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Opinión |
Lunes, 06 de Noviembre de 2023

Cambio de vida

 

 

Hace unas dos semanas caminando (o cómo ahora se dice, haciendo senderismo) con mi primo Jose Miguel y mi pareja por Sierra Espuña sentí deseos de cambiar mi vida. No es algo que me ocurra aisladamente, de cuando en cuando, en momentos de estrés o de calma, mi mente se deja llevar por ensoñaciones imposibles de una vida alejada del “mundanal ruido” cómo dice Fray Luis de León. 

 

En esos momentos me imagino retirado en cualquier pequeño pueblo viviendo lentamente de cualquier actividad relacionada con el mundo rural, aunque eso sí, con un toque de modernidad. Me refiero a la elaboración de cerveza, vino o incluso queso artesanal, la producción de hortalizas en conservas caseras o la enseñanza de los montes a turistas cansados de las grandes ciudades. ¡Vamos que en esos momentos tengo más vidas que Sabina en su canción “La del pirata cojo”.

 

Obviamente que, en mi caso, se trata de descansos de la mente puesto que cuando despierto vuelvo a la seguridad de la rutina diaria con todas mis obligaciones esperándome. Pero en esos momentos soy feliz imaginándome en una vida nueva cargada de momentos bucólicos y tranquilos. 

 

Ya muy cerca de La Casa Carrasca embargado por la belleza del monte que me rodeaba confesé a mis compañeros de excursión mis sueños de evasión a una nueva vida más sosegada y fue entonces cuando ambos, para mi sorpresa, me hablaron de deseos de escapada muy similares a los míos.

 

[Img #99773]No, no os penséis que fue el origen de un nuevo proyecto en común. Las palabras se quedaron en la montaña pero me hicieron reflexionar sobre si las sociedades occidentales estamos haciendo algo mal en la organización de nuestras vidas individuales. 

 

Cada vez hay más personas, o al menos eso me parece a mí, que se alejan de las ciudades y emprenden una nueva vida en los pueblos cuanto más pequeños mejor. Cada vez hay más gentes cansadas de las exigencias actuales que se alejan del ritmo de las ciudades para refugiarse en la calma de la naturaleza aunque eso sí, el camino inverso aún sigue dejando poblados abandonados.

 

Quizá la sociedad actual nos proporciona comodidades y formas de vida más fáciles, pero para ello hemos tenido que complicar tanto nuestra sociedad que, a veces, nos asfixiamos en ella. 

 

Quizá las facilidades tengan un precio que se cobra a modo de ansiedades, depresiones, infartos, conflictos o desamores. Quizá llegue un momento en que el precio no merezca la pena. 

 

Todo en las ciudades es agitación, todo va muy rápido, probablemente demasiado. Los coches, los transeúntes, los ruidos, la polución todo te invita a escapar y sin embargo, incomprensiblemente, la gran mayoría de nosotros no lo hacemos. 

 

La seguridad de una vida estresada pero controlada nos mantiene en nuestros puestos mendigando momentos fugaces de paz. 

 

A lo mejor la evolución tiene que ser así, compleja y alejada de nuestros orígenes, quizá hayamos encontrado la felicidad sin ni siquiera saberlo porque lejos de volver a lo sencillo nuestras sociedades son cada día más complicadas y artificiales. 

 

Se legisla tanto (y mal) que es imposible conocer todas las reglas que nos imponemos tratando de encontrar una sociedad más feliz. Queremos ser tan perfectos que nos olvidamos de que no lo somos y que se puede pecar por exceso o por defecto. 

 

La duda que me queda es si la vida sencilla también terminaría asfixiándonos como esta compleja, si el ser humano tiene que estar siempre en el camino, sin conformarse en su búsqueda de la felicidad, si tenemos que estar moviéndonos continuamente para seguir buscando una meta que dé sentido a nuestra propia existencia. 

 

Sea como sea, término este artículo y todo seguirá igual, al menos en mi caso. Disfrutaré del domingo que ahora empieza y mañana será lunes…maldito lunes.   

 

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