
La palabra útil significa producir provecho. Y si lo aplicamos a la educación de nuestros hijos lo que deseamos de ellos es que sean personas con beneficios y bienestar.
Sin embargo, la realidad es que nos encontramos con hijos que afrontan de manera ineficaz las situaciones cotidianas; guerreros inútiles con dificultad para aprender de la experiencia y para mejorarla. Pero como resulta que es probable que nuestro guerrero interior como padres tampoco sea muy útil, generalizo el artículo también a padres, veteranos de guerra en la vida.
Con la inmediatez social actual, pensar bien resulta complicado. Y más que pensar, sobre pensamos, rumiando pensamientos negativos de manera repetida en nuestro coco o proyectando predicciones catastróficas sobre el futuro. Así es, o estamos en el pasado en bucle o estamos en el futuro con drama. Pero el presente, ¿dónde está? Es curioso que el presente esté tan cerca de nosotros y no lo alcancemos.
La cabeza está continuamente buscando problemas para poder resolverlos. Y cuando encuentra uno, la mente rápidamente activa la máquina para resolver ese problema planteado. Te ayuda de inmediato pero te puede estar protegiendo con una solución que no funciona. La cabeza funciona bien, pero hace lo que le decimos. Por lo que la responsabilidad de mi malestar no es de mi cabeza sino de cómo la utilizo. Está siendo eficaz pero inútil.
Más o menos sería así, problema-solución. Por ejemplo, si tu hijo piensa que le da vergüenza preguntar en clase por si se burlan de él, su cabeza le dirá que se calle. Le ayuda a protegerse de su angustia, pero no le ayuda a mejorar sus habilidades.
Hacer que tu hijo observe su mente, lo que piensa y destape a su verdugo que le dice que no es capaz, hará que su mente trabaje para él y le prepare para la acción más eficaz. En lugar de dejarse arrastrar por sus pensamientos automáticos, que no son más que pensamientos, se comprometerá a evaluar lo que piensa para darse cuenta de lo que necesita. Aunque tenga vergüenza en preguntar y ante el riesgo de que se burlen, lo que necesita es resolver la duda que tiene y le dirá a su cabeza “necesito resolver esta duda para el examen, aunque tenga vergüenza” y su cabeza responderá “pregunta la duda con vergüenza”. Está claro que la vergüenza no se le irá, por eso tiene que hacerlo con vergüenza, pero ha dado un paso diferente, con una habilidad nueva. También es cierto que comprobará que la vergüenza tras la pregunta disminuye y que ha liberado tensión con una acción diferente a la habitual, que era callarse.
Tener un pensamiento no es ser el pensamiento. Yo no soy lo que pienso, yo tengo pensamientos. Enseñar a nuestros hijos esta diferencia marca también la diferencia entre el guerrero útil y el inútil.
A veces vamos como Don Quijote, luchando contra los molinos de viento, atrapado en su mente tramposa. Os recuerdo que terminó estampado contra ellos porque los vivió como una amenaza en forma de gigantes. ! ¡Bastante inútil la hazaña!
A estas alturas del artículo te habrás dado cuenta que la mente no cuestiona nuestros planteamientos, sólo ejecuta soluciones a los problemas planteados. Su sentido del humor es escaso; y si yo le digo que soy tonto pues me responderá con un “no lo hagas”. No me va a decir “anda, chaval, inténtalo, tú puedes”.
No puedo esperar que 2+2=5. Si quiero que sea 5 tendré que observar que me estoy diciendo 2+2, para entonces cambiarlo a 2+3 y obtener 5. A veces las cuentas no salen porque estamos con el planteamiento equivocado.
Cambia la fórmula y cambiará el resultado. Observa lo que te dices y la forma de hablarte y te darás cuenta que sólo son pensamientos aprendidos que te llevan a hacer las mismas cosas. Comprométete a hacerlo y pasarán otras cosas, sin lugar a dudas.
Menos mal que tenemos un espacio de libertad en nuestra cabeza para que de manera consciente y útil podamos decidir, cambiando el problema y por tanto la solución.
Y si esta observación consciente se la enseñas a tus hijos, descubrirán su capacidad para tomar mejores elecciones, dejando atrás las reacciones impulsivas, obsoletas que el cerebro aprendió a automatizar para ahorrarse tiempo. Hacer trabajar al cerebro de vuestros hijos para que corrijan la trayectoria de sus pensamientos, es la mejor inversión para que sean libres.

