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ENTRE TÚ Y YO

Retazos de la semana

Gabriel Vivancos Miércoles, 29 de Marzo de 2023 Tiempo de lectura:

 

Buscando en mi memoria sobre qué escribir esta semana, he recordado varios momentos que me han conmovido o al menos dejado una huella lo suficientemente profunda como para que aún no se haya borrado. 


No se trata de realizar un listado de eventos ocurridos en la semana sino de encontrar aquellos detalles que, aunque a veces nimios, me han hecho parar un segundo la vorágine cotidiana para contemplar la vida desde otro punto de vista más sosegado y abierto. 


Y es que a veces va todo demasiado deprisa, vamos demasiado atropellados, tanto que se nos escapan los que sean, quizá, los detalles que más reconfortan el alma.


El primer momento que viene a mi mente es el de una película basada en hechos reales, titulada “Quo vadis Aida”. La tenía grabada, aunque según creo la echaron por La 2 no hace mucho. 


Se trata de una película bosnia que trata de la lucha de una intérprete de la ONU por salvar a su familia del genocidio de Srebrenica perpetrado por las tropas del ejército de los serbios de Bosnia. La madre y esposa tiene muy cerca la salvación de los suyos al formar parte del personal de Naciones Unidas, pero en una guerra nada es fácil y todo se va complicando. No voy a revelaros el final por si alguien quiere verla, pero sí os diré que retrata muy bien la lucha de una madre por su familia y la maldad que el ser humano puede llegar a albergar en su interior, capaz de lo mejor y de lo peor a la vez. 


Tras verla con mi pareja nos abrazamos porque los dos fuimos nuevamente conscientes de lo afortunados que somos, pero sobre todo sentimos miedo a perder lo que tenemos como lo perdieron aquellas pobres gentes de Bosnia. Advertimos con temor la facilidad con que la fortuna puede cambiar. Todo es un accidente, todo puede pasar, todo puede cambiar. 


No me gusta ver este tipo de películas porque me conmueven demasiado, pero en ocasiones creo que es bueno para poder apreciar y sentir lo que se nos ha dado.


Otro momento para el recuerdo semanal lo he encontrado en una serie de videos que me ha mandado mi amigo de la infancia Pedro Antonio


Resulta que esta semana visitó el colegio donde ambos estudiamos hace ya más de treinta años. Él desde que terminó sus estudios no había vuelto y tuvo la excelente idea de grabar partes de su visita y compartirlas conmigo. 


Sus comentarios unidos a las imágenes de aquel patio o de aquellas clases indemnes al paso del tiempo me transportaron a otra época muy feliz en la que yo era el cuidado y no el cuidador. Me volví a sentir niño por un momento y en tropel se arremolinaron recuerdos de infancia y adolescencia: partidos de fútbol, risas con amigos en los recreos, profesores severos, nervios de examen y la cara de compañeros de clase, muchos de los cuales, aún me acompañan en el viaje. Los amigos de la infancia son algo especial, han estado ahí toda la vida, es como si no los hubieras elegido.


El último recuerdo de esta semana que aún me acaricia fue en el camino al trabajo:


Las siete y media más o menos. Un frío espeso que cala. El sol aún por salir y mi cabeza en modo estrés repasando mentalmente las obligaciones pendientes, volando más que caminando. A lo lejos veo a una pareja. Él invidente apoyado del brazo de ella. Son de mediana edad. No paran de hablar y sonríen con frecuencia. Cada vez están más cerca de mí. La gente les pasa por derecha e izquierda, pero yo tengo el privilegio de verlos de frente. Cuando están a mi altura compruebo la mirada de él. Es una mirada de amor, de alegría, de abandono en el ser querido. Es sólo un pequeño instante, pasan a mi lado sin advertir mi presencia. No sé por qué, pero me conmueve, pienso en mis propios sentimientos y me siento feliz. Continúo mi camino, pero una sonrisa relaja mi adusto rostro.    

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