Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión | Mente sana, empresa sana
Jueves, 09 de Marzo de 2023
Roberto Crobu

Síndrome de vida de ocupada: tu promesa de infelicidad

 

 

Te habrá pasado alguna vez decir o escuchar la famosa frase “voy como pollo sin cabeza”, por parte de personas que alegan que su día a día es un continuo correr sin apenas tener consciencia de adónde va y para qué lo hace, debido a la escasez de tiempo para pausar, reflexionar y valorar la conveniencia de sus acciones.

 

Algo tétrico, por cierto, ateniéndonos a las causas por las que les suele suceder eso a los pollos. Tan tétrico como semejante si por otro lado analizamos lo que les suele pasar después a esos pollos: acaban cocidos, o asados.

 

Tal vez no sea muy diferente de lo que también les pasa a los humanos que a la larga experimentan ese estado.

 

El Síndrome de Vida Ocupada (SVO) es un particular cuadro de estrés no clínicamente tipificado en psicología en el que, sin embargo, se reconocen cada vez más personas.

 

Podría incluso definirse como un precursor del Síndrome de trabajador quemado, o Burnout, ya que muchas personas que lo experimentan hasta la cronicidad, acaban después padeciendo Burnout.

 

Este particular patrón de estrés ha sido descubierto muy recientemente, en 2011 por investigadores del CPS Research, de Glasgow.

 

Inicialmente afirmaban que la gente es cada vez más olvidadiza como resultado de nuestros estilos de vida modernos y de la "sobrecarga de información".

 

El trastorno derivado es conocido en el mundo médico como "discapacidad cognitiva subjetiva" (SCI) y también bautizado como Síndrome de Vida Ocupada ya que afecta principalmente a las personas que tienen una vida especialmente ajetreada.

 

No es casual que este trastorno sea tan reciente, desde que se extendió el uso indiscriminado de los smartphones en nuestra vidas, y el acceso invasivo de tanta información y alertas en nuestro espacio íntimo y vital.

 

El nivel de “infoxicación” hacia el que hemos llegado impide dedicar tiempo suficiente a todo aquello que no se sitúa a la distancia de un click.

 

Y lo curioso es que nuestra carga genética y nuestras capacidades de adaptación y aprendizaje, forjados a lo largo de milenios de evolución de la especie humana, se basan en programas de aprendizaje que requieren de bastante más tiempo para hacernos experimentar sensación de real satisfacción, plenitud y sentido vital.

 

Lo inmediato sólo nos proporciona placer y dopamina, pero no sensación de plenitud, que es lo que realmente nos hace dar sentido a la vida, nos hace creer que las cosas merecen la pena, nos hace experimentar gratitud, y nos proporciona felicidad.

 

Lo contrario nos convierte en yonquies de la estimulación orientada a la gratificación inmediata.

 

Las personas que cronifican el SVO, se convierten en adictos a su propia estimulación. Y experimentan incluso síndrome de abstinencia cuándo esta no se le proporciona al ritmo al que se han acostumbrado: se frustran, se aburren fácilmente, dejan de usar el aburrimiento cómo oportunidad de creatividad y experimentación, y sienten que su vida está vacía y no merece la pena. En definitiva, son más negativos y se sienten más infelices.

 

Esto es particularmente frecuente en los jóvenes y altos directivos: los jóvenes por la estimulación a las que se les acostumbra desde pequeños, con pantallas y agendas tan repletas de actividades extraescolares, cumpleaños y una vida social que inicia cada vez más temprano; los directivos por el alto ritmo de trabajo que suele suponer su función.

 

En particular, con los jóvenes sucede otra consecuencia que nos debe alarmar: al acostumbrarse a recibir inputs de información y estimulación, no solamente experimentan una merma de sus capacidades creativas; también reducen su disposición a la acción, la iniciativa y el emprendimiento.

 

Se convierten en sujetos pasivos, altamente manipulables, y con escasos recursos para afrontar problemas, dificultades, y esforzarse para conseguir algo en sus vidas.

 

Los peligros de estar construyendo de una sociedad anestesiada y dependiente son evidentes.

 

Al igual que tal vez esto explique en parte que los suicidios de jóvenes menores de treinta años hayan incrementado un 26% entre 2020 y 2022.

 

Algo para reflexionar.

 

Roberto Crobu es Psicólogo de Trabajo y Psicólogo Clínico. https://www.linkedin.com/in/robertocrobu/

 

[Img #96370]

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.