Bolsas y economía real
Como era previsible, y como habíamos anticipado en nuestro anterior comentario, la semana de vencimiento trimestral de opciones y futuros ha terminado con los principales índices en la parte alta de la banda en la que se han movido en estos últimos meses. El impulso dado por el Bank of Japan, con su anuncio de compra de activos por ciento veintiséis mil millones de dólares, que supone la tercera entrega de estímulo monetario tras las dos decisiones anteriores del BCE y de la FED, así como las filtraciones del viernes de que España podría estar ya negociando su rescate, han compensado los malos datos económicos que provocaron cierta debilidad en algunas sesiones de la semana, sobre todo la del martes y la del jueves.
Los Bancos Centrales han sido los auténticos protagonistas del verano en las Bolsas y siguen moviendo a los inversores, como se demostró el pasado viernes, cuando los ya mencionados rumores de que España estaba negociando las condiciones de las compras de sus bonos por el BCE impulsaron muy fuertemente a unas Bolsas europeas deseosas de cerrar bien el vencimiento trimestral de opciones.
Estamos asistiendo, como consecuencia de todo ello, a un nuevo divorcio entre la situación de las Bolsas y la de la economía real. Mientras la economía real sigue débil, algunos índices, como el S&P o el Dax, vuelven a estar ya otra vez a un diez por ciento de sus máximos históricos de todos los tiempos.
Este divorcio entre las Bolsas y la realidad de la economía podría ser interpretado como una muestra más de que las Bolsas se anticipan a la economía y por tanto están ahora adelantando una eventual salida de la crisis para el año 2013 o 2014. Es una interpretación posible, pero, sin embargo, a nuestro juicio, no es la correcta. En nuestra opinión, lo que está sucediendo, simplemente, es que el dinero inyectado por los Bancos Centrales no va a la economía real, sino que se queda en los mercados financieros y de materias primas, provocando subidas de precios que son totalmente ajenas a los fundamentos subyacentes de la economía. Se crean así señales falsas en las Bolsas, que pueden mover a errores tanto a los agentes económicos como a los inversores.
Lo que estamos viendo en la economía real es que el consumo va a la baja, lo cual no es malo dada la necesidad de restablecer niveles adecuados de ahorro, y que la inversión no sube, lo cual es peor, ya que indica que las empresas no ven un horizonte de crecimiento claro por el momento. De esta forma hay un "atesoramiento" del dinero en circulación y cuando la sensación de riesgo se atenúa, esa liquidez sale de los activos "refugio" y va a activos de mayor riesgo, que son los que más han subido en el verano. Algo que ya vimos en anteriores episodios de estímulo monetario, por ejemplo, entre diciembre del pasado año y marzo del año actual cuando el BCE inyectó un trillón de euros a la banca europea a través del LTRO.
Si partimos de esta interpretación del rally de este verano, hay que analizar los siguientes movimientos de los Bancos Centrales y ver su impacto en las Bolsas y en la economía. Como decíamos en nuestro anterior comentario, los Bancos centrales son en cierto modo prisioneros de su decisión de inyectar liquidez como modelo para salir de la crisis, ya que ese es un camino de difícil retorno. Al haber creado adicción a las inyecciones monetarias entre los inversores y los agentes económicos, ahora ya no van a poder cortarlas fácilmente.
Pero es muy dudoso que el efecto de esas inyecciones vaya más allá de poner "suelo" al deterioro de la economía y a la caída del precio de los activos de mayor riesgo. Es muy dudoso que si no hay confianza los estímulos hagan crecer a la economía y, si no hay crecimiento de la economía, no parece que las Bolsas puedan romper al alza desde los niveles actuales. La confianza parece difícil de recuperar si no se rebajan los excesivos niveles de deuda y no se abordan reformas de fondo de la economía, y por eso los agentes económicos no abandonan su conducta precavida, no consumen y no invierten con alegría.
La tesis contraria es que las inyecciones monetarias "ilimitadas" del BCE y de la FED pueden iniciar un "círculo virtuoso" dando lugar a un cambio profundo de expectativas (game changer). Puede ser, pero no es tan obvio si miramos lo que ha pasado en Japón, donde las cantidades enormes de dinero inyectadas a la economía solo han logrado sostenerla, pero no hacerla crecer.
En verano las Bolsas han subido movidas por los Bancos Centrales, pero los datos económicos globales apuntan a la desaceleración. Esta semana hemos conocido varios datos malos, casi todos asociados a los PMI preliminares de septiembre, publicados por la firma Markit. El PMI chino sigue, por undécimo mes consecutivo, en territorio de contracción, es decir, por debajo de los 50 puntos. El PMI francés se ha desplomado, y el de la zona euro en su conjunto también baja, salvándose solo el de Alemania, que sube pero sigue por debajo de los 50 puntos.
Las Bolsas han resistido relativamente bien esos malos datos, en un contexto muy condicionado por el deseo de cerrar el vencimiento trimestral de opciones en niveles altos. El Dow, el S&P, el Nikkei y el Eurostoxx 50 han tenido caídas, pero muy ligeras, inferiores al 1%, y nuestro Ibex 35 y el Dax han subido, aunque también menos del 1%. La Bolsa francesa, la italiana y la china han sido algo más castigadas, al calor de los malos datos.
La pregunta, como siempre, es que hacer ahora. A falta de una semana para terminar el tercer trimestre, casi todas las grandes Bolsas, con excepción de España y China, acumulan ganancias en el año muy importantes, en muchos casos de dos dígitos. La tentación puede ser coger ahora ese tren en marcha, y eso es, sin duda, lo que han hecho muchos inversores a la vuelta del verano, prolongando así el rally de agosto, igual que el pasado año los inversores vendieron sus acciones en septiembre, al volver de vacaciones, intensificando y prolongando así las caídas de agosto. Es normal que así sea, ya que está en la naturaleza humana seguir la tendencia y sumarse a los movimientos y a las tendencias. Solo el tiempo dirá si ese arriesgado comportamiento, además de ser natural, es, a la vez, acertado.
