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ENTRE TÚ Y YO

El sabor de lo cotidiano

Manuel Menárguez Martes, 31 de Enero de 2023 Tiempo de lectura:

 

Pocas veces, en nuestra vida, nos sorprendemos con esas pequeñas cosas habituales, que, al borde del camino, nos enseñan, sorpresivamente y en un instante, los contrastes de esta senda. Diminutos sorbos perseguidos que van aireando el espíritu que se deje seducir, deslumbrados por esas emociones íntimas observadas del exterior, y nos agitan, sin convencimiento, en estas causas esenciales (todavía no perdidas).

 

Tenemos que descubrir, alrededor de nuestra vida, con serenidad, sin disimulo, conservando nuestros valores heredados; porque todavía no es tarde, aún no es demasiado tarde.

 

Debemos actualizar nuestros recuerdos, viviendo de sus enseñanzas, disfrutando cada momento, cada día, vivir los pequeños detalles como si fuera el último instante, poniendo pasión, ilusión y entrega para disfrutar de este camino que llamamos vida.

 

Palabras vanas, con un impulso perturbador y una agonía insatisfecha, tenemos que decidir qué es lo correcto, lo políticamente correcto; se ha banalizado el esfuerzo, el sentido de la vida. Es el precio de esta traición anunciada, el dominio de la ansiedad inquietante, un espasmo de incomprensión en nuestros rostros agitados.

 

 Como una pesadilla que nos oprime el corazón y nos hace un nudo en la garganta, vemos como todo se acelera, perdemos la orientación, confundidos, gesticulamos para intentar asirnos a la verdad, que se vuelve esquiva y va desapareciendo, ocultándose detrás de unas sacudidas lamentablemente convulsas, desesperadas, que producen las mentiras malintencionadas que se vuelven palabras escalofriantes.

 

Resoplando y crispado, intento gritar para aliviarme de esta sensación de angustia en la que todos los medios nos quieren secuestrar la razón. Como autómatas en frenesí en un múltiple lamento, observamos los rostros sin gesto, pobres dementes sin rumbo, azuzados por el deseo de la desesperanza; somos cómplices sin recuerdo, esperando instrucciones de una caja de plástico negra conectada directamente al subconsciente, que va apretujando el criterio y ablandando la conciencia.

 

Amargo sabor diario, una y otra vez constreñido al ser oprimidos, sin criterio; es una agresión  constante, sin ningún rigor, cada vez más débil, más contaminado y perseguido, de esta materia devastada de la que están hechas las pesadillas, que no distinguen su identidad, si no que, solo se sufre aterrorizado; seguimos renegando de esta corrupción que nos deshonra profundamente, que deforma nuestros orígenes, creando remordimientos a la sombra de nuestra pena, por no atrevernos a enfrentarnos a nuestros propios miedos.

 

¿A que saben los días ahora? Separado del contacto del sentido común, sus horas se cristalizan disociadas de la realidad, se deshacen inexplicablemente con una desesperación sin fin, buscando consuelo en ese sacrificio para conquistar la “gloria”, el poder. Y en el crepúsculo del día, lo volvemos a perder fantaseando con nuestro ego.

 

¿Por qué no reaccionamos a esta noche sin luz?

 

¿Por qué no saboreamos nuestra derrota?

 

Despierta.

 

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