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ENTRE TÚ Y YO

¿Quién da la vez?

María Belén Albaladejo Martes, 03 de Enero de 2023 Tiempo de lectura:

 

Quizás por la rapidez con la que realizaba las compras, quizás por optar por lo ya envasado, no me había fijado en las estrategias tácitas en carnicerías, pescaderías, fruterías, charcuterías y verdulerías para obtener el bien deseado.


Son tremendas las maniobras. Dignas de Mataharis o agentes del Mosad. Yo, “Anacleto, agente secreto”, veo pasar a media humanidad delante de mí.


Tras un año de estudio, tengo identificados varios tipos de 'agentes infiltrados:


- “Ah ¿Se me ha pasado el número? La de la verdulería es una lenta”


-“Madre mía, es la hora de recoger a mi nieto en la guardería. ¡No llego!”


-“¿Cómo es posible este despiste? No he cogido el número  ¡Si llevo aquí 30 minutos!”


-“¿Qué? Si me han dicho que no hacía falta número, que el aparato está roto y un hombre, que ya no está, me dio la vez”


-“Solo quiero una cosa de nada. ¿Me dejas?”


Si no flaqueo yo, lo hace  el número anterior. Cede a las presiones y… ¡cae! Me consuelo con que no tengo prisa. Veo pasar y “despacharse” a una, a otra y a la de más allá, que viene con el carro como si estuviera en el rally Dakar.


Hasta que veo en peligro la pieza anhelada. Cuando cojo el número, me relajo porque quedan tres calamares de potera. No intuyo amenaza inmediata pero, empiezo a dar saltitos cuando se han llevado dos y aquí sigo, a la espera de oír mi número para gritar ¡yo! o, por aquello de la ilusión, cantar ¡bingo!


Trabajando el gesto y mirando al extremo opuesto del calamar para que nadie advierta que lo quiero. Rezando para que la abuela del nieto en la guardería, se contente con los salmonetes. Para que el que se ha inventado que no funciona lo de los números, quiera boquerón. Para que la cabreada con la dependienta de la verdulería, venga a por esa trucha. Para que el despistado sin número, opte por la merluza y, la que quiere solo una cosa, no pretenda llevarse hasta el mostrador de aluminio con su hielo. 


Ir a hacer la compra es como jugar al Stratego. Debe dar muchos puntos y bonus extra dejar con cara de bobo a los “plantados” delante del mostrador, con el numerito arrugado en la mano.


Solo me queda averiguar si los puntos se intercambian por algo (unos bonitos vasos, tres tenedores, un tú y yo, etc.) u ofrecen  la plenitud interna de creerse poderoso y entrar como El Cid Campeador en Valencia. Una oda al ego. Cuando resuelva el enigma, me llevaré una libreta para anotar los puntos hasta el ansiado regalo o un laúd para acompañar la oda.


No me ha dado tiempo (quizá no es una cuestión temporal y no sepa hacerlo) a organizarme. He seguido una lógica personal, primero verdura y fruta, luego carnes y, por último, pescados. Visto lo visto y teniendo en cuenta los ratos que me paso “adorando” los mostradores, mi lógica es de lo más tonta.


Si empiezo por  verdura y fruta me da tiempo a plantar unas tahúllas de brócoli y algunos manzanos. Si elijo carne, me nacen cabritillos. Si opto por pescado, saco hasta ¡hueva de mújol en su punto!  Y..., ya me voy a comprar almendras fritas que maridan, gastronómicamente hablando, perfectamente.


Al menos, disfruto de un buen aperitivo.

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