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Opinión | Mente sana, empresa sana
Jueves, 25 de Mayo de 2023
Roberto Crobu

Diferencia entre placer y felicidad en el trabajo: serotonízate

 

¿Cómo te has sentido todas las veces que has podido disfrutar de algo fruto de tu esfuerzo?

 

¿Alguna vez renunciaste a algo importante en pro de disfrutar de una tentación más apetecible a corto plazo o con menor esfuerzo?

 

¿Y cómo te sentiste una vez que disfrutaste de esa tentación?

 

¿Qué sensación apareció cuando volviste a pensar a ese algo importante al que renunciaste por ese disfrute?

 

Bueno, en las respuestas a estas cuatro preguntas reside exactamente la diferencia entre placer y felicidad.

 

Robert Lustig es médico neuro-endocrinólogo y profesor emérito de Pediatría de la Universidad de California, San Francisco. Recientemente se ha hecho viral un vídeo en el que explica con mucha claridad cómo en el cerebro se forja la diferencia química entre placer y felicidad.

 

La clave de todo esto reside en dos neurotransmisores: la dopamina y la serotonina.

 

Si quieres saber más sobre cómo funciona la dopamina y sus efectos a la larga en tu productividad, puedes leer mi post anterior: ayunos de dopamina’ para recuperar tu productividad

 

En este post te hablaré del otro neurotransmisor, la serotonina.

 

Lustig afirma que uno de los grandes errores recientes de la ciencia (la política y la economía, añadiría yo), ha sido el confundir la felicidad con el placer. Esa confusión se puede explicar hablando sobre dopamina y serotonina.

 

Lustig afirma que existen 7 diferencias entre placer y felicidad:

 

1. El placer es efímero, la felicidad es una condición estable.

 

2. El placer es visceral, la felicidad es mental.

 

3. El placer se basa en recibir (rinde la persona pasiva), la felicidad en dar (mantiene a la personas activa y creativa).

 

4. El placer se puede obtener con sustancias, la felicidad con propósito.

 

5. El placer es una experiencia individual, la felicidad requiere ser compartida.

 

6. El placer genera tolerancia y adicción, la felicidad plenitud y satisfacción.

 

7. El placer es dopamina en el cerebro, la felicidad es serotonina en el cerebro.

 

La gran mayoría de las personas suelen confundir el placer con felicidad. Esto les condena a una búsqueda constante e incesable de emociones de placer, habitualmente efímeras, de corta duración, y que generan sensación de insatisfacción a largo plazo.

 

La felicidad, sin embargo se puede asemejarse a una sensación de paz, plenitud y satisfacción más estable a largo plazo.

 

El desgaste que a la larga produce la búsqueda del placer puede ser frustrante y desolador. En sentido figurado, buscar la felicidad a través de acciones placenteras puede equivalerse a buscar calentarse las manos bajo el calor de una llama obtenida por encender una cerilla: el calor será rápido y desaparecerá. Lo cual nos llevará a encender más cerillas, unas tras otras. Ese calor será menos satisfactorio y consistente que el calor producido por la llama constante de una vela.

 

Lo mismo nos explica Lustig con la química cerebral: la dopamina tiene la función de activar a otras neuronas. Cuándo hay mucha dopamina en circulación, las neuronas se hiperstimulan.

 

La ciencia demostró con anterioridad que la hiperstimulación de las neuronas acelera su envejecimiento y su muerte: para evitarlo, el cerebro aplica un mecanismo que reduce la cantidad de receptores de dopamina y así evitar su muerte.

 

Reduciendo el número de receptores de dopamina, la persona no puede experimentar tanto placer como antes. Esto le lleva a buscar más estimulación para obtener la misma sensación de placer de antes. Este mecanismo se llama tolerancia.

 

Los efectos de la tolerancia implican que la persona necesitará dosis cada vez más grandes y estimulantes, alterando finalmente su conducta y llevándola cada vez un poco más allá en cantidad, intensidad, o frecuencia.

 

La serotonina no es un estimulador, sino un inhibidor: inhibe los receptores para proporcionar alegría. Es por eso que (dice Lustig) la serotonina no contribuye a la pérdida de neuronas, ni puede generar tolerancia.

 

Actividades que producen serotonina son aquellas que requieren de un esfuerzo para la consecución de un resultado.

 

Las actividades que producen dopamina son aquellas que simplemente estimulan a la persona proporcionándole placer con el menor esfuerzo posible.

 

El problema es que la dopamina inhibe la serotonina. Esto explica que cuándo una persona persigue el placer “barato, fácil, e inmediato”, automáticamente tiende a renunciar a todos los comportamientos que requieren de un esfuerzo para conseguir ese placer.

 

Este fenómeno está produciendo efectos devastadores en la enseñanza y en la productividad laboral: los jóvenes en edad escolar cada vez se acostumbran más a la búsqueda del entretenimiento (dopamina) antes que el aprendizaje (serotonina).

 

El efecto paradójico es sorprendente: las sociedades desarrolladas y acomodadas en “estados de derecho y bienestar”, cómo son las occidentales, tanto en los entornos educativos como organizacionales, las personas optan más por la conveniencia (dopamina) antes que la excelencia (serotonina), mermando las posibilidades de ofrecer un talento a la altura de esas sociedades dónde la no existe la opción de la conveniencia y el único camino es el esfuerzo, muchas veces siquiera compensado.

 

Esto tal vez explique la alta tasa de desazón y depresión psicopatología de las sociedades “más desarrolladas” así como el preocupante incremento de suicidio juvenil, así como la progresiva escasez de talento.

 

Pero esto tiene un precio: cuánto mayor placer persigue una persona, más infeliz se sentirá a la postre.

 

Confundir placer con felicidad puede hacerte creer que está a tu alcance “comprar” la felicidad, cuando sin embargo el único modo de experimentarla es a través de un comportamiento con propósito, cuyo resultado sea la compensación que experimentamos a cambio de realizar un esfuerzo.

 

Comprar o adquirir bienes y sustancias que simplemente producen placer, ancla a una persona (y toda una sociedad) al hedonismo, la infelicidad y a comportamientos en bucle que a la postre les anclan a una condición de mediocridad.

 

¿Tal vez esto explique el festival de promesas electorales bizarras de nuestros políticos en campaña?

 

Roberto Crobu es Psicólogo de Trabajo y Psicólogo Clínico. 

https://www.linkedin.com/in/robertocrobu/

 

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