
Los departamentos de recursos humanos o de personas siempre están en el ojo del huracán. Por acción u omisión todos hablan de ellos, en ocasiones, sin una justificación clara, tocando “solo de oído”.
La gestión de personas requiere de mucho trabajo, un gran conocimiento sobre los procesos, las personas y la estrategia y, lo más importante, una visión en el medio y largo plazo.
Nos equivocamos si pensamos que esto de trabajar con personas es algo de “ya y ahora”. El mundo en el que vivimos va a una velocidad, desde mi punto de vista, excesiva y eso hace que pensemos que todas las decisiones deben tomarse en cuestión de segundos.
Sobre esto me viene a la mente una fábula japonesa, la fábula del bambú.
“Hace mucho tiempo, dos agricultores iban caminando por un mercado cuando se pararon ante el puesto de un vendedor de semillas, sorprendidos por unas semillas que nunca habían visto.
• Mercader, ¿qué semillas son estas?”, le preguntó uno de ellos.
• Son semillas de bambú. Vienen de Oriente y son unas semillas muy especiales.
• ¿Y por qué habrían de ser tan especiales?”, le espetó uno de los agricultores al mercader.
• Si te las llevas y las plantas, sabrás por qué. Sólo necesitan agua y abono.
Así, los agricultores, movidos por la curiosidad, compraron varias semillas de esa extraña planta llamada bambú.
Tras la vuelta a sus tierras, los agricultores plantaron esas semillas y empezaron a regarlas y a abonarlas, tal y como les había dicho el mercader.
Pasado un tiempo, las plantas no germinaban mientras que el resto de los cultivos seguían creciendo y dando frutos.
Uno de los agricultores le dijo al otro:
• Aquél viejo mercader nos engañó con las semillas. De estas semillas jamás saldrá nada·. Y decidió dejar de regar y abonarlas.
El otro decidió seguir cultivando las semillas con lo que no pasaba un día sin regarlas ni abonarlas cuando era necesario.
Seguía pasando el tiempo y las semillas no germinaban.
Hasta que un buen día, cuando el agricultor estaba a punto de dejar de cultivarlas, se sorprendió al encontrarse con que el bambú había crecido. Y no sólo eso, sino que las plantas alcanzaron una altura de 30 metros en tan solo 6 semanas.
¿Cómo era posible que el bambú hubiese tardado 7 años en germinar y en sólo seis semanas hubiese alcanzado tal tamaño?
Muy sencillo: durante esos 7 años de aparente inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después la planta".
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Existen grandes similitudes con lo que ocurre en el ámbito de la gestión de personas. El ser humano es un ser complejo lleno de variables. La gestión de equipos requiere de amplias habilidades que requieren de gran entrenamiento. No sería descabellado empezar a trabajarla en las etapas de la educación más iniciales.
Pero, el factor más importante para realizar un buen trabajo es: tiempo. Los “aquí y ahora” ya no valen. Necesitamos trabajar duro y consistentemente sabiendo que no veremos los frutos de nuestro trabajo en el corto plazo. Sin embargo, un día, sin previo aviso, algo mágico sucede. Todo aquello por lo que habíamos apostado nace, ve la luz y se desarrolla exponencialmente. La magia llega y los resultados con ella.
No es el tiempo el único que une recursos humanos y bambú. El bambú tiene 3 importantes características. Es fuerte, resistente y liviano.
Los departamentos de recursos humanos deben ser:
• Fuertes. A la hora de establecer estrategias y tomar decisiones.
• Resistentes. A veces luchamos contra molinos de viento. Normas establecidas durante mucho tiempo que debemos modificar, cambios organizacionales que plantean dudas al inicio, status quo de determinados perfiles acomodados y desmotivados. Tomamos decisiones, en apariencia inútiles, pero que nacen del conocimiento holístico que tenemos sobre la organización y que dan sus frutos.
• Por último, livianos. No podemos ser una carga para la organización. Debemos ser ágiles, rápidos y ligeros.
Pon una semilla de recursos humanos, riégala, abónala y ofrécele la confianza durante un tiempo razonable y verás como el día menos pensado germina y crece a un ritmo vertiginoso, de igual forma que lo hace el bambú.

