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Opinión | Consejero Editorial de MurciaEconomía
Miércoles, 08 de Marzo de 2023
Francisco Martínez Ruiz

Dos mujeres, todos los días

 

En la víspera del 8 de marzo, ese día internacional que en estos momentos ya no se sabe a ciencia cierta a quienes, y a qué representa, tuve la suerte de mantener una charla con dos mujeres a las que frecuento -en el sentido menos inquietante del término- desde hace meses, por razones vinculadas al mundo canino.


Deseaba conocer la opinión de dos mujeres muy valientes en su día, y muy valientes también ahora, sobre este universo del feminismo, a cuya exaltación se dedica hoy en todo el mundo una jornada y miles de manifestaciones desdobladas. Todo ello en presencia de Totó.


Personas inteligentes. Belén tengo para mí que se mueve más en el campo de las ideas, de los conceptos, de lo ideal, pero lo atraviesa con un sentido común y una orientación entre práctica y simplificadora que la hace representar, para mí, un resumen claro y evidente de lo que significa una persona, mujer en este caso, con criterio. Sostenía que todo lo relacionado con la mujer no debía tener otro tratamiento que la naturalidad, precedida de la normalidad y atornillada en la igualdad.


Por tanto, no era partidaria de las reivindicaciones extremistas, extravagantes, o directamente federadas. 


Consuelo ofrece en mi opinión una visión analítica de todos los asuntos, y de este que tocamos hoy en particular. En atención a ello su posición era la de diseccionar lo que representan avances en la lucha por la igualdad técnica entre hombres y mujeres, y lo que no lo son. Aplica la regla “el hombre ve lo que hay, y la mujer nota lo que falta “. 

 

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Tras estas disquisiciones, que parecían obligadas por agenda, me dediqué a observarlas mientras hablaban. Una mujer relatando un viaje puede llegar a un grado de minuciosidad antropológico-forense. Dos mujeres haciendo lo propio no son superadas por los guionistas del Ala Oeste de la Casa Blanca. Pero era divertido. Era muy divertido porque en el relato afloraba un torrente tan rico en matices que un hombre no alcanza a formular, y que eran producto de esas dos formas de ser de estas dos compañeras de charla. Cometí el error de preguntar por algún otro viaje, y ya directamente reviví América Central en modo arteriográfico. Pero una cosa advertí a lo largo de la conferencia: el cariño y el amor con el que la exposición era combinada formando un admirable dúo. Me dijeron que les sorprendía que un hombre tuviera capacidad de escuchar -que se supone es virtud femenina-, pero es que yo estaba escuchando el libro de viajes, si, pero estaba viendo otra cosa.


Veía que no puede haber para el hombre una satisfacción mayor que disfrutar de una conversación inteligente con una, o con dos mujeres. Con tres, ya me caben dudas. Y que no puede haber circunstancia tan grata -paradójicamente- como que una mujer, o dos, te concedan el privilegio de considerarte una de ellas, en términos de factibilidad de una reflexión compartida. Si a esto le sumas coincidencia de gustos en música, y lo acompañas del sublime aroma que desprende una corriente de amor entre dos personas, en este caso mujeres, pues puedes convenir en que todos los días, y no se si hoy, debían de ser el día de ellas. De Consuelo y de Belén, y de muchas más.


Estoy deseando volver a verlas. Eso sí, con una condición: No preguntaré sobre el viaje a Capadocia.

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