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ENTRE TÚ Y YO

Ahora

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 02 de Febrero de 2023 Tiempo de lectura:

 

Ahora que la vida sigue su andadura más o menos normalizada, pienso que es bueno tener un punto de apoyo sólido. Puede ser un proyecto, una persona, una ilusión, un objetivo concreto. Estos propósitos me los hago con la intención razonable de no dejarme arrastrar por una rutina negativa, espesa. Porque los pasos diarios se vuelven cansinos, oxidados; como si acuciados por las circunstancias personales, se diera todo por hecho. Es fácil acomodarse sin pensar en la capacidad para abordar otros aspectos. La monotonía se hace vida. En este mundo convertido en una extravagancia constante, muy pocas cosas parecen llamar la atención. Y no es sencillo darnos cuenta de estas cosas. Abrumados, manipulados con tantas noticias que nos entran por los sentidos, no siempre atentos, nos dejarnos llevar por todo lo que se dice, se cuenta, se publica.


Hablo así, y escribo desde una perspectiva de muchos años vividos. Y aunque haya decidido adaptarme, comprender, dejarme hasta seducir por la rabiosa actualidad, la imaginación se ha detenido, de repente, un poco. El psiquiatra Luis Rojas Marcos no deja de lanzar consejos a los mayores. La realidad es que hay que tener en cuenta a esta parte de la población que cubre las calles. Una masa humana que no se rinde, que se cuida, gasta dinero, le interesa lo que ocurre, no quiere perder la confianza, y menos tirar la toalla. Sí, mimando la salud, incluso la belleza. Y esta persona no mira la vida como algo abstracto sino como una consecuencia más de vivir. Sin perder de vista esa delgada línea que se va desgastando. Qué se le va a hacer. Así es la vida. Nuestra razón de ser, mientras sigamos caminando.


Siempre me ha gustado aislarme en momentos de silencio interior, como una meditación donde es fácil serenar los sentimientos. Conocer la melancolía que surge de vez en cuando. Por qué no. Nadie se libra de estos tiempos de penumbras. Quién no conoce la nostalgia, que hace su aparición, que se presenta como un instante romántico, que fluye queriendo dar sentido a situaciones trascendentes. Comprendo que se necesita mucha experiencia para saber dejar en suspenso otras opciones, y creer con seguridad lo que merece la pena.


Ahora, todos opinan, todos hablan, todos tienen sus argumentos para todo. Como en la Grecia Antigua, los más sabios toman la palabra en la Plaza del Pueblo. Nos convocan a escuchar lo que más nos conviene. Vivimos en la Era de la exhibición, donde nadie guarda lo que sabe. Con la perspectiva de que todos tenemos algo que contar. Ahora nos son los actores los que se suben al escenario, cuentan una historia, o hacen un monólogo en la penumbra de las bambalinas. Ahora son los profesionales del bienestar, de la estética, de la belleza, del deporte, los que dejan la intimidad de la consulta, los focos, o el gimnasio, y se suman a la tecnología que genera influencers de masas, micrófono en mano.


Por tanto, tenemos a los mejores profesionales que nos aconsejan sobre la manera de mantenernos más o menos erguidos en esta sociedad que se ha desbordado. Nos lo recuerdan de una manera suave, que entra en el interior como un bálsamo que nos protege de caer en el vacío. Y no están equivocados. El ser humano se siente protegido ante la soledad que se enrosca, cogiendo fuerza, provocada por la desgana de enfrentarse a la realidad. Un aprendizaje duro que se consolida cuando la persona logra conocerse a sí misma. 


Como he escrito al principio, situarse en el silencio interior es complicado, pero interesante. Para muchos es una atracción irresistible porque pensando se llega a un conocimiento propio, a un bienestar conseguido por sí mismo. Saber cuándo debes estar, o cuándo debes retirarte, será algo decidido personalmente


Y hoy quiero terminar con una frase del pianista italiano Ludovico Einaudi, que he leído en algún sitio, me gusta, y ahora el encuentro apropiado para terminar:


“Cuando escucho no me hago preguntas, la música me las hace a mí”.        


¡Y siempre os estaré agradecida!

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