Onboarding empresarial y salud mental
Según un estudio publicado recientemente por el Harvard Business Review (HBR), una de cada tres personas que entran a trabajar en una empresa, tiende a buscar un nuevo empleo en los siguientes seis meses posteriores a su contratación.
Una de cada tres. Una barbaridad.
Cuanta desilusión, me pregunto.
Aunque por otro lado, viendo cómo se consumen a día de hoy incluso las relaciones sentimentales, tampoco me parece tan bárbaro. Y si no, pregúntale a algún amigo o amiga que tiene un perfil en Tinder: ¿Cuándo tarda de promedio en buscar al siguiente ligue?
Y ese puede ser el verdadero problema: muchas personas suelen estar en constante y obsesivo ligue con el empleo, teniendo que pasar por muchas empresas hasta cuajar una relación más o menos estable.
Según otro estudio realizado en España, un 75% de los profesionales suelen tener un mal recuerdo de su 'periodo de enamoramiento' en su nueva empresa: estrés, sensación de abandono y soledad, son las tres sensaciones más frecuentes que recuerdan.
No querrás ni imaginar los costes que esto puede suponer para una empresa, ¿verdad?
No te preocupes, no hace falta imaginarlos, te los voy a dar.
Según un estudio realizado por docentes del EAE Business School, los costes directos e indirectos de tener que reponer a un empleado/a que abandona una empresa, pueden igualar el salario bruto anual (SBA) asociado a su puesto de trabajo.
En el caso de los directivos, ese coste puede multiplicar hasta cuatro veces el salario bruto anual de esos cargos.
Si te parece demasiado, estos investigadores han llegado a calcular que tan solo el tiempo que se necesita para que un empleado llegue al 100% del desempeño ideal, supone un 26% de su salario bruto anual.
A esos costes hay que añadir los costes del proceso de selección, honorarios de eventuales consultores (mínimo un 10% del SBA), costes de formación, material, ropaje, equipos de seguridad, etc.
De ahí que muchas empresas están considerando el proceso de Onboarding (es decir, literalmente, el periodo de subida a bordo y adaptación a la empresa), como un momento clave en el que hay que cuidar especialmente a la salud mental del trabajador.
Otra cosa es que, tal como sucede con las relaciones sentimentales, algunos trabajadores, por mucho que se cuide su salud mental, arrastren traumas y conflictos internos irresueltos o mal procesados, fruto de relaciones anteriores: por mucho de que la nueva y futura pareja se esmere para cuidarle, tendrán que hacérselo ver a un profesional de la salud mental y tal vez necesiten meses o años de terapia.
¿Y tú qué opinas?
¿Conoces a alguien que nada más entrar en una empresa, no tardó en sentirse mal y manifestó su deseo de marcharse?
¿Acaso te está pasando a ti mismo/a en este momento?
¿Crees que eso se atribuye más a la responsabilidad de los empresarios, al ambiente de trabajo en sí, o a problemas personales de distinta naturaleza atribuibles a las directos interesados?
Roberto Crobu es Psicólogo de Trabajo y Psicólogo Clínico. https://www.linkedin.com/in/robertocrobu/
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