
En estos días de luminarias enardecidas, una fisonomía especial tamiza las ciudades y los corazones. Se produce una atmósfera que sobreestimula los sentidos. Los edificios parecen alcanzar el cielo con las estelas de sus guirnaldas encendidas, los escaparates y las pantallas digitales –ávidas de atención– pestañean sin cesar publicitando sugerentes productos, música y árboles con adornos centelleantes a las puertas del comercio, las castañeras con su vitalidad impenitente, aventando el aroma de tradición tan antigua, jóvenes electrizados de una fluorescencia que hechiza las retinas, bordonean en alborozo imperativo… De aquí para allá, un trasiego de gente embadurnada de superioridad celestial. Abrazos y parabienes caritativos necesita el pobre y el rico. Mi capacidad de abstracción es limitada ante las superlativas dosis del espíritu navideño que hay en el ambiente y que posee la multitud. Así pues, la cabeza se rinde y se afana a la causa, inflamándose del bullicio contagioso.
Los circuitos del etéreo patrimonio emocional se avivan, entrando en una combustión evocadora de usos y costumbres: alisamos las aristas de los sentimientos maltrechos, pulimos las distancias entre ojerizas y rencores, sean o no, de prójimo cercano; ungimos de una bondad pulcra a todo aquel que se nos acerca.
Somos seres abismados a la ferocidad del dolor, lacerados por las ausencias y soledades. El despertar diario nos reafirma que no es un mal sueño. Por eso necesitamos liberarnos un momento de la persistente cicatera realidad: relegar las guerras, apartar de la mente los zapatitos empapados de vacío del pequeño Aylan, a otros niños del mundo a merced de las garras de la hambruna y otras maldades, silenciar el grito de la mujer que va a ser mancillada y asesinada a manos de su verdugo, las ejecuciones públicas, aulas enterradas con la mortaja del burka, desplazar a los desamparados que morirán por el frío de la indiferencia… Es necesidad imperiosa un instante de respiro.
![[Img #94970]](https://murciaeconomia.com/upload/images/12_2022/5216_dol.jpg)
Es tiempo de nostalgias de otros tiempos: situaciones y momentos más felices, personas con atribuciones virtuosas, enamoramientos infalibles al deslustre… Asumimos la añoranza como algo natural en estas fechas: un impás de espacio y tiempo místico, ‘es obligado’. Hasta nuestros muertos necesitan de ese espejismo refulgente, una psicomagia efectiva. Idealizarlos si se precisa o, lo precisamos: sacar del puzle personal de su historia las piezas no válidas de su biografía –las malogradas –. Es condición sine qua non honrar su memoria, recordarles con una sonrisa mientras nos emocionamos escuchando villancicos y, nos resbalan por las mejillas lágrimas de cristal afilado; decirles calladamente el te quiero que no pronunciamos en vida. Necesitamos sentir su espíritu cálido sentado a nuestra mesa navideña.
![[Img #94969]](https://murciaeconomia.com/upload/images/12_2022/8985_do.jpg)
Paseo por la calle Trapería de Murcia, hay una inercia en los transeúntes, una impostura en mis pies. Tengo una sensación en la boca del estómago, un claroscuro de goce y muerte. Atravieso un frío glacial; veo a la gente entumecida. Cada uno –como puede–, acarrea su soledad y agarra la estocada de su carámbano… Llego a la Catedral, están tocando el concierto de 'El Mesías de Händel'.

