8-M marca registrada
Ha sido plenamente intencionado. He esperado a que se celebre la efeméride para escribir este artículo. Es virtud y buen criterio, aguardar a que se desarrollen los acontecimientos para emitir juicios de opinión. Lo contrario sería adivinar, prejuzgar y pecar de oportunista.
Voy a abordar esta cuestión desde el más absoluto respeto, con el firme propósito de no ofender a nadie y sin que esto reste peso a lo que quiero contarles. Deberíamos acostumbrarnos a exponer nuestras opiniones sin faltar a los que piensan distinto, empleando como instrumento la palabra y no cayendo en el insulto ni la descalificación.
Si alguien pregunta o está preocupado por mi condición, aclararé que soy hombre, aunque creo que las opiniones deben ser valoradas por su contenido y no por el género del que lo emite.
Como persona me invade la desazón al comprobar cómo los tentáculos de la política se han adueñado de un importante “cacho” del movimiento feminista, devorándolo por completo hasta convertirlo en un títere descabezado que desfila desagrupado y sin rumbo definido. Cada bando muestra su pancarta, corea sus cánticos y exhibe sus cabezas de cartel, es@s mism@s que han generado el problema al politizar una causa tan justa, como legítima.
Esta degeneración del movimiento 8-M, empieza a parecerse mucho a la historia del ocaso del sindicalismo en España. Durante los primeros años de democracia protagonizó multitudinarias marchas y concentraciones con motivo del 1 de mayo, pero poco a poco perdió fuerza y credibilidad por el flirteo de sus representantes con la política, hasta convertirse en un día festivo para la mayoría de los españoles y paradojas de la vida, laborable para los empleados sindicales.
No quiero que el 8-M acabe convirtiéndose en ese “día festivo institucionalizado”. Me encantaría que se hablara menos del 8-M y más sobre el feminismo y la igualdad, a través de la educación, la concienciación y el respeto, sin tener que recurrir a decretos con alto sesgo político.
Desde mi propia filosofía de marketing observo claramente cómo la marca (8-M) ha eclipsado por completo al producto (feminismo). Lo ha caricaturizado y ha reducido su gran dimensión a un entorno más controlable y por lo tanto más manipulable. El primer error fue consentir que la parte política se adueñara de su relato, que clasificara o etiquetara a las buenas feministas de las que no son, simplemente por su orientación política. Que su color, el morado, se confunda con el de una formación política y que llegara a confrontar no solo a la población, sino a sus principales representadas, las propias mujeres.
El feminismo debe rebelarse contra estas malas prácticas y haría muy bien en salirse de este juego perverso. La consigna es seguir avanzando con paso firme como lo ha hecho durante las últimas décadas, sin caer en el conformismo, pero siendo justos y reconociendo los avances obtenidos. No conviene olvidar que esta lucha viene de muy atrás y que es preciso acelerar el paso conforme las generaciones se van sucediendo. Es vital apuntalar los daños estructurales que amenazan seriamente nuestra convivencia. El maltrato, la violación, el asesinato, el acoso, la discriminación laboral y salarial, la prostitución o la educación en igualdad son temas lo suficientemente serios para continuar con la lucha y no perdernos en la efeméride o el titular.
El feminismo siempre ha tenido “vetas” que le han imprimido carácter, con diferentes corrientes de opinión que tratan de resolver una desigualdad existente, que está muy asentada en nuestra sociedad. La “marca registrada 8-M” (no confundir con el espíritu del 8M) se está mostrando como una grieta o fisura que busca fragmentar y dividir. Esto suena más a la estrategia empleada por los que ostentan el poder. ¿Recuerdan el divide y vencerás del emperador Julio César?
Soy padre de dos hijas y he escuchado en infinidad de ocasiones este comentario que me jode muchísimo (perdonen la expresión): “Lo siento mucho por ti. No sabes lo que me alegro de no haber tenido hijas”. Mientras sigamos escuchando estas gilipolleces, por parte de gente que asume que debe haber una educación distinta para hijos y para hijas, no avanzaremos hasta la plena igualdad.
Desde este humilde “púlpito” animo a todas las personas, sean hombres o mujeres que diferencien lo importante de lo superfluo y vuelvan a encontrar el camino hacia el objetivo principal. Los de marketing llamamos a esto el “enfoque”.
Alumbremos bien el camino, despejémoslo de signos ambiguos, partidistas o que no sumen, no demos la voz cantante a aquell@s que están detrás del problema y construyamos sumando desde la unidad (vetas sí, grietas no). Sólo así evitaremos caer en los errores del pasado y que el feminismo se convierta en otro juguete roto de la clase política.





















