
Como ya he mencionado alguna vez hay días internacionales para todo. El pasado 3 de marzo fue el del escritor. Grandiosa tarea que todo engloba. Todo. No hay tema que se le resista al que esta labor ejerce. No hay límites más allá de la inteligencia y de la imaginación. A “La mirada felina” le encantaría poder escribir desde un tren. Sí, le gustan los viajes en tren. De hecho, ha tenido la suerte de viajar en uno nocturno desde Barcelona hasta Berna. Además, las estaciones suelen estar en el centro de las ciudades por lo que tienes tiempo de darte una vuelta y visitarlas. Son viajes lentos. No hay prisa. El paisaje se transforma mientras vas leyendo al ritmo que marcan las potentes locomotoras actuales.
Pero el tren de los trenes es el Orient-Express. Me imagino despertándome entre sábanas de fino algodón, en un compartimento de caoba, teca y marquetería viendo la vieja Europa pasar a través de la ventana. Me imagino también tomando el desayuno a base de café, zumo y croissants servido en bandeja de plata y fina porcelana inglesa. Desde su inauguración en 1883, este tren ha sido considerado uno de los más lujosos del mundo. Su destino era entonces, entre otros, la elegante capital del Imperio austrohúngaro, Viena. Allí me encontraría con Stefan Zweig, el célebre escritor era habitual del Orient-Express. Y en Viena me iría a un café a escribir y vería una exposición de Klimt, en la que me encontraría con su musa Adele Bloch-Bauer. También escucharía a Mahler. Me interesaría por el palacio natal del filósofo Ludwig Wittgenstein y por la psicoterapia de Freud. La Viena de 1900 es a la cultura lo que el Orient-Express es al lujo. Despierta Patricia, estás en 2023. Haría tiempo en el vagón bar y me mimetizaría con el ambiente siguiendo el dress code años 20 y 30 del Venice Simplon Orient-Express que va de Londres a Venecia. O el de los años 50 y 60 para evocar el espíritu de la Dolce vita en el Orient-Express del mismo nombre que recorre gran parte de Italia con 14 rutas.
En él han viajado personajes como Coco Chanel, Picasso, Mata Hari o Leopoldo II de Bélgica. Ha sobrevivido a dos guerras y a un periodo de decadencia que terminó en 2009 con un último viaje entre París y Viena. Leopoldo II de Bélgica consideraba este tren suyo, al tener acciones de la compañía lo consideraba como un negocio de la familia. El rey belga era, además, un hombre muy rico “dueño de una de las ‘fincas’ más rentables del mundo: dos millones y medio de kilómetros cuadrados en el infierno colonial del Congo”. Así lo describe Mauricio Wiesenthal, autor de un delicioso ensayo sobre el Orient-Express. También apunta que Leopoldo II no pagaba sus viajes ni los de sus acompañantes femeninas camino de los harenes de Estambul.
Y hablando del día del escritor, ¡qué decir de Agata Christie! Eligió el Orient-Express como escenario de una de sus novelas más famosas, Asesinato en el Orient Express, en la que un perspicaz Hercule Poirot resuelve un crimen en el que todos los pasajeros eran sospechosos. En El amante de Lady Chatterley, H. D. Lawrence, utilizó el tren para alguna de sus escenas. Este libro estuvo prohibido durante 30 años en Gran Bretaña dada su naturaleza erótica, pero ni qué decir que las copias clandestinas del mismo se leían ampliamente en el transcurso del viaje transcontinental. La temática de engaños amorosos en lugares rústicos era muy del gusto de la aristocracia inglesa que viajaba en el Orient-Express.
En la biblioteca de “La mirada felina” hay muchos autores del siglo XIX y del XX como Thomas Mann. Brillante escritor con títulos como La montaña mágica o Los Buddenbrook, por el que la Academia sueca decidió honrarle con el Nobel en 1929. Y en este punto voy a introducir el ya tradicional punto dulce. ¿Thomas Mann dulce? Su Lübeck natal, sí, ciudad alemana del mazapán en la que ambienta Los Buddenbrook. Niederegger, repostero local, a comienzos del siglo XIX tomó la receta clásica del mazapán (almendras, azúcar y agua de rosas) e ideó una secreta que encantó a sus conciudadanos. Asaba las almendras en calderas a fuego abierto haciendo que liberaran un aroma único. Lübeck, que perteneció a la poderosa Liga Hanseática, lidera la producción del mazapán en Alemania. La empresa familiar pervive después de 200 años, ¡todo un ejemplo! Los panes de mazapán y las tabletas de chocolate rellenas de este dulce completan el goloso elenco.
Es de justicia nombrar Toledo, ya que gracias a su herencia árabe y judía y al buen hacer de las monjas, este dulce bien puede tener su origen allí. Fueron ellas, según la leyenda, las que en un momento de escasez de alimentos elaboraron un pan de almendras hecho con una maza: el mazapán. Cristianos del siglo V a. de C. hacían ya un pan de almendras y miel. El origen es, como vemos, incierto. Sea como fuere, una ordenanza de 1615 indica a los reposteros manchegos cómo elaborar el mazapán.
La literatura nos proporciona historias que no viviremos nunca, nos traslada a sitios que nunca visitaremos y nos acerca a personajes a los que nunca conoceremos. He escogido el tren y el Orient-Express por romanticismo, por ser la Historia de Europa en su intento de dejar atrás los nacionalismos y, también, por ser fuente de inspiración de muchos escritores. Podría mezclarlos a todos como hizo Woody Allen en Midnight in Paris y hacer del trayecto un delirio que me trasladara a la Viena de 1900, por ejemplo. En el cine y en los libros todo es posible. Hasta un mazapán en el Orient -Express.

