, agua, sus cuidados básicos y, sobre todo, nuestra compañía. Que les dediquemos tiempo paseando y jugando con ellos. Todo lo demás son necesidades nuestras y no suyas.
Últimamente me intereso mucho por los “ombligos”, porque es la primera conexión que todos tenemos con el mundo exterior y además deja en nosotros una huella imborrable en nuestro cuerpo. ¿Sabéis que los perros también tienen ombligo? Como todos los mamíferos, están conectados a su madre a través del cordón umbilical solo que, en su caso, ese “hoyo” no es tan acusado y pasa más desapercibido.
La mayoría de los perros son separados de sus padres y sus vidas discurren por caminos totalmente distintos. Esa conexión se pierde. Sin embargo, su naturaleza hace que esos ombligos estén más conectados que nunca con aquellas personas que los acogen, proporcionándoles un hogar. Los humanos nos mantenemos conectados a nuestras madres, mientras que los perros están conectados de por vida a unos perfectos desconocidos, a los que juran amor eterno.
Hace una semana falleció la perra de mi madre. Se llamaba Linda. Era una perrita blanca, pequeña. No era de raza, pero era muy bonita. La adoptamos de un refugio de animales, cuando apenas tenía unos meses y falleció con 16 años. Toda una vida junto a mi madre. Siempre a su lado. Haciéndole compañía día y noche. Cubriendo lo que sus propios hijos no podíamos aportar. Así era Linda. Merecía morir sin sufrimiento por todo lo que nos había dado en vida. Ella fue un verdadero regalo para todos.
Los que os asomáis cada quince días a esta ventana, sabéis que el buen Marketing sirve para muchas cosas. Hoy quiero incidir en la concienciación y en el respeto por las mascotas, sean perros, gatos, iguanas, pájaros….
Son animales que nos quieren y dependen de nosotros. No son juguetes. No son regalos para solucionar conflictos familiares ni conceder deseos a niños caprichosos. Un animal de compañía es mucho más que todo eso. Es tu familia o tu mejor amigo. Merece que le trates bien hasta el final de sus días. Recuerda que él siempre lo hará y que nunca, nunca, jamás, te abandonará.
Dedicado a todos mis grandes amigos cuadrúpedos: Copito, Loti, Toy, Linda y Joe.





















