
Vacío, del latín vacïus, es la ausencia total de materia en un determinado espacio o lugar. Desde la Grecia antigua hasta el siglo XVII esta palabra se estudió empíricamente, solo basado en la propia experiencia, sin necesidad de otro tipo de información. El vacío como condición humana, es el sentimiento de apatía, aburrimiento social, desesperanza y soledad, propenso a desórdenes emocionales.
Como creencia de ideas, y no de ciencia comprobada, el vacío, me sugiere la palabra Zen (meditación) que se fundó como escuela de budismo en la China de la dinastía Tang. Sus enseñanzas se dirigen hacia la verdadera naturaleza de las cosas. Una transmisión especial fuera de las escrituras, que no se basa en las palabras sino en la sabiduría que se busca más allá del discurso racional. Una tradición filosófica budista que se ha extendido por todo el mundo oriental y occidental. Si el vacío es la carencia de materia, la página zen es vacío en cuanto que es la ausencia de ideas; pero sabiendo que es una página en blanco, con todas las posibilidades por descubrir.
Es por eso que quien no evoluciona en la vida es porque se aferra a un vacío, como una página mal escrita, con ideas establecidas, que nadie podrá cambiar. Un mundo a medida con un débil argumento que lo sostiene. Hay que aceptar que el conocimiento nos completa, que la mirada se dilata para discernir las cosas que van apareciendo, y, por suerte, aprenderemos a entendernos mejor. ¿Qué sería de nosotros si nos mantuviésemos inflexibles ante los cambios?
Descartes, en su maravilloso libro “El discurso del método” disecciona de una forma innovadora, en su tiempo, argumentos para determinar todo lo que le rodea. Necesita una conciencia superior que le ayude a solventar sus propias reflexiones metafísicas; comprender cómo ha de ser su paso por el mundo. Y decide aislarse de todo para construir un gran acontecimiento que cambiará el modo de pensar. Descartes está considerado el padre de la geometría analítica, y de la filosofía moderna. Protagonista de una colosal revolución dentro de la ciencia y el pensamiento. No solo reflexiona sobre lo que constituye un cuerpo, sino que ese cuerpo existe como un ser que piensa y trasciende. Y demostró que dudar también es un modo de pensar. Con su Método se alejó de la tradición para construir un nuevo modelo sobre la base de la razón y las matemáticas. Con un gran sentido común, investigación, ciencia y una inteligencia privilegiada, puso en marcha una maquinaria para lograrlo. No le bastaba con seguir las normas al uso. Necesitaba poner a prueba su poder para crear su propio comportamiento en la vida. Un método de su propia experiencia.
Por eso el refugio de una hoja de papel que se va llenando de palabras, es como la lluvia torrencial que da paso al arco iris, como diciendo -me voy, os dejo lo mejor de mí-. La naturaleza nos informa, leemos sus palabras que nos indican qué va a decirnos el cielo. Sus señales son inequívocas, solo hay que mirarlo y esperar que hable, como decía un pastor con gran experiencia, a pesar de su juventud, acostumbrado al silencio, a la plenitud de una soledad llena de sentido y agradecimiento.
Cuenta Murakami que en una ocasión coincidieron Joyce y Proust, en un restaurante de París. Sentados en mesas cercanas, sabiendo cada uno quién era el otro, ante la expectación de comensales y personal del establecimiento que esperaban emocionados que se acercaran, hablaran, debatieran. No pasó nada: ninguno se dignó dirigir la palabra al otro. Pensó Murakami que sería el orgullo lo que les impidió mantener una simple charla entre escritores. O también, es posible, pienso yo, que fuera la discreción de los tímidos.
Los genios nos dan pequeños toques para decirnos que en la vida hay que evolucionar. Aun así, todos tenemos un lado indeciso que nos impide dar un paso adelante, fuera de lo que está establecido. Sin embargo, pensar nos abre caminos propios a seguridades de gran importancia para no dejarnos arrastrar por objetivos ajenos. Conocer la estrecha franja que une el vacío con la imaginación, será como encontrar un pequeño método que nos acerque a nuestro propio pensamiento.
Si quieres estrujar una cosa, procura que antes se dilate.
Si quieres debilitar algo, procura que cobre fuerza primero.
Lao Tsé

