
Como observadora del desarrollo humano me resulta muy simbólico el paralelismo entre la metamorfosis que sufre la mariposa y las fases evolutivas del ser humano.
Desde el punto de vista biológico, la metamorfosis es el proceso por el cual un animal se desarrolla desde su nacimiento hasta la madurez por medio de grandes cambios estructurales y fisiológicos. No sólo hay cambios de tamaño y un aumento del número de células, sino que también hay cambios de diferenciación celular.
Desde el punto de vista psicológico, la metamorfosis es el proceso de desarrollo de nuestro potencial. Desde la observación de nuestras creencias limitantes y nuestros patrones de conducta repetitivos hasta la conciencia plena de que podemos extender nuestras alas y alzar el vuelo.
La oruga, para convertirse en mariposa debió pasar por un proceso doloroso. La oruga permanece dentro de un lugar estrecho, sin poder moverse, ni alimentarse, ni defenderse de sus depredadores a través del cual ocurre un proceso de transformación. Necesita su tiempo para pasar de ser larva a ser mariposa y poder volar. Para volar hacer falta un proceso.
Los seres humanos también atravesamos ciclos vitales. Somos seres tremendamente dependientes y vulnerables al nacer ya que nuestra subsistencia está en manos de otras personas. En esos primeros años, en aras de ser aceptados, tratamos de adaptarnos al entorno en el que nos ha tocado vivir. En esa adaptación hacemos concesiones de nuestro ser. Es decir, hipotecamos partes esenciales de nuestra persona para sentirnos queridos. Esas hipotecas nos pasan factura más adelante cuando queremos volar, cuando queremos tomar decisiones para realizar nuestro propósito de vida. Sin darnos cuenta, nos hemos atascado en esquemas antiguos de los que nos es muy difícil salir. La trampa neurótica se produce cuando repetimos un patrón que en el presente nos impide avanzar pero del cual obtenemos algún tipo de beneficio, como por ejemplo la atención de personas de nuestro entorno.
La psicoterapia ofrece la oportunidad de revisar esos patrones repetitivos y tomar conciencia de las limitaciones y de los beneficios que obtenemos al repetirlos. La psicoterapia es un proceso de transformación, de respeto por lo que somos y de impulso para lo que podemos ser. Uno mismo puede hacer introspección y mirarse pero para confrontarse y orientarse en el camino hace falta el acompañamiento de un profesional. ¿Qué ha ocurrido con el niño o la niña que fuimos? ¿Lo hemos olvidado? ¿Lo tenemos acallado, triste, rabioso? ¿Lo sentimos demandante, frustrado? Reconectar con la niña que fuimos, escucharla y darle su lugar nos permitirá ver el origen de nuestros patrones y las posibilidades de cambio que tenemos.
En la psicoterapia que empleamos el arte el proceso se convierte en una creación transformadora. Así como la vida es un acto de creación, cada uno de nosotros va dibujando su historia. Empleamos diferentes colores, diferentes texturas, a veces nos salen líneas rectas a veces líneas curvas, en ocasiones un manchón, en otros momentos un punto. Somos diferentes y también nos parecemos mucho. Para recuperar nuestra esencia necesitamos revisar nuestra historia, la que vivimos y la que nos contamos. Para vivir en libertad necesitamos ser quienes somos y soltar lo que no somos. En el proceso psicoterapéutico que emplea el arte recuperamos la creatividad que perdimos por adaptarnos a las exigencias del entorno. Dado que todo es dinámico, la propia vida lo es, somos seres susceptibles al cambio. Poseemos la capacidad de soltar esquemas antiguos limitantes y transformar estructuras. Creando creamos nuevas posibilidades. Abramos las alas y confiemos en el proceso.
Soledad Hernando Mendívil
Coordinadora del Grupo de Trabajo de Arteterapia del Colegio Oficial de Psicología de la Región de Murcia

