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Opinión |
Viernes, 21 de Abril de 2023

La psicología coaching, con nombre y apellido

 

Diego A. Yepes 
Psicólogo Coach Acreditado
 

 

[Img #97132]Piense en ud. cuando le llaman sólo por el apellido: Sr. García, Ruiz, Moreno, Romero…, o Cánovas, Aguado, Carrión, Vicente, o Rodríguez, González, -y todos los derivados de nombres como “Martín, Fernán, Gonzalo, Rodrigo, Domingo”, etc.... Se refieren a ud., pero realmente citan la rama familiar que identifica su estirpe, el 'clan', por así decirlo, al que pertenece aunque no haya consanguinidad demostrable y no conozca, tras siglos de registros parroquiales, ni al 0,001% de sus miembros correlativos. ¡Vaya ud. a saber quién fue su tatara-tatara-tatarabuelo, de quien disfruta su apellido! E igualmente sucede con el apodo, cuya definición según el Oxford Languages es: Nombre que se da a una persona en vez del suyo propio y que, generalmente, hace referencia a algún rasgo, cualidad o característica particular que lo distingue. El apodo, de uso común en los entornos rurales como nominación de pertenencia grupal y generalmente único modo de identificación familiar -porque por su nombre propio y sus apellidos nadie le reconoce; es una etiqueta que, como el apellido, poco y nada tiene que ver con su identidad personal salvo que sea el primero a quien se la colocan sus cohabitantes, y que, en el mejor de los casos, refuerza su nombre como distintivo, pero compartido. 

 

En suma, apellidos y apodos son etiquetas heredadas –también muchos nombres hasta hace relativamente poco-, desde antes de su nacimiento, que no dejan de ser añadidas a un Nombre algo más sustancial y con un contenido que la persona que lo ostenta define para sí y que los demás reconocen, dándole una proyección social genuina y llena de autenticidad individualizada pues, aunque se repita en otras personas, reviste condiciones tan peculiares que le confieren unicidad e irrepetibilidad. Tal es así que desde antiguo se otorgaba como representación de una cualidad: “el menor”, “la que escucha”, “hombre de gran espíritu”, “la que tiene el pensamiento claro”, “el defensor de todos”, “compasiva y benéfica”, “el que viene del mar”, “hombre libre”, “aquel que es amado”, “aquel de inteligencia clara”, "Dios es mi juez", “grande”, “espuma del mar”, etc… Sustantivos que se usan para designar a personas, lugares, eventos, empresas o cosas con un nombre singular (Wikipedia). 


El nombre, su nombre, aunque lo eligieron otras personas por ud., generalmente sus padres, y más aún si lo cambió voluntariamente por cualquier motivo, le confiere una identidad que le representa más allá de la identidad prestada de su apellido o su apodo. 


Si está de acuerdo conmigo en lo expuesto es posible que a la hora de hablar de Comportamiento Humano prefiera la Psicología al Coaching, la Ciencia demostrable al “puzle de conceptos y técnicas” ─pese a que el 70% lo aporte la Psicología, y el resto la Filosofía y el Management- y de la autenticidad a lo genérico, con el mayor de mis respetos. Sin embargo, tampoco se trata de despreciar las aportaciones del Coaching, y de hecho es mejor van de la mano como Psicología Coaching, porque se refuerzan mutuamente y el resultado es aún más eficiente… ¿No le parece? 


Créame, facilitarle a uno una nueva manera de ver las cosas, sus inquietudes por mejorar su vida, sus ambiciones, sus mañanas, desde la evidencia científica y la experiencia que ofrece la Psicología Coaching ofrece más garantías de éxito que opciones parciales y superpuestas derivadas de un “como si fuera psicólogo”, por muy “instruido” que se considere después de un curso más o menos largo ─que no es lo mismo que un grado o licenciatura universitaria-, y se atreva a coachear despertando emociones desde el “tú puedes”. ¡Ojo! No vaya a ser que por tocar “fibras” inadecuadas, indudablemente con la mejor intención, se desencadenen reacciones difíciles de controlar. 


¿Podría ud. su joya más preciada en manos de un aprendiz de herrero? 


Diego A. Yepes 
Psicólogo Coach Acreditado
 
'40 años humanizando empresas' 

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