
El tiempo, la luz, el aire; ¿qué medida tiene la inspiración?
Exploramos nuestra cultura como un proyecto humano, valorando conocimientos de diferentes contextos translingüísticos. Voluntariamente apostamos por la percepción que tenemos del mundo, de la humanidad. Queremos cambiar su indescifrable contenido, siempre decididos a comprender, con desesperación, que en la nada todo se absorbe, nadie se salva del olvido.
Utilizamos los acontecimientos para que penetren, que fluyan. Dejémoslos hablar y van sembrando soles, acalorando días de semillas púrpura coloreadas.
La razón, por muy insignificante e inútil que la nombremos, siempre nos obliga a reflexionar desde dentro de nuestros ojos, ansiosos, adormilados. Van camino de perderse, escuchando como si no estuvieran presentes; así, se van aliviando como adolescentes insatisfechos, irracionales, que, al tiempo fascinados, recuperan el sentido común.
Perezosamente vamos ocupando un lugar, venciendo obstáculos intangibles, pero consumiendo imaginación cada mañana.
En este momento, interrumpimos los sueños interminables, con una presencia muda, descubriendo una vibrante comunicación interior, de pensamientos mezclados, con un denso silencio creativo.
Con imaginarios goces nos vamos distanciando de la realidad, van suscitando en nosotros placeres inabarcables que saboreamos a disgusto, sin llegar a saciar el deseo.
Cuando desarrollamos un mensaje en el vacío, en nuestros receptores unas palabras sordas se asoman a nuestra mente crítica.
Exploramos los conocimientos de una imagen encapsulada en nuestra imaginación, proyectándolas al exterior.
Y, en aparente silencio, surgen ideas interactivas con sinceridad.
Son criaturas que habitan nuestro subconsciente, esculpidas como palabras, que se trasmiten por señas, sobre gestos de humo que, como el viento, las ve alejarse. Comunicamos esta información con creatividad, con intuición hecha color sobre la blanca superficie de un lienzo que, una vez lanzada, ya jamás regresa.
Vibraciones que tienen su propio lenguaje en el vacío que las ve caer, empeñadas en vivir en contra de la ley de la gravedad, sin resistencia, ingrávidas, se van depositando como un naúfrago sobre un mar inofensivo.
Materia expresiva sobre las telas inertes, trasformadas en un profundo manto desnudo, sobre el silencio anónimo de las texturas. Son huellas invisibles que forman mi paisaje.

