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ENTRE TÚ Y YO

Toñi

María Belén Albaladejo Lunes, 13 de Febrero de 2023 Tiempo de lectura:

 

          Hoy me duelen los hombros. Mucho. Son la parte de mi cuerpo donde sé que se me  aloja el dolor de la pena, de la tristeza, de la ausencia.

 

         Con un ágil salto mi perro sube al sofá y coloca su hocico sobre uno de mis hombros, me alivia. ¿Cómo sabe que ahí está mi dolor? Lo miro, lloro y le pregunto: ¿Dónde está el tuyo? ¿Cómo puedo aliviarte a ti?

 

         Sonrío recordando los “puros” que me echabas cuando no atendía tus clases. “Esto es serio Belén, estamos educando a Totó. ¡Tienes que atenderme!”.

 

         Te empeñaste en que me aprendiera los distintos ladridos y su significado; que practicara los gestos sin vergüenza; el uso de “la ranita” para lograr su atención; el tono de mi voz para relacionarme con él y lo conseguiste. Te costó. No parabas de decirme “Suéltate, suéltate”

 

         Tú te reías cuando te decía: “Te llevas mejor con los perros que con las personas”. No es cierto, tenías ÁNGEL para todos. Tus ojos achinados por la risa perenne. Pensando en la tarta que ibas a hacer para celebrar todo, absolutamente todo, en el porche de tu casa y sin parar de hablar.

 

         Nosotros, los de “dos patas”, nos seguiremos relacionando en abrazos y miradas de consuelo,  acordándonos de ti. Cada uno, a su manera, tratará de disolver el dolor que ha provocado tu muerte. Todos llevamos en la mochila ausencias y hemos aprendido, de una forma u otra,  a decir adiós.

 

        Miro a Totó,  vuelvo a reír recordando que le llamábamos, las dos, “El tractor”,  y  me pregunto cómo te va a decir adiós, cómo será su manera de adaptarse a tu ausencia. La de él y la de tantos perros a los que has cuidado, educado, disfrutado y amado.

 

         Acaricio su pecho y gime, me mira fijo, me lame la mano, mueve la cola. Ahí está su dolor. Sigo acariciándolo mientras te nombro y se vence a la caricia. Ojos tristes.

 

        En nombre de Totó, de Moli, de Lobo, de Bruno, de Bimba, de Tango, de Zoe, de todos “los cuatripatenses” (te divertía que dijera este palabro) que han tenido la suerte de cruzarse contigo, sentados en posición de quieto, liderados por Pakito y Rasta, me permito escribir su adiós:

 

“¡Guauuuu, Guauuuu, Guauuuu, Guauuuu!”

 

      Un ladrido largo y sostenido, prolongado e ininterrumpido. Llega seguro a ti.

 

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