
Emprender es una meta. Es el título, que hace desde hace ya muchos artículos, encabeza esta sección de Murciaeconomía. Un título que cada vez más se consolida como una realidad indiscutible. Porque emprender y crear startups y hacerlas crecer es una actividad que nos gusta y que agradecemos. Todos admiramos a los que sacrifican parte de su vida en emprender. Un camino duro y de una gran incertidumbre. Con un porcentaje de éxito muy pequeño, cuando las personas, normalmente muy formadas, que hay detrás de este talento y esta creatividad podrían vivir más cómodos en trabajos por cuenta ajena. En otras empresas creadas por otros y con equipos montados. Sin tener que hacer frente a gastos y nóminas de los suyos, ni obtener ingresos obtenidos de ideas innovadoras que puedan o no tener recorrido.
Pero hay una segunda derivada que hace que la labor del emprendedor sea aún más dura. La falta de desconexión digital. Y me gustó un artículo escrito por mi estimado José Varela sobre ello, en el que mencionaba que más de un 75% de trabajadores no desconectan después de salir de la actividad laboral. Con sus consiguientes episodios de ansiedad. Una espiral imparable que no suele terminar bien.
Siempre he pensado que deberíamos encontrar la forma de compaginar la actividad digital con la puramente física. Y eso parece que no va con crear StartUps y que tengan éxito. AL menos no en esta época de transformación tan acelerada. Y dando vueltas a todo esto, me encontré con un término que me acercó mi, también estimado, Alfonso González. Una palabra un tanto rara pero que me parece muy acertada. Una receta para poder compaginar nuestro día a día en ambos mundos. Esa palabra es FIGITAL. Una unión forzada entre lo FIsico y lo diGITAL pero que significa mucho. Les explico.
Es una forma de definir algo que llevo tiempo escribiendo. Que hay que aumentar la tecnología pero reducir los hábitos digitales. Algo similar pero explicado desde otro punto de vista.
La idea es que, en la era de la transformación digital, tengamos toda la tecnología a disposición para que podamos utilizarla para nuestra actividad laboral y, como consecuencia de ello, poder desconectar y dedicarnos justo a lo contrario. Y aquí valen todos los dispositivos y tecnologías, pero cuando toque. Para que cuando queramos ir a teatro, al fútbol, a cocinar, al cine o a cenar, la desconexión digital sea total. Y también para poder desconectar incluso dentro del trabajo. Poder dedicar tiempo a recorrer empresas, ferias, congresos o simplemente a pensar y crear, o a escribir un libro. Algo que en algunas grandes compañías ya es habitual, pero que deberíamos ser capaces de hacerlo en las más pequeñas. Sobre todo, en las que surgen del emprendimiento más ilusionante. La ansiedad y la productividad no van de la mano. En cambio, la creatividad y la relajación, sí. Y como tenemos la tecnología para que nos ayude, pues no parece difícil. Cuanto antes empecemos a ponerlo en práctica, antes se producirá el efecto dominó. Y entonces emprender tendrá otro aliciente. A por ello.

