
Me levanto, me empiezo a despertar intentando llegar al aseo sin tropezar mientras con algún obstáculo y que el dedo meñique del pie diga que quiere su protagonismo, aunque pensemos que no vale para nada. No sin esfuerzo llego, me dejo caer en el inodoro para aprovechar un minuto de bostezos haciendo pis y arrastrando todo el cuerpo llego hasta el espejo del baño y me miro.
Que levante la mano quien no hace esto alguna vez.
Si estas rodeado de gente al leerlo, advierte que no llamas a nadie y solo estas leyendo las paranoias del chico del pelo rojo.
Ese gran momento de mirarte al espejo, de verte y sentirte. Ese momento de empezar a hacer guiños, estirarte una arruga, pellizcarte un granillo, peinarte las cejas y lavarte la cara. Ese momento de decir: —¿Por dónde empiezo?
De ahí viene eso de ir a hacer el desayuno y pensar que lo mismo con un café las cosas se ven mejor y el personaje del espejo es otra persona que no somos nosotros.
Es el momento de suponer que, si esa arruga la tenía antes, que si esa mancha parecía más pequeña o si ese granillo lo mismo ha salido porque he comido algo que no me sienta bien, e incluso nos venimos arriba imaginado que aún tenemos quince años y vamos al instituto.
Quien le iba a decir a un tal Luis que antes de él hubo otros hasta llegar al XIV y que lo iban a llamar el Rey Sol, que iba a tener una piel inmaculadamente blanca y encima cuatro siglos después se huye del astro rey creyendo que esa es la única causa para las hiperpigmentaciones cutáneas buscando la piel de esos monarcas. Pues no le echemos la culpa a la gran bola de fuego solo y desvelemos juntos algunas de las causas.
Estoy seguro de que, poniendo de nuestra parte, podremos controlar la situación de ser un dálmata de dos patas.
Cada piel se mide con un baremo que se llama fototipo y son concretamente seis. Desde el fototipo I de la piel más clara con cabello rubio o pelirrojo y ojos claros, hasta el fototipo VI de piel muy oscura, cabello oscuro y ojos negros.
Los tipos de pigmentación o exceso de melanina varían desde los lentigos que son algunas manchitas oscuras localizadas, los melasmas que se localizan como sombras en zonas como labio superior, mejillas o frente, tono irregular que no es uniforme y manchas difuminadas, marcas postinflamatorias que son de lesiones como granos y quemaduras.
Localizados los fototipos de piel y los tipos de manchas, podremos saber que tratamientos podemos seguir en nuestro centro de belleza habitual.
Las causas pasan por varios procesos como adolescencia, medicamentos tipo anticonceptivos, ansiolíticos, antidepresivos y algunos más que son muy comunes.
Debemos siempre comentar esto antes de empezar un tratamiento tanto en cabina, como en casa. Imaginemos que es como tener un agujero en una manguera de agua. Donde siempre tendremos fugas por mucha agua que pase.
Otra de las causas en las mujeres es el embarazo. A los hijos los queremos mucho, pero podrían venir con el pan debajo del brazo y no con las manchas.
Y qué decir de los desarreglos hormonales como la premenopausia o menopausia. Por lo tanto, no le echemos solo la culpa al sol.
Estos antiestetismos en la piel se pueden corregir, pero debemos saber que, con todos los factores anteriores, podrían volver a asomar la nariz.
Tomemos conciencia de esto, tratémoslas si nos molestan y equilibremos los baños solares, medicamentos y demás causas.
Salgamos siempre a la calle con nuestra sonrisa y un protector solar en la piel. Pero no olvidemos que, en los lugares cerrados y si utilizamos aparatos electrónicos con pantalla o tenemos luz fluorescente, también es cuestión de aplicarnos las protecciones para preservarnos de la dañina luz azul.
Pues sabiendo todo esto, pongamos cartas en el asunto y concienciémonos.
¡Con marchitas pero felices!

