Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TU Y YO

¿Qué es madurar?

Francisco Luis Velasco Viernes, 13 de Enero de 2023 Tiempo de lectura:

 

Cuando alguien que no mencionaré me hizo esa pregunta en Navidad, por un instante fui incapaz de dar con una respuesta sencilla y correcta. Me quedé en blanco. Me sentía bien hasta ese momento, o al menos hacía todo lo posible por sentirme bien. Pero su pregunta me descolocó. Esta vez fue el destino quien me cogió por sorpresa. La duda dejó al descubierto que no tenía las cosas claras.

 

Había estado demasiado tiempo embarcado en una vorágine de sucesos terribles que se extendía años y años; decenios. Y de repente llegó una grata sorpresa. Un regalo caído del cielo. Se trataba del primer descanso desde que empezó una batalla sin cuartel hacía ocho años, y ya había olvidado cómo era aquello. Vivir sin la espada de Damocles suspendida sobre mi cabeza.

 

En esa primera parte de la época navideña que disfruté con mi familia era libre de ir donde quisiera en cualquier momento, hacer lo que me viniese en gana. Regocijándome con ellos. Había pensado que disfrutaría, pero lo cierto era que me sentía nervioso y perdido. Sencillamente no sabía qué hacer y cómo olvidarme de algo que había descubierto y menos aún con todo aquel tiempo libre que tenía por delante. Era algo muy peliagudo, algo que afectaba a una cualidad del corazón; la confianza, y qué hacer para que mi cabeza dejara de buscar una respuesta lógica que complaciera mi cuerpo y mi alma.

 

Hasta el momento había ido resolviendo mis dudas apartando las malas ideas, por verosímiles que fueran, pero con quince días que tenía por delante no estaba completamente seguro de qué ocurriría finalmente. No hacía más que confiar y confiar en palabras vacías, hasta el punto de no recordar haber hecho otra cosa en toda mi vida desde hacía mucho tiempo.

 

El tiempo que había pasado ignorando las señales y un cúmulo de circunstancias ajenas habían estado precipitándose incontrolablemente hasta que, en un minuto, todo se detuvo. La verdad salió a la luz con sorna en un simple mensaje. Mi corazón se paró y se derritió. Sentí mi mente clara como nunca hasta el punto de avergonzarme de lo tonto que había sido tras la revelación tan palmaria.

 

Me mantuve inmóvil asaltado por el miedo y el pavor, incrédulo, hasta el punto de no querer escuchar tales detalles inacabables que me estaban destrozando el alma y lo que fuese que aquella persona quería seguir revelando. Un montón de palabras tan duras como el pedernal, algunas increíbles, pero todas tan ciertas como la vida misma, revelaciones que no compensaban en absoluto, solo dañaban. Imágenes que se alzaban silenciosamente una tras otra, y disolvían a cámara lenta la felicidad que tanto tiempo había anhelado.

 

Entonces lo entendí. Por mucho dolor que sintiera nunca dejaría que el sufrimiento que apreciaba por el comportamiento de los demás destruyera mi paz interior. Madurar es eso, saber elegir la tranquilidad a una batalla. Madurar es elegir no estar con cualquiera. Es aprender a estar solo. Sobre todo, si las personas que menos te lo esperas te hacen daño, mucho daño, una y otra vez. Madurar es saber salir a tiempo del maldito trance y ser consciente de que puedes empezar una nueva vida responsabilizándote de tu propio bienestar. Es entender que tú eres lo más importante y quererte. Aunque eso signifique tomar la decisión de alejarte de todo lo que lucido y dolido como nunca lo has estado, te hace sentirte mal. ¿Qué hacías con esa persona? ¿A qué jugabas? ¿Qué obtenías a cambio?

 

Una persona muy especial me envió un video de Sergio Melchor en Instagram que reproduzco en su totalidad: “Sabes, una de las lecciones más bonitas o más importantes que vas a aprender a lo largo de la vida es darte cuenta de que madurar es elegir siempre tu tranquilidad, tu paz, antes que cualquier otra batalla. Y con eso me refiero también a personas. A veces cuando eliges tu tranquilidad, cuando eliges tu paz, al mismo tiempo renuncias a algunas personas, renuncias a algunos sitios, a algunos lugares, a algunos sentimientos, pero créeme que cuando pasa el tiempo, y cuando pasan los años, te das cuenta de que el haber elegido tu tranquilidad sobre lo demás, sobre el resto, siempre será lo mejor que has hecho en tu vida. Siempre”.

 

Búscalo y escúchalo una y otra vez. Te ayudará. Y sigue su consejo.

No hay mal que cien años dure si sabes ponerle remedio, ni dolor que no se mitigue, todo lo que hoy se ha dicho es cierto y sabio. Solo falta que lo pongas en práctica.

 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.