Dress code electoral
Debo ser el único al que le encantan los periodos electorales, y este año va a ser un año largo electoral. Con todo lo que supone hacer esa afirmación y lo que hay de temerario en élla. Sé que es aventurarse a meter la mano en el avispero, pero es que siempre he sido como el niño que experimenta sus propio límites y no para hasta meter el dedo en la llama de la vela. Solo así sabe de manera empírica que el fuego quema. Me encanta ver a los políticos cuando se enfundan la ropa de batalla para lanzarse a la arena electoral. Tiene su liturgia, no crean. Y, según su aspecto, la imagen que les digan sus jefes de campaña y asesores, ya intuimos lo que nos quieren pedir, a quién buscan agradar, de dónde quieren tomar distancia. Son tan predecibles. Juegan y hacen recurso de los prejuicios, de los lugares comunes donde nos quieren llevar, a quién buscan agradar y a quien repeler. Me divierte ver cómo se maquean para el asunto, como el que se endominga para una fiesta de guardar.
Como ocurre con las tribus urbanas, los políticos en campaña (beligerante y muy descriptivo término, por cierto) saben que el hábito hace al monje y hay que estar vestido para la ocasión, también saben cómo mostrarse en público, si en patulea, o frente al atril de metacrilato en el que se amparan ante su público mitinero, solo y a porta gayola. Por eso, cuando veo a un político en vaqueros y cazadora digo ¡tate, este quiere algo! Porque los políticos visten así cuando vienen a pedir, incluso a mendigar, si lo ven preciso. Generalmente el voto, claro. Pero no sirve cualquier cazadora, por ejemplo, nada de eso. En el detalle está el acierto o el traspiés que les haga perder el voto, la confianza. Hay que parecer cercano, pero sin pasarse. Por ejemplo, nunca verán a un político con cazadora negra. Nunca. Siempre en tonos naturales, un nobuk beige o camel. Nunca cazadora vaquera, lo impide taxativamente el protocolo. Huele a compadreo o marginalidad. Las chicas en napa roja, azul celeste, Está permitido, pero tampoco el negro. Es agresivo y conviene ser prudente, incluso en los márgenes del espectro político, que estamos pidiendo, no exigiendo. Solo Ayuso se lo permite, allá élla, que es palomica suelta, como dice de sí misma una amiga mía. La pana tampoco se lleva, y menos en los políticos de la llamada ‘nueva política’ eso está demodé, eso es propio del Régimen del 78’ que tampoco conviene airear, sobre todo en según qué sectores.
Si el outfit es importante en esto de la cuestación electoral, no lo es menos la puesta en escena. Para dar una imagen más cercana, hay que poner público detrás del orador, es más…inmersivo. Colocarlo dentro de la masa, así la proximidad será mayor, es uno de los nuestros, es ‘gente’ sin más. Y si lleva micro en la mano, miel sobre hojuelas. El político rapero, encorvado, cargado de hombros. Un clásico ya. En los Ochenta el gran hallazgo de la arruga es bella de Adolfo Domínguez sería equivalente ahora al mitinero paseante, peripatético, por el escenario, sin papeles, sin atril, introducido por Pablo Iglesias. Otro hallazgo ahora vuelto a poner de moda por Yolanda Díaz, que es muy cuqui. Y como quiera que nada es desdeñable, no hay que olvidar cómo conducirse en los tiempos muertos, en los desplazamientos por pasillos y demás espacios diáfanos: siempre en pandilla, rodeado por los nuestros, arropados, sí, pero tres pasos por delante, que se note quién es el líder, lideresa, quién la marca que cotiza. Merecen exquisito cuidado dos conductas: evitar, o al menos usar solo en ámbitos muy reducidos, el aupar a bebés en público. Ya no se usa y, si se hace, solo por el sostenimiento del sistema público de las pensiones. Y las fotos en explotaciones agropecuarias, son peligrosas. Si acaso si éstas son sostenibles y ecológicas, por aquello del animal friendly y de la España Vaciada.
También los sectores conservadores tienen sus formas de conducirse. Con chaqueta, a ser posible corbata, si hace calor, polo y chaqueta encima, ligera. Lo de las cazadoras, igual, mismos colores y texturas. Y repeinados si se busca el voto más conservador. Con raya bien marcada, como la del vicepresidente de Castilla y León. Aquí no importa parecer demodé, al contrario, eso gusta y da tranquilidad. Cuando lo veo, y estos últimos días lo veo a diario en la tele, me recuerda a mí mismo en la foto de la orla de la facultad, solo que en 1980. Lo juro. En mi descargo diré que la corbata y la toga eran de atrezzo. Las ponía el fotógrafo, de un estudio especializado, de la Gran Vía de Murcia, junto a Cerdán Hermanos. Muchos lo recordarán.
Sé que todo esto parece baladí y frívolo…¿Y tú me lo preguntas mientras clavas tu pupila, etcétera…? No, lo es. Es todo un clásico aquello de McLuhan, 'El medio es el masaje'. Son lo mismo. Y en este año electoral hay que estar precavidos. Aviso a navegantes, que se cierne galerna a sotavento.





















