
Ocurrió durante el Imperio Romano. Resulta que, a los que hoy llamamos esclavos, en esa época se les llamó "Addictus" que venía a significar, asignado, así que cuando alguien compraba uno de estos esclavos se convertía en un addictus de... esa persona. El caso es que estos addictus se entregaban tanto a su trabajo y algunos con tanta devoción por su amo que, con el tiempo, a las personas que ponen mucha entrega al consumo de algo, drogas, bebida, tabaco, teléfono… en honor a estos esclavos y sus nombres, se les llama "adictos".
Miro la sociedad de hoy en día y la verdad… no han cambiado tanto las cosas, aunque sí los amos de todo. Ahora vivimos por y para una pantalla de seis pulgadas. La gente se sienta en bancos a mirar un teléfono y se pierde el vuelo de los pájaros, los veo andar por la calle, pasear al perro, comer con sus parejas y apenas las miran, adictos a fin y al cabo. Siempre les digo a mis hijas que si miran hacia abajo… se perderán las estrellas.
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A las empresas de publicidad nos viene genial, compramos la información necesaria, y les impactamos con impresiones, cada vez más logradas y espectaculares, mientras navegan con sus teléfonos. No hay red social, correo electrónico o página web que no tenga publicidad a través de agencias como la nuestra. Además, publicidad que es enormemente afín a los gustos de los que usan estos teléfonos, porque hemos comprado su navegación móvil, gracias a haber aceptado cookies o las condiciones de alguna aplicación, y sabemos exactamente qué le gusta a cada persona y les impactamos con publicidad con la que se sienten más identificados.
Nos volvemos tan adictos al teléfono que nos convertimos en sus esclavos y claro, tantas horas conectados a la red nos resta horas para conectarnos a la vida. Seis horas y cuarenta y tres minutos es la media diaria de una persona conectada a internet durante el 2022, si a esto le sumamos las horas de sueño, la cifra es preocupante. Conclusión, que poco tiempo le dedicamos a vivir.
Pues lo digo aquí y ahora, yo me declaro adicto a la vida, a las buenas conversaciones, al deporte, a la naturaleza, a pasear y saludar a todo el mundo que conozco, a mirarlos a la cara durante un café sin mirar ninguna pantalla, simplemente a prestarles atención, conversaciones de calidad. Mucha gente me pregunta cómo hago para hacer tantas cosas, trabajo, deporte, teatro, escribir libros, ser padre, marido, contar historias… la clave es esa, soy adicto a la vida, y no pienso desengancharme, ¿te apuntas?
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