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ENTRE TÚ Y YO

Barça y Compliance

Lucio Fernández Lunes, 27 de Febrero de 2023 Tiempo de lectura:

 

En las últimas semanas el mundo del fútbol ha saltado por los aires. El diario El Mundo publicó, en exclusiva, un presunto caso de corrupción que implicaba de lleno a uno de los grandes clubes de fútbol del planeta: el Barça. El “caso Negreira” como ha sido nombrado. 

 

Según este diario “el ex árbitro de Primera y ex presidente del Comité de Árbitros cobró regularmente, durante 17 años y a manos de cuatro presidentes del club catalán, 6,6 millones de euros por servicios de muy difícil explicación, que están siendo investigados por diversos estamentos jurídicos y deportivos.

 

El FC Barcelona entregó a la Agencia Tributaria un paquete de 33 facturas emitidas por Negreira durante la presidencia de Josep María Bartomeu, cuyo concepto era la "elaboración y envío de vídeos técnicos al club", o simplemente "asesoramiento de vídeos técnicos".

 

Los servicios de Enríquez Negreira arrancaron en 2001 durante la presidencia de Joan Gaspart, siguieron con Joan Laporta, Sandro Rosell y llegaron hasta Josep María Bartomeu, quien dejó de pagar a Negreira en 2018, coincidiendo con su salida de la vicepresidencia del Comité Técnico de Árbitros.

 

Un caso que sacude tanto al Barcelona como al estamento arbitral.

 

Cuando hablamos de corrupción lo hacemos necesariamente de Compliance o Cumplimiento Normativo. El Cumplimiento Normativo es un término no muy conocido en el tejido empresarial español, quizás porque no ha sido lo suficientemente explicado o porque no ha afectado de manera importante a las organizaciones.

 

Ahora, con este caso, está cobrando mayor publicidad y relevancia.

 

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El Cumplimiento Normativo es un modelo que incluye medidas que garantizan que ni la empresa, ni cualquiera de sus trabajadores, ni ningún afiliado viole las reglas y las normas aplicables. Es una herramienta eficaz para que las organizaciones cumplan sus objetivos marcados, de forma legal y ética, evitando las tentaciones de elegir caminos más cortos y sencillos.

 

Los que nos hemos dedicado a esto durante algún tiempo sabemos que el objetivo de estas medidas es proteger la organización ante todo, no a los directivos que la conforman. El Compliance Officer (persona que lidera el correcto desarrollo de la política) debe actuar con diligencia, seguridad, autonomía para tomar las decisiones que permitan proteger a la empresa, sea quien sea la persona que pueda estar cometiendo un delito. Su objetivo es evitar las posibles sanciones que pueden recaer a la empresa: disolución, suspensión de la actividad por 5 años, clausura de locales y establecimientos, entre otras.

 

La ley debería ahora hacer su trabajo e investigar concienzudamente este asunto y actuar con la máxima contundencia en caso de que se haya producido un caso de corrupción que, todo sea dicho, todo parece indicar que algo hay. 


Esto no es nuevo en este deporte. Un ejemplo claro lo tenemos con la Juventus que, por un hecho parecido en 2006, fue castigada con el descenso a la serie B (la Segunda División) y perdió las ligas del 2004/2005 y 2005/2006.

 

Pero, si tan importante es la parte legal, no lo es menos la parte reputacional. 

 

La reputación es la opinión, idea o concepto que la gente tiene sobre una persona, una marca o una cosa.

 

La reputación del Barça, del estamento arbitral y del fútbol en general está en entredicho. Este caso ha hecho mucho daño y no va a ser fácil reparar la herida causada. Cuesta mucho ganarla y muy poco perderla. La sociedad quiere organizaciones que hagan las cosas bien. Quiere instituciones éticas, transparentes, cercanas, cumplidoras, que se esfuerzan por hacer un mundo mejor.

 

Es necesario establecer un modelo de gestión donde la rentabilidad de las empresas pase por tener un impacto positivo en el entorno que le rodea. Para ello, debe construir una marca sólida, fiel, amigable, cuidadosa del entorno, cumplidora de las normas establecidas, creativa, sociable, transparente.

 

Solo a través de ese camino el futuro llega y, los clientes y la rentabilidad, también. El aficionado del Barça con un mínimo de criterio siente vergüenza por lo que está sucediendo y solo le queda agarrarse a lo estrictamente deportivo. El día que el fútbol se convirtió en un negocio, la magia se acabó.

 

Ya sabemos que “cuando el capital se vuelve impaciente, el directivo se vuelve indecente” y, parece, que al Barça se le acabó la paciencia hace mucho tiempo (presuntamente).

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