Cristo del Refugio, Murcia
En apenas unas semanas, Murcia volverá a oler a azahar, signo inequívoco de que unos días después será el olor a cera el que impregnará iglesias y calles, las túnicas saldrán de sus armarios y pasarán por la plancha, los cofrades comenzarán a sentir ese hormigueo en el estómago, las camareras prepararán su labor, el personal auxiliar esperará la última llamada, los coros y las bandas volverán a repasar el repertorio… y así sería imposible enumerar todos y cada uno de los efectos que provoca la Semana Santa. No solo en Murcia, en Cartagena, en Lorca… sino en cada localidad donde un Cristo, una Virgen, un carro de bocinas, una cruz guía o un piquete militar salga a la calle.
El año 2022 –dicen- fue el de la relativa vuelta a la normalidad tras dos de ‘parón’ por la crisis sanitaria; y 2023 debería ser el de la normalidad absoluta: sin mascarillas en los portadores de tronos o los timbaleros de las bandas musicales…
La pandemia también dejó su cicatriz en la vida de las cofradías, como en cualquier otra actividad. En agrupaciones y hermandades se han notificado bajas de hermanos. En unos casos por que los dos años de parón ‘enfriaron’ el ánimo. Y este fenómeno ha sido más evidente en las grandes cofradías, en las que la tradición se fue pasando de padres a hijos hasta que algunos jóvenes han renunciado a volver a ponerse la túnica que vistieron sus antepasados. En otras cofradías de más reciente creación y de menor volumen de miembros, el ‘efecto’ ha pasado más desapercibido y, especialmente, debido a que la inscripción del cofrade fue un acto reflexionado.
80 Aniversario
Este es el caso de la Cofradía del Cristo del Refugio, de Murcia, que en 2022 y 2023 está celebrando su 80 aniversario. Constituida en plena posguerra, sus cofrades son ‘fieles’; y la pandemia apenas les supuso perder en torno a un 5% de los penitentes. “Un porcentaje muy bajo en comparación a otras hermandades”, afirma su hermano mayor, Ignacio Sánchez Parra.
“En un principio temimos que la marcha de hermanos podía ser más alta, y estamos satisfechos”, asegura.
Una consecuencia directa de contar con menos cofrades es la económica. La tesorería siempre se resiente, y aunque los dos años sin procesionar ha supuesto un cierto ahorro, las cuotas de los hermanos y el pago de las ‘contraseñas’ de salida son los principales ingresos de las cofradías.
Los ahorros en esos dos años fueron evidentes: ni se realizaron contrataciones de coros ni compra de cera ni fue preciso ‘reclutar’ a personal auxiliar y tampoco hubo grandes desembolsos en flores. Sánchez Parra reconoce que esos ahorros han permitido reducir el ‘agujero’ que los actos del 80 Aniversario han dejado en las cuentas anuales.
Estas agrupaciones se gestionan al igual que lo hace una empresa; y los últimos años, además, obligadas a llevar un sistema de contabilidad concreto que es auditado.
Tras el tiempo de ‘ahorro’ y los gastos extraordinarios por los actos de conmemoración de la fundación en 1942, esta cofradía – como el resto- se enfrenta este año a la subida de precios. La inflación generará nuevos quebraderos de cabeza a los tesoreros.
Hablamos del Cristo del Refugio, tomada como ejemplo por su especial circunstancia este año, pero estos apuntes pueden extenderse al resto de agrupaciones y hermandades.
Cuenta Sánchez Parra que las velas se han encarecido en un 50% y que su presupuesto para cera este año alcanzará los 1.800 euros; una cantidad nada despreciable para una cofradía de 705 miembros que abonan una cuota anual de 35 euros y otros 25 como cuota de salida los aproximadamente 320 penitentes que desfilan en la noche del Jueves Santo. Con estos datos es fácil hacer un cálculo de los ingresos, a los que se debe sumar la aportación que cada año realiza el Cabildo Superior de Cofradías procedente de la subvención del Ayuntamiento por el canon que cobra del alquiler de sillas.
En 2022, la subvención municipal al Cabildo de Cofradías fue de 125.000 euros a repartir entre las quince cofradías de la capital.
Si las matemáticas no engañan, los ingresos por los distintos conceptos aún son insuficientes para cubrir un presupuesto anual que en el caso del Cristo del Refugio ronda los 40.000 euros.
¿Cómo se cubre el déficit? Las distintas cofradía cuentan con donantes que por promesa o tradición familiar cubren algunos gastos como pueden ser los arreglos florales de los tronos. Sin ellos sería complicado sacar una procesión a la calle salvo que fuera a costa de subir cuotas a los nazarenos.
Otro dato que ayudará a comprender la economía de una cofradía como esta es que la contratación de los coros para la procesión ha subido un 20% y ya ronda los 6.000 euros en una sola noche.
A pesar de las dificultades, cofrades como Sánchez Parra dan los sacrificios por bien empleados cuando se alcanza el objetivo de la meta.
Para los cofrades del Refugio, el Jueves Santo es la culminación de un proceso que ha durado un año entero; si bien la vida de la cofradía no está marcada únicamente por la procesión. El pasado sábado 18, la cofradía hizo público el 25º número de su revista Silencio. La publicación fue presentada por Encarna Talavera y Curro Piñana dio un recital.
Para el sábado 18 de marzo, la cofradía pondrá fin al quinario en honor al titular con un Oficio de Tinieblas que será cantado por la coral Discantus en la iglesia de San Lorenzo.