Otros artículos de Juan Carlos Ureta
Los Bancos Centrales han sido los auténticos protagonistas del verano en las Bolsas y siguen moviendo a los inversores, como se demostró el pasado viernes, cuando los ya mencionados rumores de que España estaba negociando las condiciones de las compras de sus bonos por el BCE impulsaron muy fuertemente a unas Bolsas europeas deseosas de cerrar bien el vencimiento trimestral de opciones.
Estamos asistiendo, como consecuencia de todo ello, a un nuevo divorcio entre la situación de las Bolsas y la de la economía real. Mientras la economía real sigue débil, algunos índices, como el S&P o el Dax, vuelven a estar ya otra vez a un diez por ciento de sus máximos históricos de todos los tiempos.
Este divorcio entre las Bolsas y la realidad de la economía podría ser interpretado como una muestra más de que las Bolsas se anticipan a la economía y por tanto están ahora adelantando una eventual salida de la crisis para el año 2013 o 2014. Es una interpretación posible, pero, sin embargo, a nuestro juicio, no es la correcta. En nuestra opinión, lo que está sucediendo, simplemente, es que el dinero inyectado por los Bancos Centrales no va a la economía real, sino que se queda en los mercados financieros y de materias primas, provocando subidas de precios que son totalmente ajenas a los fundamentos subyacentes de la economía. Se crean así señales falsas en las Bolsas, que pueden mover a errores tanto a los agentes económicos como a los inversores.
Lo que estamos viendo en la economía real es que el consumo va a la baja, lo cual no es malo dada la necesidad de restablecer niveles adecuados de ahorro, y que la inversión no sube, lo cual es peor, ya que indica que las empresas no ven un horizonte de crecimiento claro por el momento. De esta forma hay un "atesoramiento" del dinero en circulación y cuando la sensación de riesgo se atenúa, esa liquidez sale de los activos "refugio" y va a activos de mayor riesgo, que son los que más han subido en el verano. Algo que ya vimos en anteriores episodios de estímulo monetario, por ejemplo, entre diciembre del pasado año y marzo del año actual cuando el BCE inyectó un trillón de euros a la banca europea a través del LTRO.
Si partimos de esta interpretación del rally de este verano, hay que analizar los siguientes movimientos de los Bancos Centrales y ver su impacto en las Bolsas y en la economía. Como decíamos en nuestro anterior comentario, los Bancos centrales son en cierto modo prisioneros de su decisión de inyectar liquidez como modelo para salir de la crisis, ya que ese es un camino de difícil retorno. Al haber creado adicción a las inyecciones monetarias entre los inversores y los agentes económicos, ahora ya no van a poder cortarlas fácilmente.
Pero es muy dudoso que el efecto de esas inyecciones vaya más allá de poner "suelo" al deterioro de la economía y a la caída del precio de los activos de mayor riesgo. Es muy dudoso que si no hay confianza los estímulos hagan crecer a la economía y, si no hay crecimiento de la economía, no parece que las Bolsas puedan romper al alza desde los niveles actuales. La confianza parece difícil de recuperar si no se rebajan los excesivos niveles de deuda y no se abordan reformas de fondo de la economía, y por eso los agentes económicos no abandonan su conducta precavida, no consumen y no invierten con alegría.
La tesis contraria es que las inyecciones monetarias "ilimitadas" del BCE y de la FED pueden iniciar un "círculo virtuoso" dando lugar a un cambio profundo de expectativas (game changer). Puede ser, pero no es tan obvio si miramos lo que ha pasado en Japón, donde las cantidades enormes de dinero inyectadas a la economía solo han logrado sostenerla, pero no hacerla crecer.
En verano las Bolsas han subido movidas por los Bancos Centrales, pero los datos económicos globales apuntan a la desaceleración. Esta semana hemos conocido varios datos malos, casi todos asociados a los PMI preliminares de septiembre, publicados por la firma Markit. El PMI chino sigue, por undécimo mes consecutivo, en territorio de contracción, es decir, por debajo de los 50 puntos. El PMI francés se ha desplomado, y el de la zona euro en su conjunto también baja, salvándose solo el de Alemania, que sube pero sigue por debajo de los 50 puntos.
Las Bolsas han resistido relativamente bien esos malos datos, en un contexto muy condicionado por el deseo de cerrar el vencimiento trimestral de opciones en niveles altos. El Dow, el S&P, el Nikkei y el Eurostoxx 50 han tenido caídas, pero muy ligeras, inferiores al 1%, y nuestro Ibex 35 y el Dax han subido, aunque también menos del 1%. La Bolsa francesa, la italiana y la china han sido algo más castigadas, al calor de los malos datos.
La pregunta, como siempre, es que hacer ahora. A falta de una semana para terminar el tercer trimestre, casi todas las grandes Bolsas, con excepción de España y China, acumulan ganancias en el año muy importantes, en muchos casos de dos dígitos. La tentación puede ser coger ahora ese tren en marcha, y eso es, sin duda, lo que han hecho muchos inversores a la vuelta del verano, prolongando así el rally de agosto, igual que el pasado año los inversores vendieron sus acciones en septiembre, al volver de vacaciones, intensificando y prolongando así las caídas de agosto. Es normal que así sea, ya que está en la naturaleza humana seguir la tendencia y sumarse a los movimientos y a las tendencias. Solo el tiempo dirá si ese arriesgado comportamiento, además de ser natural, es, a la vez, acertado.
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