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ENTRE TÚ Y YO

La vida que llevamos

Javier Estrella Lunes, 05 de Junio de 2023 Tiempo de lectura:

 

Con los tiempos que corren y con el ritmo diario que llevamos habitualmente, no es muy difícil encontrarnos, cada vez más, con pacientes que sufren dolores torácicos.

 

El stress, esa maldita enfermedad que cada vez afecta a mayor número de población. Nos sumergimos en un espiral de responsabilidades de donde no sabemos salir o nos cuesta poder salir. Obligaciones domésticas, preparar comidas, meriendas, cenas, organizar el baño de los más pequeños, ayudarles con los deberes… A eso le debemos añadir las responsabilidades en nuestros puestos de trabajo, horas y más horas en oficinas, en algunos casos echando horas extras y bajo la enorme tensión de evitar un desagradable despido. Recibos bancarios, hipotecas (que cómo están), gastos escolares y demás obligaciones que nos sobrevienen todos los meses.

 

Los que tenemos negocios propios, no nos queda más remedio que echar horas y horas para principalmente ayudar y mantener la fidelidad de nuestros pacientes e ineludiblemente poder afrontar los gastos de fin de mes, que de forma abrumada cada vez son mayores.

 

Qué le vamos a hacer, es la vida que nos ha tocado vivir y por ende empezamos a sufrir una serie de síntomas que, aunque no les damos importancia cada vez se van acentuando más hasta que nos sobreviene el susto irrevocable.

 

Estos síntomas los podemos ver como insomnio, en la cama le damos mil vueltas a la cabeza, pensando en aquello que nos atormenta, siempre recurrimos a “tengo que cambiar de almohada”, como si eso fuera la solución. La caída sistemática de pelo, nos consolamos pensando que la edad va pasando factura, y claro nos compramos champús y lociones capilares para frenar lo inevitable.

 

Dolores cervicales que aparecen inexplicablemente y caemos en las manos de los famosos anti inflamatorios. El tan molesto reflujo gastroesofágico donde nos apresuramos a ingerir almax, gaviscon y demás antiácidos. Incapacidad para expandir la caja torácica, aquí queremos tomar aire y observamos que no podemos, es el turno para broncodilatadores, ventolín… Como no, también hay que nombrar la famosa hipertensión arterial, con picos que se traducen con sensación de mareo e inestabilidad.

 

Y ya, en los casos más avanzados nos encontramos con dolores precordiales irradiados al hombro y al brazo. Aquí ya es cuando nos tomamos en serio esta sensación y acudimos para que nos valoren especialistas. Analíticas y electro cardiogramas nos sobrevienen. Hay que descartar infartos y posibles problemas cardíacos. En la mayoría de los casos todo sale normal, pero en otros no es así, y es cuando el médico nos hace ver lo que nosotros éramos incapaces de ver.

 

En este punto nos mentalizamos de lo sucedido y de todos los avisos que nuestro cuerpo nos daba.

 

Rebajar el ritmo laboral en la medida de lo posible, tomar contacto con el mundo del deporte, del que nunca teníamos que habernos despedido, dieta sana y equilibrada, como no, visitas periódicas a nuestros fisioterapeutas de confianza que nos “pongan todo en su sitio” y practicar algún hobby, sería las recomendaciones que deberíamos tener en cuenta para evitar estos desagradables sustos.

 

No me canso de recordarlo buena semana y sean felices su cuerpo se lo agradecerá de manera muy efusiva.

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