
Dedicado a mi madre, que ha cumplido 97 años.
A estas alturas la vida se ve distante, maravillosa, dura y muchas veces hostil, pero seguimos asombrándonos ante esas pequeñas cosas que nos deja el olvido, villano acumulativo de risas, de dolorosa energía succionada. Ante este peligroso deseo de viaje de desaparición, nos sentimos llenos de pánico, nos recuperan unas manos amables y tiernas, asiéndonos, rescatándonos de la niebla que acecha en nuestro sueño amenazante, dando la bienvenida a esta peligrosa noche oscura.
Veo a mi madre, como una triste soledad pospuesta, como un pequeño haz de luz en las sombras, escalando con la poca lucidez que le queda. Está agitada como una ráfaga de experiencias; de pronto, se van tensando sus músculos faciales, sin reposo, indicando la perdida de flujo de su inevitable conciencia.
Años de convalecencia frágil, vivencias al borde de su cama: son señales de que un rápido e imperceptible flujo las hace opuestamente irreversibles.
![[Img #96144]](https://murciaeconomia.com/upload/images/02_2023/5569_menarguez.jpg)
'Soledad'
Técnica mixta sobre tela
0,60 x 2,00 m
Qué compleja comunicación sin compartir sus experiencias, involuntariamente olvidadas, abandonadas, en el mismo filo de la noche que las ve crecer sobre el horizonte, insensible.
Después de estos gestos hostiles, vuelve distraídamente a la realidad del momento. No entiendo estos sucesos, quizás son sedimentos del pasado, batallas emocionales vividas, sufridas, que le hacen regresar una y otra vez a ese pasado o al futuro incierto de su memoria. Trasferida en estos momentos de recuerdos recurrentes, aún frescos, por la inercia del tiempo ¡su tiempo!
Ahora, su mirada se vuelve reconocible y alegremente abre sus relucientes ojos verdes, para dedicarnos una amable sonrisa desde su profunda ensoñación, interrumpida en ciertos momentos por la soledad que, ocasionalmente, la visita y la margina. Es en este escenario dramático, donde transita su vida, en este espacio sin recuerdos, sin percepción de sus sueños vacíos, detenidos en esas mismas paredes que la acogen.
Pobre equilibrio inestable, desigual, invitándola de nuevo al sueño; se pierde durante el día y encuentra insensible la tarde, no existe lógica en este laboratorio que es el tiempo, no sabemos verbalizar sus experiencias, ni siquiera exponerlas.
El espacio está vacío, la inacción nos afecta a nosotros, sus hijos. No sabemos cómo habitar en su mundo ¿Qué realidad vive? ¿Cómo liberarla de ese tránsito? ¿En qué límites se mueve su día?
Finísima línea que no sabemos transitar, sólo la cruza ella, sin reflexión, arriesgando su memoria, su tiempo. Siempre ha sido presumida y con una sonrisa aborda su manera de coquetear con las sombras, que son cómplices y espectadoras de esa vida compartida, de ese ensueño que no termina.

