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ENTRE TÚ Y YO

La cantera

Juan Luis Pedreño Lunes, 06 de Febrero de 2023 Tiempo de lectura:

 

El otro día, adentrándome en las páginas de un interesante libro de David de la Garma recomendado por mi amigo Héctor sobre arquitectura de iglesias románicas, cuyo resultado podemos contemplar principalmente en las tierras de la zona centro-norte de España, me llamó la atención un hecho curioso.


Resulta que, a la hora de construirlas, existían dos personajes clave. Por un lado, el promotor o comitente, que decidía el lugar donde se habría de construir la iglesia, bien porque tenía cerca una cantera, bien por ser un sitio elevado o por existir restos de un anterior edificio pagano, y que, además ponía la pasta. Y, por otro lado, el maestro constructor. Una suerte de arquitecto, que realmente sabía cómo diseñar una bóveda, como colocar las columnas o pilares o como incorporar ventanas. Junto a él, todo un grupo de operarios de la piedra, el cemento, la madera o el hierro. Y es que el maestro constructor (director de proyecto) mandaba más que el promotor (CEO). Y de hecho, hasta se esculpían ellos mismos en las fachadas de algunas iglesias, como la de Revilla de Santullán (Palencia). Muy curioso y muy diferente a lo que sucede hoy en día.


Mientras leía, hacía una comparación inevitable entre esa manera de diseñar, desarrollar y finalizar un proyecto y cómo lo hacemos ahora. En general todo muy parecido. Igual los ordenadores, la nube, la tecnología y los avances de la ciencia, ayudan hoy un poco. Por eso se construyen hospitales en 6 días o rascacielos en 19. Lo de la Sagrada Familia, es una excepción histórica.


Pero lo que ocurría en la edad media era curioso. Mientras la medicina se transmitía a pupilos, para difundir y ampliar el conocimiento del cuerpo humano, las enfermedades y sus remedios, resulta que los maestros constructores de los que hablaba, eran muy celosos de su conocimiento, con el objetivo de mantener esa posición de privilegio y no tener que competir con los que trabajaban a sus órdenes. Bien calladitos, para que nos les faltara el sueldo.


En eso sí que hemos cambiado. Hoy en día, es inviable no transmitir lo que sabemos de unos a otros para garantizar la cantera que, en la siguiente generación, sea capaz de construir una sociedad siempre mejor y basada en el conocimiento. Y no digamos en la sociedad actual, con lo que llamamos competencias digitales. Porque cuantos más seamos, mucho mejor. Un ganamos todos -win win- en toda regla.


Y es que, los proyectos no pueden depender del conocimiento de uno sólo. Sería una catástrofe empresarial. Por eso las StartUps funcionan de otra manera. Cada día vemos cómo altos directivos de empresas cambian de compañía o, directamente, se van a emprender nuevas actividades, como me recordaba el otro día mi querido Rodrigo del Prado. Y, sin embargo, la vida sigue. Y la cuenta de resultados a veces ni se entera. Conclusión, que es fundamental transmitir el conocimiento. Así cada vez más gente sabrá inteligencia artificial, IoT o Cloud. La clave para gestar nuevas empresas con nuevos equipos. Sigamos creando cantera, que nos vendrá bien a todos.

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