Salud mental en el trabajo: incómodas verdades
¿Te pasó alguna vez sentir tristeza o preocupación por motivos laborales?
¿Te gustaría dejar de sentir esos estados para siempre?
¿Dejarlos atrás de una vez y olivarte de tanta incomodidad?
¿Sentir alegría e ilusión todos los días cuando te dispones a pensar en el trabajo?
Bien, entonces estás leyendo el post correcto para que abandones de una vez esa falsa expectativa.
Abandona toda esperanza de conseguirlo.
Hoy te voy a hablar de Salud Mental en el trabajo desde otra perspectiva.
Para ello aprovecharé la reciente publicación de un importante periódico digital especializado en recursos humanos que divulgó recientemente a bombo y platillo una infografía sobre el tema de moda de la salud mental en el entorno laboral.
Los datos que acompañaban esa publicación, decían lo siguiente:
“Así está la salud mental de los trabajadore en España”: 35% de los trabajadores se siente triste a diario; 6 de cada 10 trabajadores se sienten nerviosos a diario. El 50% tiene problemas de sueño.
A excepción de los problemas de sueño, que pueden considerarse trastornos a todos los efectos, me sorprendió que la publicación hiciera referencia a la tristeza y el nerviosismo.
Si bien es cierto que herramientas de medición psicosocial, cómo el F-Psico, usan variables cómo la tristeza, el nerviosismo, la baja moral, la infelicidad y la intranquilidad cómo indicadores de alerta de salud mental, me resultó chocante que el término salud mental se asociase a estados tan naturales como la tristeza y el nerviosismo.
Tal vez lo no natural sea experimentar la tristeza y el nerviosismo a diario y eso no debe de considerarse sano, pero que duda cabe de que entre sentirse así y atribuir ese estado exclusivamente a cuestiones laborales, el salto especulativo puede ser falaz y es merecedor de hacernos reflexionar un poco.
La salud mental en el trabajo es algo más complejo que la simple tristeza o nerviosismo y no debemos correr el riesgo de banalizarla asociándola a estados que pueden experimentarse a diario, varias veces y por muchos motivos.
Concretamente, la tristeza y el nerviosismo son estados emocionales naturales en el ser humano. Tal vez incómodos cuando los experimentamos, pero no debemos confundirlos con problemas de salud menta en sí, ya que forman parte del proceso de la vida y del día a día en cada ser humano, independientemente del contexto.
Tienen la función adaptativa de hacernos buscar las mejores estrategias para superar las dificultades. En este sentido nos ayudan, (sobretodo a reflexionar) más que dificultarnos la vida: lo que nos dificulta la vida son más bien los problemas que los originan, y tal vez tengamos que poner nuestra atención en resolver esos problemas, más que despistarnos con la ilusoria y falaz expectativa de tratar de borrar esas emociones de nuestro día a día.
Rechazarlos creyendo que son algo malo, supone una merma de nuestras facultades emocionales y nos incapacitará para elaborar estrategias de afrontamiento de problemas.
Además puede representar un atractivo artilugio mental inventado por aquellos que sí tienen la responsabilidad de resolver los problemas que los originan, para poner en nuestras manos la responsabilidad (y autoexigencia) de hacer todo lo posible para sentirnos mejor y así desviar la atención de las que son sus reales responsabilidades.
El riesgo de patologizar estos estados y hacerte creer que son problemas de salud mental es elevado, además de banalizar la labor profesional de los psicólogos que trabajamos en entornos organizacionales, haciendo creer que actuamos simplemente para aliviar la tristeza y nerviosismo de las personas.
Los problemas de salud mental en ámbito organizacional tienen nombres como: depresión, trastornos adaptativos, ansiedad generalizada, adicciones a sustancias y conductas patológicas, ataques de pánico, fobias incapacitantes, trastornos de personalidad, control de impulsos, trastornos obsesivos compulsivos.
Todos elementos que afectan a personas indistintamente de sus roles, y que además suelen cobrar una trascendencia importante cuando afectan a roles de mando, alterando su toma de decisiones, y teniendo repercusión sobre terceros.
Esto no significa, minimizar cuestiones como la tristeza y el nerviosismo pero, desde luego, basarse sólo en ello para hablar de salud mental, tal vez resulte algo poco concluyente.
Y tú…. ¿Qué opinas?
Roberto Crobu es Psicólogo de Trabajo y Psicólogo Clínico. https://www.linkedin.com/in/robertocrobu/
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