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Opinión | Mente sana, empresa sana
Jueves, 22 de Junio de 2023
Roberto Crobu

Fallecimientos en el trabajo y protocolos de salud mental

 

Hoy te voy a guiar a que pienses en algo que puede resultarte tanto absurdo cómo incómodo. Te invito a que te dejes llevar por la imaginación, por muy desagradable que pueda resultar de partida…

 

…No te preocupes, todo ello es para provocar alguna reflexión que te prometo al final será más que constructiva y útil.

 

Imagina la posibilidad de que la vayas a palmar en el trabajo.

 

Imagina que tu abogado/a de confianza te invita a tener que dar disposición en la remota posibilidad de que esto suceda, acerca de cuál podría ser la correcta forma de actuar por parte de tus compañeros y jefes.

 

¿Te gustaría que todo el mundo abandonara el puesto de trabajo con tu cadáver todavía caliente?

 

¿Preferirías que las personas siguiesen trabajando?

 

¿Considerarías que eso es un caso suficientemente singular cómo para dejar a cada cual, actuar a su discreción?

 

¿Crees que alguien podría sufrir por la pérdida, o por las circunstancias en las que se diera, o por el hecho extraordinario, hasta el punto de necesitar ayuda psicológica? ¿Darías disposición para que se le ofreciera por parte de la empresa?

 

Que difícil decidir, ¿Verdad?

 

Si esto se nos antoja difícil imaginarlo en fío, imagina entonces lo que puede suponer hacerlo en caliente.

 

Pues, no imagines tanto…

 

¿Sabes que eso puede ocurrir con más frecuencia de lo que uno se imagina?

 

A mi por ejemplo me ocurrió hace año y medio. Obviamente no fui yo la víctima: lamentablemente lo fue un usuario del servicio al lado del mío a quien le dio un infarto fulminante.

 

Y también ocurrió unos días atrás en una empresa de atención telefónica en Madrid, hecho del que se hicieron eco muchos periódicos de tirada local y nacional. Este hecho me sorprendió particularmente, porque la mayoría de los titulares ponían la atención de que “los jefes obligaron a los trabajadores a seguir prestando su servicio”, una vez atendidos todos los auxilios necesarios y certificar la muerte de la víctima, por parte de los especialistas del SAMU que acudieron en el lugar.

 

El artículo también decía que éstos últimos, una vez certificado el fallecimiento, se fueron dejando allí el cadáver.

 

Lo cual hizo preguntarme: ¿Acaso tendrían que haber mandado todos a casa y haber dejado el cadáver caliente a la espera de que el juez procediera al levantamiento? ¿Podrían irse antes de que las autoridades hicieran sus respectivas preguntas e investigaciones pertinentes, preguntando a los testigos y presentes? ¿Es un proceder ético y razonable que el personal de SAMU se fuera y dejara ahí el cadáver y la plantilla de la empresa bajo estado de shock? ¿La empresa no tiene un protocolo que contemple el fallecimiento de una persona en el lugar de trabajo? ¿Sería oportuno que lo tuviera?

 

Me chocó que la mayoría de los artículos ponían la atención sobre un supuesto trato inhumano de los jefes de la empresa: que seguro habrán pasado por muchos cursos y talleres de desarrollo personal, habilidades directivas, coaching, y felicidad en el trabajo tan de moda… No lo sé, puede ser…

 

Me chocó que la mayoría de los artículos ofrecían una única versión, la del sindicato de los trabajadores, con una clara orientación a arremeter en contra de los jefes de esa empresa. Y me doy el beneficio de la duda de hasta qué punto pueda haberse usado este episodio para lavar unos cuantos trapos sucios del pasado, por parte de algunos. No lo sé, puede ser…

 

Ma chocó también que ante este presunto “linchamiento colectivo” ningún artículo se aventurara a dar ideas sobre cómo se tendría que haber actuado.

 

Y desde mi humilde punto de vista, éste es el verdadero problema: muy pocos saben cómo actuar ante esta situación. Y casi nadie sabe en efecto cómo puede reaccionar ante semejante situación, hasta que se vea inmerso en ella de verdad.

 

Casi nadie tiene previsto en su empresa un protocolo de actuación interna y atención psicológica en caso de fallecimientos en el trabajo. Algo que llevo sensibilizando desde hace tiempo en las empresas para que se establezca (y que mi despacho profesional ofrece y provee). Porque uno nunca lo necesita hasta que le sucede: pero cuando le sucede, la inmediatez convierte ya en tardía todo tipo de actuación que no esté preparada con antelación.

 

Y ahora te diré qué es lo que pasa cuando las empresas no tienen un protocolo de salud dental que establezca roles y funciones en casos de alto impacto cómo este: la improvisación, la falta de profesionalidad, el negacionismo o la desesperación dramática, o incluso la mala fe de terceros que están esperando el momento para culpar a alguien de algo, se apoderan de las personas y las situaciones hasta el extremo de causar un dolor y un fuerte trauma psicológico para las personas, la organización y la marca.

 

En este caso, más allá de trágica noticia por la que no se puede hacer otra cosa que acompañar en el sentimiento a las personas cercanas a la víctima, el caso ha derivado en una crisis reputacional de impacto viral para la empresa.

 

¿Cuántos empleados abandonarán esta empresa en los próximos meses? ¿Cuántos clientes dejarán de serlo? ¿Cómo van a afrontar los jefes, este “linchamiento social”? ¿Cuáles van a ser los costes emocionales y económicos?

 

Piénsalo. Apuesta por la profesionalización y la salud mental. Tal vez lo veas a día de hoy como un coste, pero el coste de no hacerlo puede ser mucho mayor el día de mañana.

 

Roberto Crobu es Psicólogo de Trabajo y Psicólogo Clínico. 

https://www.linkedin.com/in/robertocrobu/

 

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